viernes, 21 de mayo de 2021

3 - Los Arribes del Duero: dos países y dos provincias

Nos levantamos a desayunar en el hotel, para cumplir con su horario como nos habían advertido. Al bajar al salón  (primera vez en interior) nos tenían ya asignada mesa; el desayuno estuvo bien. El dueño del hotel, que es quien nos atendió por la noche y tb ahora , es un hombre charlatán,  que le gusta la conversación. Nos habló de su hijo dedicado a la coctelería, sus proyectos de jubilación, su diseño en forja, sus avances en albañilería con cal, etc.. Bueno, un tipo curioso. Nos enseñó su bodega.

Fermoselle tiene comunicadas gran cantidad de bodegas por debajo de las  casas y en distintos niveles. Los fines de semana hay una visita guiada para recorrer parte del pueblo por los túneles y puertas entre casas, pero era un miércoles y la opción no era posible. Su bodega era curiosa; estaba debajo de la casa, era alta e incluso tenía arcos de medio punto entre las tres secciones que la componían. La última, rezumaba agua por algunas zonas, parece ser, situación natural. El hombre fue muy cordial y finalmente nos indicó dónde comprar vino para llevar, así que esa fue nuestra siguiente parada, en la cooperativa de vino y aceite. Compramos dos cajas de vino variadas para casa, aunque alguna tomaríamos a lo largo de nuestra escapada, en las noches en nuestro hogar móvil. 

Aunque intentamos una pequeña ruta de senderismo al final del puerto de la Cicutina,  antes de cruzar el puente de S. Lorenzo, la cascada estaba seca y la ruta no aportaba gran cosa, así que volvimos a subir el puerto (un poco antipático), para comer en Fermoselle. Lo hicimos en el restaurante Europa, con muy buena crítica y desde mi punto de vista, bien merecida. Estaba todo rico,  con buena atención y muy cuidadosos con las medidas sanitarias en pandemia.  

Tras la comida copiosa y con un día de calor, decidí ir a recorrer el pueblo, disfrutar de su arquitectura y de los miradores que el propio pueblo tiene. Una mujer con ganas de charla me acompañó parte del recorrido y así me fue más fácil llegar a todos los rincones, pues el pueblo es enrevesado entre sus calles y cuestas. El mirador del Torejón y el de los Barrancos fui con ella. También me enseñó la casa donde se había criado su marido cuando era niño. Ella misma se admiraba de las condiciones en las que se ha vivido no hace tanto tiempo atrás. Por supuesto que el mirador del Castillo es el mejor de todos los de la villa. 

Optamos por ver la desembocadura del Torres desde Portugal, a realizr el sendero de las Dos Aguas, en lugar de desde Villarrino de los Aires. Cruzamos y siguiendo las indicaciones de turismo, llegamos a estar frente a este abrazo de aguas. El Tormes no llevaba mucha agua y el Duero, con tanta presa, tenía reducido su caudal. Dicen que esto puede cambiar en minutos: se oye una sirena y el agua empieza a subir. Me encantaría ver esto; lo he visto en vídeos, pero tiene que ser impresionante ver esa fuerza del agua, esa inundación del cauce y ver llegar esa lengua de agua tan poderosa. No fue el caso, me di un baño de pies y esa satisfacción sí la tuve. 

Nos adentramos más con la furgoneta y luego caminando para ver esta ladera y el cauce desde el país vecino. Fue un rato largo y agradable que tuvo su retorno a Villarino de los Aires, ya en España, donde un parking de autocaravanas nos esperaba. Estaba bien puesto y con todos los servicios a excepción de luz. Allí pasamos una noche muy tranquila; ninguna otra autocaravana nos acompañó. 

En Villarino amanecimos y fuimos a la oficina de turismo donde una mujer nos explicó con todo detalle lo importante del pueblo: nos dio la LLAVE del horno y nos recomendó el mirador de la Faya. Hicimos una pequeña compra en el pueblo, realizamos el pequeño itinerario que nos recomendó con tanto entusiasmo; el horno, desde luego es curioso: grande y se mantiene como curiosidad etnográfica que merece la pena visitar;  el mirador, una vez en el pueblo y con tan fácil y rápido acceso, merece la pena acercarse. El pueblo tiene diseñada un pequeña ruta con 9 puntos a visitar, aunque nosotros vimos estos dos y la casa tradicional. También nos contestó a algunas preguntas como la razón de esos poyetes de piedra la altura del primer piso o vasijas de cristal en lo alto de la chimenea. Parece que para secar los embutidos se colgaban en esos poyetes y para ahuyentar hechizos y embrujos los habitantes colocaban esas vasijas. ¡Cosas de la tradición!

Esta misma mujer de turismo nos dijo que  el Pozo de los Humos tenía dos perspectivas desde dos pueblos distintos: Pereña de la Ribera y Masueco. El primero ofrecía una panorámica frontal de la caída del agua, ideal para épocas de pocas lluvias y el segundo que te llevaba caminando hasta una plataforma construida encima de la cascada, recomendable principalmente para momentos de lluvia. Elegimos la primera opción y yo creo que acertadamente: era primavera, había llovido, pero el río Uces y su caída de agua es estacional y desde el mirador de Pereña se veía su caída expcepional, que no era abundante en agua, pero se veía completa. La otra opción, la de Masueco, debe ser la más conocida y visitada, pero nosotros nos conformamos con esta vista. No obstante, ampliando alguna de las fotos, veréis la plataforma desde la que se avista la caída. 

Nos dirigimos ya hacia Aldeadávila, seguimos bajando por la provincia de Salamanca. Allí teníamos varios miradores desde los que avistar el Duero, pero antes disfrutamos de nuestra comida casera en un merendero, y ya inicio del primero de los miradores, de Picón de Felipe. Éste es uno de los indispensables y no nos defraudó. Una pequeña caminata para llegar allí y disfrutar de los cortados y caídas verticales para contemplar el río y la presa de Aldeadávila. Es increíble la estación hidroeléctrica que hay continuamente a lo largo de todo el Duero; ésta es enorme, con varias subestaciones. El otro mirador recomendado es el del Fraile, pero en estos momentos están en obras y fuimos el día siguiente al salto de Aldeadávila, pero esto lo cuento ya en la siguiente entrada, puesto que lo hicimos al día siguiente. 

El parking de autocaravanas donde dormimos era un AC, que estaba muy bien, con árboles y servicios.Es un área de un albergue.  Esta vez, sí tuvimos dos vecinos.  Las imágenes añaden información a lo comentado y por ello propongo ver un vídeo corto y unas cuantas fotos. 



Desembocadura del Tomes, visto desde Portugal



Mirador de Picón de Felipe- Aldeadávila



Mirador de Picón de Felipe - Aldeadávila



Pozo de los Humos, desde Pereña de la Ribera




Mirador del Castillo - Fermoselle 

 

Horno de Villarino de los Aires









Vuelta por el sendero de Picón de Felipe



lunes, 17 de mayo de 2021

1- Comenzando la escapada por los ARRIBES

Después de algunos retrasos ( primero mi talón de Aquiles, luego el tiempo y después los remates finales de la furgo) partimos hacia los Arribes del Duero, con ganas atrasadas de patear, disfrutar y percibir con todos los sentidos. En plena primavera, después de lluvias y con buen tiempo, parece que la ocasión será única. 

Partimos tarde, así que visitamos Toro, el Salto de Villalcampo y llegada a la playa fluvial de Ricobayo donde pasar la noche en un parking de autocaravanas a la orilla del río.

La visita a Toro ha sido espontánea; no estabas en los planes, pero al pasar por allí decidimos comer y visitar la ciudad. Comimos en un área recreativa y allí cerca está el puente medieval. Qué curioso cómo quiebra el Duero allí. El puente está construido en paralelo al cauce, que gira 90° para pasar bajo sus ojos. Lo veréis en una foto desde lo alto del castillo. Visitamos la Colegiata, pero no completa pues estaban los bomberos alertados por el humo de un cortacircuitos. Pudimos ver la Portada de la Majestad, S. XIII esculpida en piedra y con su policromía original. Fue una suerte que nos diera tiempo a ver esta parte, antes de que nos echarán. ¡Una maravilla!  Continuamos la visita por el paseo - mirador que lleva hasta el castillo. Queda poco de él, los muros exteriores reconstruidos, pero su historia no ha desaparecido, pues ha sido testigo de grandes acontecimientos. Vimos el Verraco Celtíbero, la Puerta Corredera. La ciudad cuenta con un casco interesante; palacios, casas civiles antiguas, irregulares soportales, .... Un conjunto muy interesante. Fue una visita corta, pero muy aprovechada y nos sorprendió muy gratamente, aunque le falten arreglos y rehabilitaciones por muchos rincones. 

Por lo demás, llegando ya a los Arribes, contar la magnificencia del campo. Flores amarillas, densas, tupidas, moradas entre las vides, encinas en flor, verde por todos los lados. Al pasear, el olor de las acacias en flor se suma al panorama y dispara todas las sensaciones. Un placer que, espero, no haya hecho más que empezar.

Comenzamos un nuevo cía con una ruta para ver la Cascada de Abelón. Llegamos en coche siguiendo la pista hasta el final y desde ahí bajamos siguiendo el sendero. Primero el de la izquierda, para llegar a la cascada. Después, el del mirador de La Poyata y la roca de la Cascada. Disfrutamos de lo que llaman cortinas ( pequeñas fincas calladas en piedra para que paste el ganado), pero sobre todo, de cómo está el campo. Y eso que el día ventoso y nublado no nos ha acompañado mucho.  Los restos de antiguas edificaciones, sobre todo molinos, no deja de sorprender.

Ya tarde, sobre las 14:30, fuimos hacia Villadepera, dónde disfrutamos desde la caravana, del puente del Requejo. Allí nos tomamos pollo en pepitoria, mientras el puente y desde el Mirador del Pino, como se conoce, nos ofrecía su encanto. No hay apenas gente, así que las rutas y las vistas son especiales. 

Fuimos a Miranda para acabar el día. Era domingo por la tarde, recién abiertos tras la pandemia y estaba el pueblo vacío. Eran las siete de la tarde y nos encontramos a muy pocas personas paseando. Todo estaba cerrado. El casco antiguo tiene mucho encanto, es amplio y muy agradable de recorrer, pero impresiona verlo tan vacío. La zona nueva estaba desértica también. Pronto nos fuimos a la furgo; la noche la pasaríamos en el camping. Éste está genial, muy cuidado, bien puesto, con todos los servicios.... Allí elegimos sitio y pasamos la noche y la mañana siguiente holgazaneando un poco, tomándonos la mañana con calma. 


Puente del Requejo (desde la furgo)

Campo florido

Abelón - zona de molinos

Abelón - molinos

Toro




Vista del puente de Toro desde lo alto

miércoles, 7 de abril de 2021

LAS MERINDADES

 Aunque en parte fue el azar el que nos llevó a finales de marzo a las Merindades, fue una gran suerte encontrarlas, descubrirlas, pasearlas y, sobre todo, disfrutarlas. 

Lugares que fuimos visitando y descubriendo: paseo de la cascada de las Pisas en el valle de Valdebezana, Puentedey, Cascada de Mea en Quintanilla de Valdebodres, Ojo Guareña, ruinas del Monasterio de Rioseco, Medina de Pomar, Cascada de Pedrosa de Tobalina,  desfiladero del Purón ( en Herrán con las ermits de San toque y Felices), Frías (ciudad monumental, puente medieval y mirador del Peñasco), Tobera (paseo por el rio Molinar y cascadas) y Oña. 

En las Merindades sorprende la abundancia de agua, pues son muchos los ríos que riegan la zona, entre los que se encuentra el Ebro, y que van creando distintos paisajes, cascadas y valles. Esto fue una de las sorpresas de la escapada. 

Fue Santelices el lugar donde encontramos aparcamiento para autocaravanas. Era privado, pero estaba aislado y un sitio muy bueno (6 € la noche y te ofrece agua, luz, desagües y zona tranquila). Desde allí partimos para visitar:

* Cascada de las Pisas, cuyo camino comienza en el pueblecito de San Cibrián. Allí, bajando desde la pequeña iglesia se siguen las indicaciones y durante un corto recorrido de 1,5 Km por un bosque con hayas, se llega a la cascada. La cascada a finales de marzo de 2020 no surtía agua desde la parte alta, como parece que lo puede hacer en momentos de deshielo. Sin embargo, surgía un gran broncho de agua de entre dos grandes losas que surtía bien al río Nela algo más abajo. El pueblecito de partida y llegada es bonito puesto que el entorno es verde, rural, sencillo y coqueto. Nos perdimos y antes de coger el camino, cogimos otro sendero que nos llevó hasta Villabáscones. Tuvimos que volver y elegir bien el sendero. ¡Por no leer los carteles! Fue bonito también. 

* Puentedey es un pueblecito construído sobre un puente natural de piedra horadado por el río Nela, lo que le hace muy coqueto y muy fotogénico. Es uno de esos puntos que no te puedes perder. La llegada al pueblo desde Santelices o la cascada de las Pisas es muy llamativa, así como pasear por debajo y arriba del arco natural. Desde el mirador no se aprecia bien el arco, pero sí el valle en su conjunto. 

* Cascada de Mea. Desde Puentedey hacia Quintanilla Valdebodres, en la misma carretera, hay un pequeño parking para 4 o 5 coches y un cartel indicador de la cascada. Son 200m desde ahí, por un sendero muy asequible. Aunque la cascada no echaba en ese momento gran cantidad de agua, se podía uno acercar y el viento hacía que la fina lluvia que caía del salto te mojara. Doy prueba de ello porque para hacerme una foto, acabé con el pelo y la chaqueta bien mojados. 

* Ojo Guareña es la "niña bonita de la zona". Y con razón, uno no se lo puede perder si está por la zona. Es un complejo kárstico de los más importantes de España e incluso, al parecer, del mundo.A finales de marzo y en plena pandemia, estaba cerrado y la Cueva Palomera no eran visitable.  Aún así, merece la pena acercarse, bajar a la ermita de San Bernabé, disfrutar del entorno y hacerse unas fotos. También desde ahí se puede hacer una ruta hacia el sumidero del Rio Guareña. El camino sale desde la ermita de San Bernabé haciendo todo el descenso o bien se puede coger otro sendero, en este caso mucho más llano, que sale desde la carretera, ya abajo, llegando a Cuevas. 

Desde el aparcamiento de Ojo Guareña nos sorprendió la salida de una luna llena, amarilla, grande que invitaba a quedarse allí a dormir y a disfrutar de su compañía. Eso hicimos desde la furgoneta hasta que ya hipnotizados por el ambiente decidimos volver al parking de autocaravanas de Santelices a dormir.



Quedan muchas cosas que visitar, muchos pequeños descubrimiento por hacer. La zona da mucho de sí y hoy no va a desmerecer el día de ayer.

* Ruinas del Monasterio de Rioseco, a 30 im aproximadamente de Santelices. A orillas del río Ebro aparece este monasterio que ahora se está intentando recuperar con el esfuerzo de voluntarios. Aunque está desvencijado por el paso del tiempo y por los continuos expolios, se puede visitar y hacerse una idea de la importancia y tamaño del monasterio. Queda la base, la estructura general, la estructura y columnata de la iglesia y del claustro. Creo que sí merece la pena una parada y hacerse una idea de lo que fue su pasado.

* Medina de Pomar es una villa histórica con un gran castillo, el Alcázar de los Condestables del S. XIV, que es muy visible. Tiene una plaza muy coqueta, aportalada y ajardinada con la Casa Consistorial y un casco histórico paseable y agradable de recorrer. Estaba repleto de cuadros realizados por artistas de la zona, que estaban expuestos a lo largo de las calles, bajo soportales o balcones y fue curioso verlos. Se notaba participación de los ciudadanos y un ayuntamiento promovedor de la cultura. 

* Pedrosa de Tobalina está a 25 Km. El pueblo es regado por el río Jerea que pasa por la mitad, generando además una cascada que es lo que merece la pena. Es larga, amplia y visible desde un pequeño mirador que ha puesto el ayuntamiento. Se puede realizar un corto paseo desde éste, por la orilla del río, cruzándolo más adelante y llegando a la otra orilla. Algunos jóvenes más audaces se atrevieron a pasar por la parte alta de la cascada, saltando entre piedras, pero sin poder atraversar a la orilla contraria; corría demasiada agua . 

* Continuando por la BU 532, llegamos el desfiladero del rio Purón. Aunque en algunos lugares aparece, hay muy poca información sobre él y pasa desapercibido. Se inicia el sendero a las afueras del Herrán y son 7,5 Km de recorrido; comienza en CyL, pero pronto pasa al País Vasco.En el primer km del desfiladero te encuentras con la ermita de San Roque y Felices, a la que se puede acceder. El paraje va cambiando, tanto el tipo de bosque como el suelo. Las formaciones geológicas que forman el cañón y la roca caliza que acompaña al río hacen que sea una ruta llena de variaciones. Atravesamos bosque de ribera, de hayas, de pinos; suelo pedregoso, calizo, arenoso de pinar, con olores también variados. Durante todo el recorrido el río va  estrechándose entre rocas, creando grandes losas calizas en las aguas, creando cascadas de manera que siempre caminas a su lado, terminando el recorrido en una gran pradera, que la conocen por la campa ya cerca a la siguiente población. Fue un descubrimiento precioso y disfrutamos muchísimo de la ruta. Aunque era Semana Santa, con la pandemia había muy poca gente. Nos encontramos con dos grupos de personas únicamente en todo el recorrido. 

* Llegada a Frías al parque de autocaravanas que está en la parte baja del pueblo. Pero antes de proseguir con nuestras sensaciones dejo un vídeo corto del día. 


Frías no necesita presentación. Cualquier blog,web o información que se consulte da amplias referencias de esta ciudad medieval levantada sobre un cerro y rodeada del río Ebro. Desde lejos se contempla ya la figura de la única torre en pie del castillo y la iglesia de San Vicente, también en lo alto. El castillo es visitable y es bonito entrar al patio de armas, recorrer el adarve y subir a la torre. Se tiene una perspectiva no solo de la ciudad de Frías, sino de toda la vega del Ebro y de la amplitud del territorio. La iglesia de San Vicente está construida con tolba y, como nos dijo el hombre que estaba a la entrada, de gran calidad puesto que se endurece con el tiempo. La reconstrucción que se hizo de la fachada principal a comienzo del s. XX no fue muy acertada. Este hombre, que era el encargado de la entrada, había sido cantero de profesión y tenía dentro del templo varias maquetas de diferentes zonas de la ciudad, entre ellas las casas colgantes con el paseo de acceso. Estaba muy orgulloso de su obra; nos contó que había picado toda la iglesia en su interior para quitarle la capa de cal dada y mostrar la tolba de construcción. Fue una conversación provechosa y placentera pues nosotros aprendimos y el cantero nos mostró sus habilidades y conocimientos y el orgullo de su ciudad. 

Pasear por el casco histórico de Frías es trasladarse a otra época. Las características casas de varias alturas, adosadas unas a otras formando una hilera y mostrando sus estrechas fachadas de piedra de toba y madera. Algunas de estas casas cuelgan de la roca, de ahí su nombre. En un solar en el casco pudimos entender el modo de construcción usado. 

En la parte baja, se encuentra el Puente medieval con su característica torre construida para controlar el paso y cobrar el impuesto de portazgo. Parece mentira que todavía se encuentre ahí y podamos pasear y admirar su construcción, siglos después. En los alrededores una zona verde nos ofreció un pequeño área recreativa  donde pudimos comer contemplando el puente y la ciudad. 

* Tobera, es un pequeño núcleo que se encuentra a 2 Km de Frías por el que pasa el río Molinar, creando una estrecha garganta y formando varios saltos. El paseo de las cascadas, las ermitas de Santa maría de la Hoz y del Santo Cristo, así como el puente medieval de un solo arco, merece la pena realizarlo tranquilamente y disfrutarlo. Está muy bien indicado y ofrece varios miradores desde donde disfrutar de las cascadas. Si se quiere caminar más, el camino entre Frías y Tobera también se puede realizar por senderos en lugar de en coche y por carretera, si se tiene tiempo y ganas para ello.


* Nuestro día finaliza en Oña en otro parking de autocaravanas en pleno centro de la villa, lo que es de agradecer.  Pero antes de llegar hicimos el desfiladero de la Oca en coche. Está preparado para hacerlo desde Oña por un sendero muy bonito de 1,6 Km, pero muy cercano a la carretera nacional y, por tanto, con ruido de tráfico por lo que decidimos hacerlo en coche y luego ya caminar sobre la vía verde que aparece y desdibuja con frecuencia, llegando hasta un túnel  largo que hizo que diéramos la vuelta hacia el coche, ya para sí acabar el día en Oña. Sería el día siguiente cuando visitáramos el pueblo. 

Oña es otra localidad con mucha historia que contar. Su casco con casas blasonadas y el Monasterio de San Salvador son la atracción fundamental. La visita al monasterio es imprescindible en la parada de Oña, la iglesia, el claustro merecen la pena un tiempo tranquilo para admirar la construcción y entender las explicaciones que el QR descargado te va dando.  Nuestra visita fue mucho más rápida de lo que hubiésemos querido, pero teníamos que estar en Segovia a la hora de comer y teníamos bastantes kilómetros por delante.

Claustro de la Iglesia de S, Salvador


Aquí termina nuestro viaje a las Merdindades, dejándonos varias cosas en el tintero que harán que volvamos nuevamente. Pendiente han quedado el valle de Zamanzas con el desfiladero de los Tornos, el valle de Manzanedo con sus miradores y el eremitorio de Arges y el valle de Valdivieso, con el desfiladero de Hocinos. Espinosa de los Monteros también merece una visita que no pudimos realizar. El eremitorio de Presillas de Bricia parece curioso; templos románicos repartidos por toda la comarca; el conjunto arqueológico de la Horadada; la zona de Covanera con el Pozo Azul o el mirador y cascada de Tubilla de Agua también estaba en la intención su visita, que se nos alejó del recorrido; la cueva de los Portugueses la tenía anotada, aunque no entró en nuestro recorrido tampoco; el valle de Mena debe ser precioso, aunque ya algo más alejado. Todo esto y el recuerdo de lo ya visitado, harán seguro otro viaje en un futuro no muy lejano. 


¡Un placer compartir los viajes!




lunes, 4 de enero de 2021

MATARRAÑAS EN FURGO-VAN. Octubre21

 Aprovechando que el lunes 25 de octubre es fiesta local, pude pedir el viernes 23 y juntar cuatro días para alquilar una furgoVan e ir a conocer Matarrañas. La furgoneta era una FIAT  DUCATO y la camperización es E-VAN K2

Lo primero fue conocer el funcionamiento de la furgoneta, cómo funcionan todas sus posibilidades, sus escondites, sus mecanismos de carga y descarga de aguas, calefacción, baterías, etc..... Todo ello, nuevo para nosotros. Cargada ya con nuestras cosas, emprendemos viaje a Matarrañas. Nuestra primera noche sería en Valderrobres. Llevábamos una aplicación de parkings para autocaravanas y ese destino nos pareció bien para nuestro recorrido.



Atravesar la provincia de Guadalajara fue una delicia, pues el campo estaba precioso, muy otoñado, con mucho colorido, así que buscamos un sitio donde poder comer con buenas vistas desde nuestro pequeño y nuevo hogar. Por la ventanita del "salón - comedor" disfrutamos de un robledal precioso en un lugar tranquilo. 

El trayecto es largo, así que pronto continuamos. Paramos en Molina de Aragón y más adelante nos encontramos con un pueblo que se llama Martin del Río, lo que nos hizo gracia y allí paramos a hacer unas fotos al cartel de entrada del pueblo. Se iba haciendo de noche; era seguro que llegaríamos sin luz a nuestro destino. Con esta perspectiva, decidimos conocer Alcañiz, ya que, aunque de noche, era pronto y podíamos dar una vuelta por el pueblo, hacer una visita rápida. Nuestra primera búsqueda de aparcamiento para un vehículo grande. Entramos en la ciudad, tardamos un poco en callejear y encontrar un sitio adecuado; conseguido esto, nos dispusimos a dar un paseo. La plaza mayor es el primer lugar a visitar con la preciosa lonja gótica del S. XV,  la Casa Consistorial renacentista y la Excolegiata de Santa María la Mayor. Dimos un paseo por los alrededores, rodeamos la excolegiata y callejeamos por el casco histórico, que es también muy agradable. Allí, en una terraza, puesto que con  el coronavirus no queríamos entrar en interiores (Aragón tenía muchísimos casos en esos momentos), tomamos un chato en uno de sus bares abiertos. 

Plaza de Alcañiz

Castillo de Alcañiz



Ya de noche, pero no tarde, pues serían alrededor de las ocho llegamos a Valderrobres. En el parking, muy céntrico, con vistas al río Matarrañas, había unas cuantas autocaravanas. También era el parking del pueblo. Encontramos un sitio y allí aparcamos dispuestos a pasar la noche, no sin antes dar un paseo por el pueblo. Pudimos tomar un chato en una terraza, caminar un ratito por las calles del pueblo, pero cenamos en nuestra furgoneta, ya que veníamos provistos de alimentos para estos cuatro días. 

El día siguiente lo empleamos en hacer la ruta del Parrizal, para la que ya habíamos reservado entrada al parking, requisito previo obligatorio. Pertenece al término municipal de Beceite. Se llega al parking tras 6 km de camino rural asfaltado, estrechísimo. Tras los controles de verificación de ticket, se aparca y desde allí se empieza la ruta. Al comienzo se pueden intuir  unas pinturas rupestres, conveniente señalizadas; después ya comenzamos el recorrido por el río Matarrañas. La ruta es de 6 km ida y vuelta y finaliza en un estrechamiento de la garganta que no es ya transitable porque el río lo impide. Sólo los más osados (como lo fue un muchacho al que vimos llegar al final) pueden hacer ese final, que es de escasos metros. Pero hasta ahí, el camino es una preciosidad. Se va remontando el río por senderos y pasarelas de madera que sortean el agua. Está muy bien preparado y es un cañón que merece la pena hacer por lo bonito del lugar. La vegetación es fundamentalmente mediterránea con pino y encina. 
Tras el paseo, comimos ya tarde en la furgo y continuamos el día conociendo Beceite, que merece la pena. 

Beceite es uno de los pueblos que hay que visitar y en eso ocupamos la tarde. La plaza de la Constitución, el Ayuntamiento, la Lonja, la antigua Cárcel todo ello con sillería, no se pueden dejar de ver. El puente de piedra de un solo ojo, del S. XV - XVI, los molinos de papel, la iglesia, la ermita, etc...muestran la importancia histórica de la zona. La villa bien merece una tarde para pasearla, sentirla y disfrutarla. 
Terminamos la visita y fuimos al mismo aparcamiento de la noche anterior a dormir, desde donde se disfruta de Valderrobres iluminado y el reflejo de los edificios en el río. 

Ya llega el domingo y antes de partir, decidimos dar un paseo por Valderrobres de día; todos los días lo habíamos hecho de noche. Esta villa figura entre los pueblos más bonitos de España. Tiene una larga historia y paseando por ella se percibe claramente que tuvo una larga época de esplendor que queda plasmada en toda la edificación. 
En la parte alta está el castillo, todo él de piedra. En este momento no estaba abierto al público. Junto al castillo, la iglesia, dominando ambos todo el valle. Abajo, cruzando el río y pasando el arco de entrada, uno se encuentra con el Consistorio, edificio del S.XVI, de gran belleza. El casco urbano está muy bien cuidado y es un placer pasear por él. La entrada por el puente de piedra y el arco de entrada ya te dan una agradable y sólida bienvenida. Callejear a derecha o izquierda, hacia arriba y vuelta abajo, te da idea del poderío que debió de tener siglos atrás. Antes de irnos compramos aceite y vino de la comarca, que ha sido y es parte de su economía. 

Esta misma sensación de esplendor se tiene al visitar los demás pueblos que recorrimos esa tarde. Primero La Fresneda y después Calaceite.  Todos ellos tienen una construcción similar de piedra y no solo de grandes edificios, también de todas las casas y calles. Uno se queda sorprendido del estado de los pueblos en su conjunto al recorrer el trazado de los mismos. 
La plaza mayor de la Fresneda es un conjunto muy armónico, de estilo gótico - renacentista. La calle mayor porticada desemboca en la plaza y es una maravilla sentarse en una terraza de la plaza como pudimos hacer nosotros. Allí, en un día precioso de otoño tomamos una cerveza con una ración de patatas bravas que pedimos y que nos invitó a pedir otra segunda ración, esta vez, de croquetas. El día era estupendo y después de subir hasta las ruinas de la ermita, esta comida nos supo a gloria.  

Proseguimos a Calaceite, que es otro de los "grandes" que no se puede dejar de visitar. Calaceite nos sorprendió no solo por el tamaño del pueblo y de la cantidad de casas y patrimonio bien conservado, sino porque estaba solitario. Algún rastro había de que en el fin de semana había habido gente, pero en ese momento, domingo por la tarde, en plena pandemia de COVID, todo el mundo se había ido y el pueblo estaba absolutamente vacío. Paseamos solos, alguna otra pareja nos encontramos y solo una pequeña terraza estaba abierta al principio de la tarde. Parece que la zona de más vida de bares, está abajo, en la carretera y no en el casco histórico, pero aún así, no había apenas movimiento.
Como en los otros pueblos se ve la magnificencia de: el ayuntamiento, la plaza de España irregular y con soportales, la iglesia parroquial de gran tamaño o los portales de entrada al casco histórico. El casco histórico es el más sorprendente de los pueblos que hemos visitado. Las calles Maella o Mayor muestran casas, palacios, escudos, balcones, portales... todo ello con una uniformidad de construcción en piedra que hace una delicia el paseo por el entramado histórico. 

Nos ha sorprendido muy gratamente la comarca de Matarrañas. Bien merecido tiene el sobrenombre de la Toscana Española. Muchos pueblos con mucha historia, que son conjunto histórico artístico, en un entorno muy mediterráneo, con gran influencia catalana y valenciana por su proximidad. Una economía que muestra su tradición en el olivo y, claro, en el aceite. Toda la comarca tiene mucho cultivo de olivos y algunos de sus pueblos monumentos relativos a la extracción del aceite. El nombre de algunos de sus pueblos dan también fe de ello. 

Quedándonos una hora de luz y mucho recorrido por delante, emprendimos el regreso a Segovia, haciendo noche en el camino. Fue en Utrillas, donde había un parque temático de minería curioso, dedicado a su pasado. Después de desayunar y preparar la furgoneta para devolverla en las condiciones requeridas, emprendimos el regreso a Segovia, donde llegamos a las 6 de la tarde, resolvimos todo el papeleo, recogimos nuestro coche y llegamos a casa. 














martes, 29 de diciembre de 2020

LOS ANCARES Y LAS MÉDULAS - Octubre 2020

 Esta es la primera escapada del otoño.  Aprovechamos que el viernes 9 de octubre era día no lectivo por corresponder al día del profesor. Como el 12 era lunes, juntamos cuatro días para salir a recorrer los Ancares lucenses y leoneses. 

El  primer día, 9 de octubre salimos tarde de Segovia, llegando a comer a Piedrafita del Cebreiro. El pueblo estaba con bastante  poca actividad.  En el ayuntamiento conseguí algo de información sobre rutas para realizar por la zona. Comimos en el pueblo y antes de seguir pasé por el centro de salud, pues tenía molestias que no quería me impidieran disfrutar del puente.  Me atendieron rapidísimo, muy amables, me recetaron un antibiótico de únicamente dos tomas, lo que resultó además de efectivo, muy cómodo. Tras comprar el medicamento en la farmacia del pueblo seguimos la ruta  fuimos a As Nogais (Nogales). Buscamos hotel por Internet y decidimos ir al Hotel Urogallo. Tuvimos suerte, aunque estaba aislado, con un acceso algo rebuscado, había habitación disponible y el lugar era idílico: verde, mirando al valle, en la mitad del monte, con jardín y terraza,etc.  Como único inconveniente, pasaba cerca y uno de los altísimos viaductos de la A6, aunque no se oía, ni el hotel estaba orientado hacia ella. Allí nos dieron libros e información sobre la zona y decidimos estar en el salón - bar y estudiar la zona. Nos hicieron un sandwich y al día siguiente nos ofrecieron un desayuno muy bien atendido, completo y bueno. Todo ello por un precio muy aceptable, 55€ por todo. 

El sábado 10 de octubre tras el buen desayuno, nos pusimos en marcha, ya con el recorrido claro y con hotel cogido. Al ser puente y tener la zona poca oferta, no encontramos hotel en la parte de Lugo, así que lo tuvimos que coger en Vega de Espinareda, ya en la zona de León. Comenzamos divisando la torre Doncos en los alrededores de As Nogais. Las fotos hablan de ella, así como del  Convento de Penamaior  que fuimos a ver. Se trata de un monasterio de estilo románico de la segunda mitad del siglo XII, catalogado como Bien de Interés Cultural, con un entorno de protección que comprende la iglesia, los restos del antiguo molino, el cementerio y la fragua.  Una ubicación espectacular que merece la pena el desvío para su visita. Proseguimos el camino hasta Proba do navia. 

Recorrrimos el  pueblo, hicimos fotos en su famoso puente y  comimos en la pulpería A Ecola, ¡Genial! De camino, paramos en Piornedo primero y Candín después, para llegar a dormir en Vega de Espinareda. Piornedo destaca por sus payozas tradicionales y su localización; tiene unas vistas espectaculares y también un viento..... grandioso!

El tercer  día: visitamos Vega de Espinareda con visita al Monasterio de San Andrés, ruta de dos horas i+v,  por el camino hacia San Vicente (pueblo abandonado en rehabilitación), siguiendo el río Cúa. La ruta fue tranquila, solo nos encontramos con cazadores, todo siguiendo el río Cúa. ¡Hasta curioso tiene el nombre!  La sorpresa fue el pueblecito final, San Vicente. Un Pueblo auténtico, con mucha construcción civil antigua, casas, aleros grandes, vigas de madera, entramado estrecho..... Había mucho recuperado y mucho otro en ruinas. Subimos hasta la iglesia y desde allí hicimos muchas fotos. Llegamos de vuelta ya tarde, pensando en comer y la sorpresa fue que nos encontramos el coche con un buen pinchazo. El kit de reparación era una novedad para nosotros, inflamos la rueda y fuimos a buscar un taller, que a las las tres y media de la tarde de un domingo nos diera una solución. Y.... ¡tuvimos suerte!, el pinchazo era irreparable, pero pudimos cambiar las dos ruedas delanteras y seguir el viaje. En el mismo hotel donde habíamos hecho noche pudimos comer algo, a pesar de la hora y proseguir el viaje hasta Villafranca del Bierzo donde íbamos dormir. 

Nos levantamos con día precioso en Villafranca del Bierzo, compramos varios kilos de castañas en el mismo hotel (repartiríamos entre amigos) y fuimos a visitar el pueblo antes de proseguir la visita a Las Médulas. Villafranca es un pueblo precioso, con muchas cosas que ver, desde el castillo, palacios, iglesias, etc...  Pateamos bien el pueblo, le dedicamos toda la mañana y lo disfrutamos mucho. Compramos pan y embutido para hacer picnic ya en las Médulas.

El paraje de las Médulas es fantástico. Habíamos visto fotos, ¡claro!, y sabíamos cómo era, pero aún así, nos sorprendió el tamaño de la mina, su historia, los enclaves de los distintos lavaderos, los distintos recorridos a realizar. Elegimos un "atajo", el camino de Reirigo, que lejos de acortar nos llevó por todas las crestas, divisando desde arriba todo el Parque. Precioso el trayecto, pero duro con subidas y bajadas, vimos cuevas, senderos estrechos, ..... disfrutamos aunque al final, teníamos ya ganas de llegar al mirador principal, el Mirador de Orellana y emprender el regreso. Lo conseguimos, nos encantó y las fotos hablan por sí mismas. 

Ya con la noche encima, volvimos a casa, a casi 4 horas de distancia.


Torre Doncos


Convento de Penamaior

A Prova do Navia


Ancares Lucenses

Piornedo

Paseo por Candín


Monasterio San Andrés (Vega Espinareda)

Monasterio San Andrés (Vega Espinareda)


San Vicente


Ruta por el río Cúa

Villafranca del Bierzo

Villafranca del Bierzo

Puerta del Perdón (Villafranca del Bierzo)


Las Médulas

Itinerarios de la Médulas

Las Médulas

Las Médulas en su entorno

viernes, 16 de octubre de 2020

Granada en septiembre 2020

 GRANADA

Cualquier momento es bueno para ir y visitar Granada, pero si ese momento es fuera de temporada alta y con buena compañía, la visita mejora notablemente. 

Ese fue nuestro caso. Viajamos Luis y yo, recogiendo a Mónica y su perrillo en Madrid, un jueves 10 de septiembre, llegando a comer a la ciudad. En 4 horas desde la capital llegamos a Granada. Fueron solo cuatro días; el domingo volvimos, pero fueron suficientes para patear, conocer, visitar, tapear, et.....

Nos alojamos en casa de Mónica. Tenía todavía la casa sin personalizar. A pesar de llevar unos meses en Granada, las estancias de investigación en Madrid, le han hecho aplazar la colocación de todas las cajas con enseres y la decoración. Cuento esto con detalle porque fue una parte importante del viaje. Ella estaba abierta a ideas y cuando algunas de las que le dimos, le gustaron, lo grabó en "su disco duro" y..... SORPRESA..... siete días después, esto es, el domingo siguiente, nos manda unas fotos de su pasillo completamente renovado: pintura, estanterías, libros y colocación de objetos. Nos quedamos anonadados. Mónica es así, siempre sorprende.

Vamos a la ciudad. 

Recorrimos el Albaicín en días distintos. Vimos sus plazas, rincones, calles, bares, terrazas. ¡Cuánto encanto tiene este barrio! Además, no estaba abarrotado. Se podía elegir dónde parar, el sitio para tomar una cerveza, no había aglomeraciones. De hecho, había locales cerrados y poca gente, incluso, por la zona baja donde hay además tiendas y souveniers. Es que eran tiempos de COVID. Para nosotros, una suerte. Disfrutamos del barrio con todo su sabor y  de sus miradores. Disfrutamos de las vistas del mirador de San Nicolás. Otro día del de San Cristóbal. Ambos una delicia. Es verdad que suelen tener mucha gente, pero las vistas de la ciudad con la Alhambra enfrente, son espectaculares. 

Uno de los días hicimos un freetour. Estuvo muy bien, un chico joven que nos iba contando historia, arte, anécdotas y nos paraba en sitios emblemáticos. Había varios freetour a la vez; todos partían de la misma plaza, creo que la Plaza Nueva o la de Santa Ana. Paseamos por los alrededores de la Catedral, la Alcaicería (que, aunque está muy renovada, es preciosa y tiene mucho encanto), parte baja del Albaicín, atravesamos la plaza de Isabel la Católica, uno de los miradores, la iglesia de S. Gregorio Bético en la que paramos para ver cómo las monjas de clausura mantienen su rezo 24 horas, todos los días del año. Entramos y dio la casualidad de que había varias monjas, todas ellas con el velo blanco y cantando. No siempre están todas, sino que se van turnando para mantener el rezo. El velo blanco es con el que se cubren para pasar de la clausura a la iglesia. El guía era un muchacho muy dispuesto que respondía también a preguntas sobre zonas de tapas, restauración, flamenco, etc.....

Teníamos reservada una visita nocturna a los Jardines del Generalife. Esta vez para los tres, Mónica nos acompañó. Es una visión distinta, con iluminación, que aporta una perspectiva más idílica de la monumentalidad y de los jardines. Es un paseo bonito, tranquilo y lo pasamos genial haciéndonos unas fotos. 

El día siguiente, teníamos reservada la visita para la Alhambra. Ya la habíamos visto, pero no nos resistíamos a estar en Granada y no volver a visitarla. La sorpresa mayor fue la cantidad de gente que había y que no suponíamos viendo cómo había estado la ciudad, al menos, los días anteriores. Los Palacios Nazaríes estaban repletos de gente, vigilados por guardias jurados bastante antipáticos y bruscos en el trato con el público. Las fotos eran casi imposibles entre la gente y las mascarillas. Fuera de estas estancias, las visitas eran más relajadas y distendidas. Pudimos disfrutar bien, tanto que echamos la mañana entera. Se nos hizo tardísimo hasta para comer. 

Las tardes las pasábamos con Mónica que nos enseñaba los barrios, las zonas de tapas, barrios como el del Realejo, lugares donde tomar algo, calles, etc.... Como a las 12 de la noche se cerraban los bares, algún día terminamos tomando el cubata en la terraza de su casa. La ginebra sí la tenía ella, la tónica la comprábamos en uno de los "chinos" abiertos hasta tarde.

El último día, el domingo por la mañana, lo empleamos los tres en visitar la catedral, el Mausoleo de los Reyes Católicos y en caminar por el Paseo del Darro. 

La catedral está metida entre callejuelas de manera que solo se aprecia su exterior desde la Plaza de las Pasiegas. Entramos en el interior donde se estaba celebrando la misa el Arzobispo, bien conocido de Mónica, puesto que es su profesor de Siriaco (otra de sus geniales "fricadas". Salimos deprisa para que no la vieran sus compañeros de esta lengua con pantalón corto en ese ambiente religioso. Jajaja!). Rodeando la catedral llegamos al Mauselo que también visitamos, en este caso con la ayuda de audioguías. Finalizamos la mañana paseando por el Camino de los Tristes, o Camino del Darro. Es un paseo que separa los dos lugares más importantes de Granada: La Alhambra y el Albaicín. El paseo tiene un aire romántico, bohemio, acentuado con la presencia de edificios históricos, conventos y con jardines y terrazas. En una de ellas comimos, antes de emprender el camino de vuelta a Madrid y Segovia, a nuestra vida diaria. 

En compañía de nuestra amiga, disfrutamos de las tapas granaínas que te dan de cenar fácilmente. Nos acompañó un tiempo extraordinario, quizá caluroso que nos hizo resguardarnos en casa en las horas de siesta, pero que nos permitió disfrutar del aire libre, de sus terrazas y jardines durante todos los días. 

Tendremos que volver. Nos quedaron cosas de ver como la visita a algún Carmen (vivienda urbana típica de allí con jardines y huerta, situados en las colinas que permiten tener unas vistas espléndidas de la Alhambra o de la ciudad). El de la Victoria  o el de los Geranios, son ejemplos, públicos y gratuitos. El Carmen de los Mártires, bajando desde la Alhambra, es otro de los recomendados, en este caso por el guía, que está catalogado como Bien de Interés Cultural. Además, tenemos que seguir vistiendo, personalizando y decorando la casa. 






















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