Después de algunos retrasos ( primero mi talón de Aquiles, luego el tiempo y después los remates finales de la furgo) partimos hacia los Arribes del Duero, con ganas atrasadas de patear, disfrutar y percibir con todos los sentidos. En plena primavera, después de lluvias y con buen tiempo, parece que la ocasión será única.
Partimos tarde, así que visitamos Toro, el Salto de Villalcampo y llegada a la playa fluvial de Ricobayo donde pasar la noche en un parking de autocaravanas a la orilla del río.
La visita a Toro ha sido espontánea; no estabas en los planes, pero al pasar por allí decidimos comer y visitar la ciudad. Comimos en un área recreativa y allí cerca está el puente medieval. Qué curioso cómo quiebra el Duero allí. El puente está construido en paralelo al cauce, que gira 90° para pasar bajo sus ojos. Lo veréis en una foto desde lo alto del castillo. Visitamos la Colegiata, pero no completa pues estaban los bomberos alertados por el humo de un cortacircuitos. Pudimos ver la Portada de la Majestad, S. XIII esculpida en piedra y con su policromía original. Fue una suerte que nos diera tiempo a ver esta parte, antes de que nos echarán. ¡Una maravilla! Continuamos la visita por el paseo - mirador que lleva hasta el castillo. Queda poco de él, los muros exteriores reconstruidos, pero su historia no ha desaparecido, pues ha sido testigo de grandes acontecimientos. Vimos el Verraco Celtíbero, la Puerta Corredera. La ciudad cuenta con un casco interesante; palacios, casas civiles antiguas, irregulares soportales, .... Un conjunto muy interesante. Fue una visita corta, pero muy aprovechada y nos sorprendió muy gratamente, aunque le falten arreglos y rehabilitaciones por muchos rincones.
Por lo demás, llegando ya a los Arribes, contar la magnificencia del campo. Flores amarillas, densas, tupidas, moradas entre las vides, encinas en flor, verde por todos los lados. Al pasear, el olor de las acacias en flor se suma al panorama y dispara todas las sensaciones. Un placer que, espero, no haya hecho más que empezar.
Comenzamos un nuevo cía con una ruta para ver la Cascada de Abelón. Llegamos en coche siguiendo la pista hasta el final y desde ahí bajamos siguiendo el sendero. Primero el de la izquierda, para llegar a la cascada. Después, el del mirador de La Poyata y la roca de la Cascada. Disfrutamos de lo que llaman cortinas ( pequeñas fincas calladas en piedra para que paste el ganado), pero sobre todo, de cómo está el campo. Y eso que el día ventoso y nublado no nos ha acompañado mucho. Los restos de antiguas edificaciones, sobre todo molinos, no deja de sorprender.
Ya tarde, sobre las 14:30, fuimos hacia Villadepera, dónde disfrutamos desde la caravana, del puente del Requejo. Allí nos tomamos pollo en pepitoria, mientras el puente y desde el Mirador del Pino, como se conoce, nos ofrecía su encanto. No hay apenas gente, así que las rutas y las vistas son especiales.
Fuimos a Miranda para acabar el día. Era domingo por la tarde, recién abiertos tras la pandemia y estaba el pueblo vacío. Eran las siete de la tarde y nos encontramos a muy pocas personas paseando. Todo estaba cerrado. El casco antiguo tiene mucho encanto, es amplio y muy agradable de recorrer, pero impresiona verlo tan vacío. La zona nueva estaba desértica también. Pronto nos fuimos a la furgo; la noche la pasaríamos en el camping. Éste está genial, muy cuidado, bien puesto, con todos los servicios.... Allí elegimos sitio y pasamos la noche y la mañana siguiente holgazaneando un poco, tomándonos la mañana con calma.
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| Puente del Requejo (desde la furgo) |
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| Campo florido |
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| Abelón - zona de molinos |
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| Abelón - molinos |
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| Toro |
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| Vista del puente de Toro desde lo alto |







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