GRANADA
Cualquier momento es bueno para ir y visitar Granada, pero si ese momento es fuera de temporada alta y con buena compañía, la visita mejora notablemente.
Ese fue nuestro caso. Viajamos Luis y yo, recogiendo a Mónica y su perrillo en Madrid, un jueves 10 de septiembre, llegando a comer a la ciudad. En 4 horas desde la capital llegamos a Granada. Fueron solo cuatro días; el domingo volvimos, pero fueron suficientes para patear, conocer, visitar, tapear, et.....
Nos alojamos en casa de Mónica. Tenía todavía la casa sin personalizar. A pesar de llevar unos meses en Granada, las estancias de investigación en Madrid, le han hecho aplazar la colocación de todas las cajas con enseres y la decoración. Cuento esto con detalle porque fue una parte importante del viaje. Ella estaba abierta a ideas y cuando algunas de las que le dimos, le gustaron, lo grabó en "su disco duro" y..... SORPRESA..... siete días después, esto es, el domingo siguiente, nos manda unas fotos de su pasillo completamente renovado: pintura, estanterías, libros y colocación de objetos. Nos quedamos anonadados. Mónica es así, siempre sorprende.
Vamos a la ciudad.
Recorrimos el Albaicín en días distintos. Vimos sus plazas, rincones, calles, bares, terrazas. ¡Cuánto encanto tiene este barrio! Además, no estaba abarrotado. Se podía elegir dónde parar, el sitio para tomar una cerveza, no había aglomeraciones. De hecho, había locales cerrados y poca gente, incluso, por la zona baja donde hay además tiendas y souveniers. Es que eran tiempos de COVID. Para nosotros, una suerte. Disfrutamos del barrio con todo su sabor y de sus miradores. Disfrutamos de las vistas del mirador de San Nicolás. Otro día del de San Cristóbal. Ambos una delicia. Es verdad que suelen tener mucha gente, pero las vistas de la ciudad con la Alhambra enfrente, son espectaculares.
Uno de los días hicimos un freetour. Estuvo muy bien, un chico joven que nos iba contando historia, arte, anécdotas y nos paraba en sitios emblemáticos. Había varios freetour a la vez; todos partían de la misma plaza, creo que la Plaza Nueva o la de Santa Ana. Paseamos por los alrededores de la Catedral, la Alcaicería (que, aunque está muy renovada, es preciosa y tiene mucho encanto), parte baja del Albaicín, atravesamos la plaza de Isabel la Católica, uno de los miradores, la iglesia de S. Gregorio Bético en la que paramos para ver cómo las monjas de clausura mantienen su rezo 24 horas, todos los días del año. Entramos y dio la casualidad de que había varias monjas, todas ellas con el velo blanco y cantando. No siempre están todas, sino que se van turnando para mantener el rezo. El velo blanco es con el que se cubren para pasar de la clausura a la iglesia. El guía era un muchacho muy dispuesto que respondía también a preguntas sobre zonas de tapas, restauración, flamenco, etc.....
Teníamos reservada una visita nocturna a los Jardines del Generalife. Esta vez para los tres, Mónica nos acompañó. Es una visión distinta, con iluminación, que aporta una perspectiva más idílica de la monumentalidad y de los jardines. Es un paseo bonito, tranquilo y lo pasamos genial haciéndonos unas fotos.
El día siguiente, teníamos reservada la visita para la Alhambra. Ya la habíamos visto, pero no nos resistíamos a estar en Granada y no volver a visitarla. La sorpresa mayor fue la cantidad de gente que había y que no suponíamos viendo cómo había estado la ciudad, al menos, los días anteriores. Los Palacios Nazaríes estaban repletos de gente, vigilados por guardias jurados bastante antipáticos y bruscos en el trato con el público. Las fotos eran casi imposibles entre la gente y las mascarillas. Fuera de estas estancias, las visitas eran más relajadas y distendidas. Pudimos disfrutar bien, tanto que echamos la mañana entera. Se nos hizo tardísimo hasta para comer.
Las tardes las pasábamos con Mónica que nos enseñaba los barrios, las zonas de tapas, barrios como el del Realejo, lugares donde tomar algo, calles, etc.... Como a las 12 de la noche se cerraban los bares, algún día terminamos tomando el cubata en la terraza de su casa. La ginebra sí la tenía ella, la tónica la comprábamos en uno de los "chinos" abiertos hasta tarde.
El último día, el domingo por la mañana, lo empleamos los tres en visitar la catedral, el Mausoleo de los Reyes Católicos y en caminar por el Paseo del Darro.
La catedral está metida entre callejuelas de manera que solo se aprecia su exterior desde la Plaza de las Pasiegas. Entramos en el interior donde se estaba celebrando la misa el Arzobispo, bien conocido de Mónica, puesto que es su profesor de Siriaco (otra de sus geniales "fricadas". Salimos deprisa para que no la vieran sus compañeros de esta lengua con pantalón corto en ese ambiente religioso. Jajaja!). Rodeando la catedral llegamos al Mauselo que también visitamos, en este caso con la ayuda de audioguías. Finalizamos la mañana paseando por el Camino de los Tristes, o Camino del Darro. Es un paseo que separa los dos lugares más importantes de Granada: La Alhambra y el Albaicín. El paseo tiene un aire romántico, bohemio, acentuado con la presencia de edificios históricos, conventos y con jardines y terrazas. En una de ellas comimos, antes de emprender el camino de vuelta a Madrid y Segovia, a nuestra vida diaria.
En compañía de nuestra amiga, disfrutamos de las tapas granaínas que te dan de cenar fácilmente. Nos acompañó un tiempo extraordinario, quizá caluroso que nos hizo resguardarnos en casa en las horas de siesta, pero que nos permitió disfrutar del aire libre, de sus terrazas y jardines durante todos los días.
Tendremos que volver. Nos quedaron cosas de ver como la visita a algún Carmen (vivienda urbana típica de allí con jardines y huerta, situados en las colinas que permiten tener unas vistas espléndidas de la Alhambra o de la ciudad). El de la Victoria o el de los Geranios, son ejemplos, públicos y gratuitos. El Carmen de los Mártires, bajando desde la Alhambra, es otro de los recomendados, en este caso por el guía, que está catalogado como Bien de Interés Cultural. Además, tenemos que seguir vistiendo, personalizando y decorando la casa.














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