viernes, 8 de abril de 2022

TENERIFE Y LA GOMERA. Marzo 2022

 La idea de pasar un mes en Tenerife se cambió por una semana en la isla añadiendo 4 días en La Gomera. El plan inicial se modificó y también los participantes en el viaje. Ahora vamos a ser varios y variados los intérpretes de esta entrada. 

Comenzamos como protagonistas, Luis y yo, aterrizando en Tenerife Sur, un miércoles de febrero y recogiendo el coche ya reservado. Con él, estábamos dispuestos a recorrer la isla. El hotel lo teníamos en Puerto de la Cruz, pero hicimos nuestra primera parada de camino, en Güimar.  Güimar es una población de interior, con su plaza central donde comimos, en la Tasca la Plaza. Y ya allí degustamos comida local, con unas papas con mojo, entre otras cosillas. Pasamos por delante de las Pirámides, que no nos parecieron de interés y tras un paseo, cogimos el coche y fuimos directos al Hotel Tropical, céntrico, donde pasaríamos las dos primeras noches. Tuvimos la suerte de aparcar allí mismo, en la plaza de entrada al hotel. Nos instalamos en la habitación y salimos con ganas a realizar el primer acercamiento a la ciudad: el puerto, la plaza de Europa, plaza del Charco, calles y callejuelas de la ciudad, tomando alguna foto, eligiendo finalmente una terraza donde cenar y tomar una cerveza. 

Contábamos con otro día en solitario y lo pasamos haciendo un recorrido por el Nor-Oeste de la isla, visitando Icod de los vinos y Garachico. La inquietud por conocer nos hace ir parando en algunos lugares inusuales y poco frecuentados, de los que no aparecen en las guías turísticas; este es un  aspecto de los que más disfrutamos cuando vamos de "exploradores". Así dimos con la Rambla del Castro, donde hicimos un pequeño recorrido hasta la Charca del viento, una pequeña balsa creada entre rocas. Lugar perfecto para tomar un baño privado, disfrutando del mar y el sol, aunque a nosotros el tiempo no nos lo permitió.  

Rambla del Castro

Charca del viento





Comenzamos bien con esta primera escena y contentos por ello, fuimos en busca del Drago Milenario de Icod de los Vinos, cambiando así de decorado. Este drago es lo más representativo de la villa; se puede entrar al parque o divisarlo desde la plaza principal del pueblo. Qué porte tiene el Drago, esbelto, recto, con una buena copa..... Nos sorprendió también la humedad del ambiente que permite tener pequeños jardines en los tejados; y es que allí, con ese clima, la vegetación se cuida con facilidad. Nos llegó la hora de comer y elegimos una casa de Comidas, La Parada, con cocina canaria y con muy buena crítica que pudimos comprobar.     

Drago Milenario

Icod de los Vinos (jardín en el tejado)







Seguimos nuestro rumbo. El siguiente plató sería Guarachico, pueblecito que resurgió de sus cenizas tras el volcán de 1706. Era, hasta entonces, un importante puerto pesquero y comercial. Queda de entonces, el arco de entrada de la "Puerta de la Tierra", que era el acceso al puerto del s. XVI. Otro escenario interesante de esta villa lo compone los restos del antiguo muelle de carga y el paseo marítimo cerca del mirador del Emigrante, desde donde hicimos algunas tomas. 

Garachico

Puerta de la Tierra

Seguimos carretera acercándonos más hacia el Teno, cuyo acceso final estaba cerrado por obras. Llegamos hasta Los Silos, donde ya, con poca  luz, decidimos dar por terminada la jornada. 

Se une a nosotros otro visitante, un tercer protagonista dispuesto a disfrutar de la isla; pasará cinco días en total en nuestra compañía. Se trata de Diego, nuestro hijo. Llegaba a Tenerife Sur con ganas de sol, playa y mar, pero también de conocer parte de la isla que en su anterior viaje con amigos, quedaron sin visitar. Con esta idea, dedicamos un día a las playas Los Cristianos y Las Américas, paseando por sus largas playas, llenas de turistas extranjeros. La zona de Adeje fue nuestro destino otro día, donde desarrollamos un momento de acción, un pequeño "trailer", del que no tenemos reportaje. ¡Qué lástima! Me invitó Diego a subir a una moto de agua y tener una nueva experiencia. Así derrochamos adrenalina, enfrentándonos a las olas y cerrando curvas a derecha e izquierda. Fue un deseo cumplido: siempre me había llamado la atención, pero nunca me había atrevido, así que disfruté muchísimo esos 15 o 20 minutos de práctica, a pesar de llegar helada a la playa. Suerte que la arena y el sol me hicieron reaccionar pronto. 
Uno estos dos días pasamos del calor y estiaje a la zona de la Masca, fresca, verde, montañosa..... Nada que ver la primera parte del día con la segunda. Esta última nos sorprendió por el cambio de temperatura. Pasamos del bañador al abrigo. De una zona árida a unas vistas de paisaje húmedo y montañoso. ¡Qué maravilla de vistas! Nos retratamos en varios de los miradores intentando captar el background en el que nos encontrábamos.  
La cena, ya en Puerto de la Cruz, la disfrutamos con una degustación de pinchos típicos de Canarias: queso asado, garbanzas, cabra guisada, almogrote y papas. Una sugerente variedad que saboreamos con placer. 





La visita al Palmetun de Santa Cruz fue sorprendente. Se trata de un jardín botánico con una increíble variedad de plantas de todo el mundo. Está muy bien cuidado y planteado, con lo que la mañana se nos pasó volando disfrutando de especies desconocidas y muy bien ambientado, con carteles informativos científicos y divulgativos de las distintas especies. Este día lo completamos con un paseo por la capital canaria mostrada por una amiga residente en la zona, Esperanza, y que nos llevó a comer a uno de sus barrancos preferidos, a ver la playa de las Teresitas, a conocer los paseos centrales, caminar por la zona portuaria o hacernos la foto típica en la plaza de Europa. 


Vista de Santa Cruz



Playa de las Teresitas









Parque Central 
Y es que los barrancos tienen su magia e historia en la isla. A lo largo de ellos se ha desarrollado mucha actividad agrícola antes, e inmobiliaria ahora. Son muchas la viviendas que se extienden a lo largo de ellos, siempre buscando vistas al barranco y/o a su salida al mar. En los barrancos se instalan también restaurantes, algunos son guachinches y otros no; en cualquier caso, hay que conocerlos para llegar a ellos. Esperanza nos llevó a al restaurante La Charca donde comimos de lujo,  pescado del día, papas (que  no pueden faltar) y Diego, que es carnicero, se tomó su filetón. Todo buenísimo y a muy buen precio. 

Otro decorado distinto nos lo proporcionó el Teide. A pesar de   haber nubes, una vez traspasadas, el día se presentó  luminoso, con   un bellísimo plató. Realmente parece de cine. Paseamos por las   cañadas, hicimos alguno de los itinerarios marcados, disfrutamos de esas formaciones volcánicas y   caprichosas que ofrece la zona y terminamos comiendo tarde en la terraza del parador allí enclavado. El atardecer se nos presentó en la Orotova paseando por el pueblo. 



Vistas del Teide desde La Orotava










Diego no quería perderse el Parque Natural de Anaga. No se imaginaba que en esta isla hubiera un parte "selvática", una abrupta coordillera que atrapa continuamente a las nubes, creando una atmósfera húmeda, verde y lluviosa. Es una imagen atractiva y singular con formaciones geológicas destacables como los Roques, escarpadísimos barrancos y acantilados. Con Diego paramos en los miradores de Jardina y del Carmen, pero la niebla y la fina lluvia no nos permitió realizar alguno de los senderos señalados en la zona. Callejeamos por La Laguna en un día frío y ventoso, que además celebraba una fiesta local por lo que todos los restaurantes estaban llenos. Acabamos comiendo en uno bastante lamentable, del que nos sorprendieron hasta unos huevos rotos; ¡qué malos estaban! Este día, dejamos a Diego en Tenerife Norte, volviendo a la Península a sus actividades diarias. 

Fueron sólo cinco días, pero suficientes para conocer la diversidad de la isla y disfrutar de los distintos ambientes que en ella hay. 

Mirador de Jardina

Mirador del Carmen










Cambiamos de personaje. Los nuevos compañeros de viaje son Begoña y César. El día de Anaga y La Laguna lo compartimos los cinco, hasta que a media tarde despedimos a Diego. Ahora ya, nos quedamos los mayores. Acabamos el día buscando el mirador de la Garañona. La suerte hizo que no lo encontráramos en un principio y diéramos con un estrecho pasillo de cara al acantilado. Abajo, el mar chocando con las rocas, el Teide asomando entre nubes y el sol escondiéndose en el horizonte produciendo un colorido cambiante que fue una delicia. Unos metros más allá, bajando 300 escalones, según nos indicaron y luego vimos, estaba el mirador que buscábamos, que compartía las mismas panorámicas que las nuestras. 

El día terminó cenando en Puerto, en una terraza, compartiendo unas raciones y un vino y yendo a un bar local, donde encontramos música guachinche en directo. Había varios locales de este tipo, llenos de alemanes mayoritariamente, que disfrutan del clima, del sol, de la cerveza y de la música "en vivo". Allí estuvimos cantando con los músicos; conocíamos bien muchas de las canciones, sobre todo Begoña; ¡se las sabía todas! 

Paseo por la Mesa
Pasamos el siguiente día con Esperanza nuevamente.
En seguida se prestó a enseñarnos alguna zona, llevarnos a lugares bonitos y probar restaurantes con encanto. De esta manera, recorrimos la costa de Tacoronte, viendo la casa del vino, las piscinas naturales de La Mesa y del Pris, paseando por el Camino del Sargo. A pesar de llevar en el coche el bañador, el mar estaba muy revuelto, las olas entraban fuertemente a inundar toda la zona y el baño tuvimos que desestimarlo. 
Paseo por la Mesa
Paseo por la Mesa









¡Vaya tres Misses!
Piscinas del Pris









Comimos en el Bar El Puerto, un restaurante de la zona que no parecía ser conocido más que por los lugareños. Esperanza eligió el pescado del día: unas viejitas, una sama, un cherne y, por supuesto, unas papas y un vino blanco seco canario. Qué grupo tan bien avenido: a Begoña y Esperanza les encanta la zona de la cabeza y espinas; los demás preferíamos alejarnos de las espinas. ¡Así que todos tan contentos, claro! Después de esta extraordinaria degustación seguimos
Punta del Hidalgo con los Roques

conociendo más rincones. Así vimos la zona de Bajamar y llegamos a la Punta del Hidalgo donde dos grandes roques, conocidos como los hermanos (o los gemelos, no recuerdo) apuntaban hacia el cielo. Allí contemplamos ya la puesta de sol. 
Barraquitos 




 Esperanza no quería despedirse sin invitarnos en una   cafetería con un mirador acristalado sobre el   acantilado. Conocía bien el sitio, pues el lugar ofrecía variedad de tartas.  Cada uno elegimos nuestra porción y lo acompañamos del típico barraquito (café con licor y nata). Todo estaba   riquísimo y el barraquito, nos encantó. 
Que día tan fantástico pasamos los cinco juntos, como nos alegramos de pasar con Esperanza este segundo día de marzo y qué lugares tan fantásticos nos mostró. Mil gracias.

Parque de Anaga
Parque de Anaga
         
Parque Anaga

Nos queda quitarnos la "espinita" del paseo por Anaga. El día
se presentaba más soleado, así que fuimos al centro de interpretación del parque y desde allí, dispuestos a realizar alguna de sus rutas. Hicimos una cortita, de un par de horas, circular, que nos permitió gozar de este paraje tan peculiar de laurisilva, en el que apenas penetra el sol y la lluvia y la humedad mantiene este ecosistema creando una "isla dentro de una isla". El recorrido nos mostró variedad de árboles, lianas, musgo, toda una riqueza vegetal en un terreno volcánico. 
Ahora Luis se convirtió en guía turística, investigó en las redes y descubrió un Guachinche -Bibi y Maná-  en Taganana; Solo el nombre del local y de la villa eran sugerentes. Llamó, reservó y allí estuvimos, en una zona nueva, en un barranco seducidos de nuevo por la cocina canaria. Después, un paseo por Taganana  por un camino amplio, que iba serpenteando la costa y cogiendo altura,  por el que llegamos hasta ver el pueblo de El Draguillo.  Ya de vuelta en coche, atravesamos el Parque de Anaga, llegamos a las Teresitas (y así lo conocían César y Begoña),  atravesamos Santa Cruz y cogimos la autovía hasta Puerto de la Cruz. 
Parque de Anaga

Guachinche








Costa de Taganana











Y como pasa en el teatro y en el cine, la obra termina similar a su comienzo. Desde mañana volvemos a ser los dos únicos protagonistas del principio. Luis y yo, de nuevo solos, cambiando de nuevo de escenario. Nos vamos a La Gomera. Contaré la Gomera en otra entrada, para no hacer ésta tan extensa.
Un saludo a todos los que me siguen. 

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