Nos levantamos a desayunar en el hotel, para cumplir con su horario como nos habían advertido. Al bajar al salón (primera vez en interior) nos tenían ya asignada mesa; el desayuno estuvo bien. El dueño del hotel, que es quien nos atendió por la noche y tb ahora , es un hombre charlatán, que le gusta la conversación. Nos habló de su hijo dedicado a la coctelería, sus proyectos de jubilación, su diseño en forja, sus avances en albañilería con cal, etc.. Bueno, un tipo curioso. Nos enseñó su bodega.
Fermoselle tiene comunicadas gran cantidad de bodegas por debajo de las casas y en distintos niveles. Los fines de semana hay una visita guiada para recorrer parte del pueblo por los túneles y puertas entre casas, pero era un miércoles y la opción no era posible. Su bodega era curiosa; estaba debajo de la casa, era alta e incluso tenía arcos de medio punto entre las tres secciones que la componían. La última, rezumaba agua por algunas zonas, parece ser, situación natural. El hombre fue muy cordial y finalmente nos indicó dónde comprar vino para llevar, así que esa fue nuestra siguiente parada, en la cooperativa de vino y aceite. Compramos dos cajas de vino variadas para casa, aunque alguna tomaríamos a lo largo de nuestra escapada, en las noches en nuestro hogar móvil.
Aunque intentamos una pequeña ruta de senderismo al final del puerto de la Cicutina, antes de cruzar el puente de S. Lorenzo, la cascada estaba seca y la ruta no aportaba gran cosa, así que volvimos a subir el puerto (un poco antipático), para comer en Fermoselle. Lo hicimos en el restaurante Europa, con muy buena crítica y desde mi punto de vista, bien merecida. Estaba todo rico, con buena atención y muy cuidadosos con las medidas sanitarias en pandemia.
Tras la comida copiosa y con un día de calor, decidí ir a recorrer el pueblo, disfrutar de su arquitectura y de los miradores que el propio pueblo tiene. Una mujer con ganas de charla me acompañó parte del recorrido y así me fue más fácil llegar a todos los rincones, pues el pueblo es enrevesado entre sus calles y cuestas. El mirador del Torejón y el de los Barrancos fui con ella. También me enseñó la casa donde se había criado su marido cuando era niño. Ella misma se admiraba de las condiciones en las que se ha vivido no hace tanto tiempo atrás. Por supuesto que el mirador del Castillo es el mejor de todos los de la villa.
Optamos por ver la desembocadura del Torres desde Portugal, a realizr el sendero de las Dos Aguas, en lugar de desde Villarrino de los Aires. Cruzamos y siguiendo las indicaciones de turismo, llegamos a estar frente a este abrazo de aguas. El Tormes no llevaba mucha agua y el Duero, con tanta presa, tenía reducido su caudal. Dicen que esto puede cambiar en minutos: se oye una sirena y el agua empieza a subir. Me encantaría ver esto; lo he visto en vídeos, pero tiene que ser impresionante ver esa fuerza del agua, esa inundación del cauce y ver llegar esa lengua de agua tan poderosa. No fue el caso, me di un baño de pies y esa satisfacción sí la tuve.
Nos adentramos más con la furgoneta y luego caminando para ver esta ladera y el cauce desde el país vecino. Fue un rato largo y agradable que tuvo su retorno a Villarino de los Aires, ya en España, donde un parking de autocaravanas nos esperaba. Estaba bien puesto y con todos los servicios a excepción de luz. Allí pasamos una noche muy tranquila; ninguna otra autocaravana nos acompañó.
En Villarino amanecimos y fuimos a la oficina de turismo donde una mujer nos explicó con todo detalle lo importante del pueblo: nos dio la LLAVE del horno y nos recomendó el mirador de la Faya. Hicimos una pequeña compra en el pueblo, realizamos el pequeño itinerario que nos recomendó con tanto entusiasmo; el horno, desde luego es curioso: grande y se mantiene como curiosidad etnográfica que merece la pena visitar; el mirador, una vez en el pueblo y con tan fácil y rápido acceso, merece la pena acercarse. El pueblo tiene diseñada un pequeña ruta con 9 puntos a visitar, aunque nosotros vimos estos dos y la casa tradicional. También nos contestó a algunas preguntas como la razón de esos poyetes de piedra la altura del primer piso o vasijas de cristal en lo alto de la chimenea. Parece que para secar los embutidos se colgaban en esos poyetes y para ahuyentar hechizos y embrujos los habitantes colocaban esas vasijas. ¡Cosas de la tradición!
Esta misma mujer de turismo nos dijo que el Pozo de los Humos tenía dos perspectivas desde dos pueblos distintos: Pereña de la Ribera y Masueco. El primero ofrecía una panorámica frontal de la caída del agua, ideal para épocas de pocas lluvias y el segundo que te llevaba caminando hasta una plataforma construida encima de la cascada, recomendable principalmente para momentos de lluvia. Elegimos la primera opción y yo creo que acertadamente: era primavera, había llovido, pero el río Uces y su caída de agua es estacional y desde el mirador de Pereña se veía su caída expcepional, que no era abundante en agua, pero se veía completa. La otra opción, la de Masueco, debe ser la más conocida y visitada, pero nosotros nos conformamos con esta vista. No obstante, ampliando alguna de las fotos, veréis la plataforma desde la que se avista la caída.
Nos dirigimos ya hacia Aldeadávila, seguimos bajando por la provincia de Salamanca. Allí teníamos varios miradores desde los que avistar el Duero, pero antes disfrutamos de nuestra comida casera en un merendero, y ya inicio del primero de los miradores, de Picón de Felipe. Éste es uno de los indispensables y no nos defraudó. Una pequeña caminata para llegar allí y disfrutar de los cortados y caídas verticales para contemplar el río y la presa de Aldeadávila. Es increíble la estación hidroeléctrica que hay continuamente a lo largo de todo el Duero; ésta es enorme, con varias subestaciones. El otro mirador recomendado es el del Fraile, pero en estos momentos están en obras y fuimos el día siguiente al salto de Aldeadávila, pero esto lo cuento ya en la siguiente entrada, puesto que lo hicimos al día siguiente.
El parking de autocaravanas donde dormimos era un AC, que estaba muy bien, con árboles y servicios.Es un área de un albergue. Esta vez, sí tuvimos dos vecinos. Las imágenes añaden información a lo comentado y por ello propongo ver un vídeo corto y unas cuantas fotos.
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| Desembocadura del Tomes, visto desde Portugal |
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| Mirador de Picón de Felipe- Aldeadávila |
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| Mirador de Picón de Felipe - Aldeadávila |
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| Pozo de los Humos, desde Pereña de la Ribera |
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| Mirador del Castillo - Fermoselle |
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| Horno de Villarino de los Aires |
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| Vuelta por el sendero de Picón de Felipe |







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