Esta entrada es la continuación de otra anterior. El viaje empezó en Lisboa en Semana Santa, continuó por la provincia de Badajoz, pasó Huelva, recorrió despacio la costa occidental de Cádiz y terminó en Mérida antes de volver a Segovia, nuestra ciudad. En entradas anteriores he relatado todo el viaje a excepción de la parte andaluza, de la que ahora voy a dar cuenta.
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Segunda parte del viaje
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| Primera parte del viaje |
Viniendo desde Zafra y con la intención de pasar un fin de semana en Huelva con nuestros familiares, pasamos por Aracena, donde hicimos noche en un buen parking de autocaravanas para visitar la Gruta de la Maravillas, que es emblema de la ciudad. Está en el centro y la visita es guiada, recorriendo todas las alturas y lagos y disfrutando de las formaciones que en ella se han creado con el paso de los siglos. Es muy bonita y sorprende cómo unos muchachos de la zona fueron sus descubridores. Es una maravilla poder disfrutar de estas joyas subterráneas.
Al día siguiente, de camino a Huelva, queríamos ver las explosiones que se están realizando actualmente en las minas de Riotinto y de las que Toñi, nuestra prima onubense, tanto habla con entusiasmo. Así que allí, en un día lluvioso, estuvimos haciendo tiempo en el Mirador del Cerro Colorado para ver los continuos movimientos de camiones, excavadoras yendo y viniendo de un sitio a otro, en ese paisaje rojizo que hace pensar en Marte. Un rato antes de las 14:00 se percibe una disminución de vehículos y cómo van dando la señal de abandono de los mismos. De repente, surgen un par de explosiones, que duran poquísimo, hay que estar bien atento para verlo, aunque el humo y la localización son claras; todo ello visible desde este mirador. La visita a la mina bien merece una parada larga y guiada; nosotros ya lo conocíamos y sólo íbamos al espectáculo, curioso, de los explosivos diarios. Desde allí, directos a Huelva, a resguardarnos de dos días de lluvia que estaban avisados y que disfrutamos con Diego y Toñi, comiendo en unos sitios, paseando por el muelle o cenando también con el resto de primos de allí. Fue una parada agradable, como siempre, pero corta para seguir a Cádiz, que era nuestro destino principal desde que salimos de Lisboa.
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| Minas de Riotinto, desde el Mirador |
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| Minas de Riotinto, desde el Mirador |
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| Muelle de Huelva |
Llegamos a S. Lucar de Barrameda. Este era el destino que habíamos tenido en mente desde el principio, así que llegamos con expectativas y con mucha ilusión. Ya el recibimiento fue buenísimo. Encontramos un lugar para la autocaravana, en una vía prácticamente muerta, de frente al mar ya en la desembocadura del Guadalquivir. Por la noche, podíamos ver como barcos enormes entraban por allí y se dirigían hacia Sevilla. Fue una sopresa. Yo sabía que era navegable, pero no que estaba en activo de esta manera tan comercial y para barcos de gran tonelaje. Desde la ventana de nuestro "saloncito" contemplábamos la playa, con palmeras en la arena y con la desembocadura al fondo. Un paisaje estupendo. Allí pasamos una noche; la otra lo haríamos en un parking de autocaravanas, para poder descargar y cargar agua.
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| Playa de la autcaravana |
S. Lucar es una villa situada en un lugar magnífico, en la desembocadura del Guadalquivir en el Oceáno Atlántico, frente a una de las reservas naturales más importantes de Europa, Doñana, contando en su circunscripción con la zona de marismas de la Algaida. Tiene un enclave que le ha dado gran parte de su historia. Son visibles y curiosos los Corrales marítimos, como arte antiguo de pesca. La población es grande, contando por tanto, con todo tipo de infraestructuras. En el centro histórico, en la parte alta, está el castillo. En los alrededores de éste y en la parte baja hay varias bodegas con su típica manzanilla, casonas, palacios, etc, que hablan de su historia. Además, este año 2022 goza del título de capital gastronómica, por lo que disfrutamos de algunas buenas tapas servidas en terrazas, con un clima estupendo. Entramos también a degustar un vino en la bodega " La Cigarrera", cuyo cartel y entrada invitaba a ello. El lugar es bonito, la tapa no mereció tanto la pena. En el centro, en una de sus principales plazas hay un homenaje en azulejo a Magallanes, pues partió de allí en busca de aventuras. Son típicas las carreras de caballos en la playa, siendo considerado el festejo de interés turístico internacional, pero eso es en agosto y no tuvimos la ocasión de verlo. Sí paseamos por la
playa de la Calzada y la
Playa de Bajo de Guía, ambas separadas por el pequeño embarcadero que cruza al otro lado, a la Playa de Doñana.
Paseamos por la zona, entramos en la Fábrica de Hielo, hoy centro de interpretación, donde compramos una guía de aves de Doñana para poder diferenciarlas una vez estuviéramos allí. La barca que cruza lo hace constantemente, en cuanto hay gente para ello, dejándonos en el comienzo de la playa, en el final del Parque. Fuimos por la mañana para no pasar calor y fue una de las mayores gozadas del viaje. Esa playa kilométrica para nosotros solos, con una gran anchura de arena blanca y fina, divisando y al tiempo alejándonos del otro lado de la costa, viendo desde lo lejos San Lucar y Chipiona y más tarde solo Alta Mar y los barcos que al fondo se desdibujaban. Caminamos un par de horas de ida y otro tanto de vuelta, llegando a comer, aunque fuese ya tarde. En el paseo aprendí a difernciar cormoranes, garcentas, garzas, cigüeñuelas, correlimos y algún otro más. Fue una mañana estupenda, con sol, pero con una temperatura muy agradable.
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| Bodegas de San Lucar |
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| Playa en Doñana |
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| Corrales marítimos en S. Lucar |
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| Centro de S. Lucar |
La visita a la zona de las marismas estuvo también muy bonita. Fuimos con la furgoneta atravesando Bonanza y llegando hasta una explotación de sal. Bonanza sorpende por la mezcla urbanísitca que convive. Chalés al lado de explotaciones comerciales, de zonas de huerta y zona de marisma. Pasando por la carretera que atraviesa la villa, no se sabe muy bien si se está en zona urbana, rural o industrial. Allí tuvimos una de esas anécdotas para contar con la que uno se ríe después, pero pasa un mal rato en el momento. En un intento de dar la vuelta con la autocaravana, se quedó atrapada en cuesta en un bando de arena. No salía de ninguna manera y las ruedas hacían el desnivel cada vez más grande. Luis y yo arañamos la tierra, excavamos para intentar poner piedras debajo o las cuñas o alguna madera, pero fue imposible. Fue la ayuda de uno de los agricultores de la zona, que con un cable y su coche 4x4, pudo tirar de la furgo y sacarla. Gracias a ellos, pudimos continuar con nuestra visita por la zona y llegar a las marismas. Cuando llegamos a la salina, el vigilante nos dejó pasar y aparcar, indicándonos los paseos más recomendables, que son los que realizamos. A la vuelta empezó a lloviznar y él se acercó con su moto para volver charlando con nosotros durante el recorrido. Muy amable el hombre.
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| Zona de la Algaida |
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| Zona de Algaida |
Tras tanta aventura, fuimos buscando un lugar agradable para comer y nos dirigimos al Pinar de la Algaida. Descansamos un rato y continuamos recorriendo todo ese pinar, cuyas pistas están llenas de baches e irregularidades que hacen que el trayecto sea largo y pesado. Menos mal que la vuelta la hicimos por otro camino más corto que llevaba a carretera ya asfaltada de vuelta a San Lucar.
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| Chipiona |
A la mañana siguiente, seguiríamos nuestro recorrido por la costa, siendo Chipiona la siguiente parada. Fue una visita corta, un paseo por la ciudad, nos acercamos al faro, pensando en subir, pero estaba completo el pase, así que al pasar por un mercado hicimos una pequeña compra de marisco para ir a cocerlo y tomarlo en la furgo frente al mar. Y eso hicimos, encontramos un bonito parque donde disfrutamos del momento. Seguimos nuestro recorrido por la costa atlántica para llegar a conocer Costa Ballena. La zona es preciosa, con largas y anchas playas de arena fina y una luz limpia que ilumina el mar; las playas esperaban a que las pasearan los que por allí andábamos y una tranquilidad increíble que hacían de los paseos un rato muy especial. Encontramos un lugar para estacionar y pasar la tarde - noche increíble. Había más autocarvanas, todas dispuestas lateralmente para disfrutar de las puestas de sol, del sonido del oleaje y de la luna reflejándose en el agua. Fue un sitio de lujo, de cinco estrellas.
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| Chipiona |
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| Costa Ballena |
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| Cost Ballena |
Rota nos soprendió muy gratamente. Aparcamos en el puerto, con dudas porque prohibía entrar autocaravanas, pero había alguna, así que decidí preguntar al vigilante. Éste, en principio, dijo que no, pero al decirle que veníamos a comer y a conocer la ciudad, nos dejó quedarnos, puesto que él sería el encargado de la zona el resto de la jornada. Así que ya más tranquilos fuimos de visita turística y además, aprendí a gestionar el tema de las prohibiciones por la zona, que siempre viene bien.
Teníamos en mente la sede militar americana y eso nos inclinaba a pensar en una población sin atractivo. Sin embargo, tiene un casco amplio y bonito, parques y zonas ajardinadas y la zona cercana al puerto y a la playa cuenta con restos de su pasado: muralla medieval, puertas de acceso, Castillo de Luna, el Arco de la Villa, mercado, capillas y alguna parroquia de los siglos XVI-XVIII. El paseo marítimo es muy agradable y el interior cuenta con bastantes lugares donde sentarse a tomar una tapa o a comer, como nosotros hicimos en Tapa Boca y un helado en donde nos recomendaron, en Margarita, la fresca. Era una heladería artesana, donde tuvimos que guardar una buena cola para pedir nuestro cucurucho. Nos supo a gloria. Así que, no os lo perdáis si pasáis por rota. La villa superó con mucho las expectativas que llevábamos.
La siguiente sorpresa de Rota fue que estaba en plena feria y que era libre el acceso, así que llegada la noche, nos dirigimos allí para vivir y disfrutar esta fiesta andaluza que yo, hasta el momento, no conocía. Había muchas casetas con música, bebida, comida y baile flamenco. También mujeres con sus trajes de andaluza, pero no eran la mayoría, así que no nos sentimos incómodos en ningún momento y disfrutamos del ambiente y de alguna tapa y vino. Yo, estuve encantada del hallazgo y con pena de no bailar sevillanas en alguna de las casetas; no me atreví, parecía todo el mundo emparejado como para meterme a ver qué pasaba. ¡Otra vez será!
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| Rota |
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| Ayuntamiento de Rota |
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| Feria de Rota |
Es sábado y llegamos a Cádiz. dudábamos si seguir por poblaciones pequeñas o entrar a la "Tacita de Plata". Contactando con unos amigos de la juventud, mi amigo "Floro" nos dijo dónde dejar la autocaravana y nos recomendaron que fuéramos a la zona vieja porque los sábados hay muy buen ambiente por la zona del mercado. No pudimos vernos, pero decidimos seguir esta recomendación y fue un acierto. Cruzando el puente de José León de Carranza, se entra en el barrio de la Cortadura; paralelo a la playa de la Cortadura en la carretera del mismo nombre, dejamos la furgoneta todo el día. Cogimos un autobús urbano que nos llevó hasta la zona del puerto, iniciando nuestro recorrido en el monumento a la Constitución de 1812. Desde allí fuimos caminando por el centro histórico, recorriendo calles estrechas, comerciales, repletas de gente paseando, haciendo compras y también turismo. Vimos plazas y jardines como la de la Candelaria y llegamos a la plaza de las Flores, también preciosa y florida, con mucha vida. Fuimos a ver el teatro romano y a la catedral, subiendo a su torre desde la que se tienen vistas espléndidas de la ciudad, del mar, del puerto; hice fotos de sus 360º de panorámica. Ya cansados, nos adentramos en el Mercado Central, que además de plaza de abastos, es un bullicioso restaurante urbano, que ofrece multitud de pequeños restaurantes con sus especialidades y mesas y sillas para elegir lugar y comida. Allí tras unas cuantas colas en los diferentes establecimientos, comimos sentados, a la sombra, rodeados de gaditanos y turistas que disfrutaban como nosotros de esa mañana de sábado. La tarde la dedicamos a patear; comenzamos por el Teatro Falla (donde se realiza el concurso de coplas de las comparsas y que a mi me encantan), y recorrimos casi toda la periferia costera, desde la Alameda, con esos árboles centenarios, por el Parque Genovés, hasta el Castillo de Santa Catalina para ver la playa de la Caleta, y después recorrer el paseo marítimo, donde al parecer se desplaza la vida por la tarde. Llegamos al parking desde allí, caminando, haciendo una pequeña parada para una infusión. Llegué a la autocaravana cansada, dispuesta a sentarme y relajarme con una puesta de sol en los Caños de Meca para llegar a Barbate, donde pasaríamos la noche. Un sábado muy fructífero y con gran diversidad de lugares y visitas.
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| Parque de la Alameda |
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| Mercado de Cádiz |
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| Plaza de las Flores |
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| Vistas desde la torre de la Catedral |
Después de un día urbano, ruidoso y con gentío, ver el anochecer en los Caños de Meca fue relajante. De nuevo, poca gente, tranquilidad junto con la calma que produce ver y escuchar el mar. La parada fue corta, pero reconfortante. Unos kilómetros más al sur, llegaríamos a Barbate, a un parking de autocaravanas municipal entre el puerto y la playa, a escasos metros del centro que fue magnífico. Completamente informatizado, de manera que cada uno elige los servicios que le interesan y se le reserva una plaza durante 24 horas. Es la mejor organización que he visto hasta la fecha y además, público. Barbate también estaba de fiesta, celebraba su feria, y allí cerca estaban las casetas. Dimos un paseo corto por ella; en esta ocasión parecía una verbena más clásica, pues no había ni mucha gente con traje de gitana, ni todas las casetas tenían sevillanas; algunas tenían música moderna, tipo disco disco. El pueblo cuenta con una disposición urbana de cara al mar, contando con unas playas preciosas. Yo me quedé con muchas ganas de pasesar por la mañana por ellas y por el pueblo, pero nos podían ya las ganas de llegar a Tarifa.
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| Barbate |
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| Caños de Meca |
Tarifa era el otro objetivo del inicio de nuestro viaje, después de San Lucar de Barrameda. La playa de Tarifa, la de los Lances es increíble: larga, ancha, con una arena fina y dorada que la hacen muy atractiva. Pero además es la cuna de kitesurf. El día que llegamos estaba todo el litoral repleto de velas de colores girando y volteando de un lado a otro de la inmesa playa. La imagen es preciosa, aunque no todos los días es posible verlo, pues sino hay viento, como pasó el día siguiente, no hay deportistas practicando. Por lo demás Tarifa tiene un casco pequeño, con un castillo y un entrecruzado de calles estrechas y pequeñas placitas, todo ello lleno de locales donde parar a tomar una cerveza o comer algo. Es un lugar turístico deportivo fundamentalmente. Es curioso cruzar a la Isla de Tarifa o Isla de las Palomas por una estrecha calzada, teniendo el mar Mediterráneo a un lado y el Atlántico al otro. Es una de esas fotos típicas por lo curioso de la situación. La isla es militar y, por tanto, no se puede acceder. Hicimos una excursión al monte cercano al pueblo para realizar una pequeña ruta. Fue dura por el ascenso y por el viento que soplaba constantemente, y más según te acercabas a la cima, donde había una instalación de molinos de viento, que no paraban de girar. La caminata nNo fue muy interesante; únicamente mereció la pena las vistas de Tarifa, de su playa y del mar que desde allí había. Sí se percibe un turismo distinto al del resto de la zona, más joven, más deportista, con muchos lugares donde tomar cervezas y más alternativo.
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| Tarifa |
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| Playa de las Lanzas, Tarifa |
Los alrededores sí tenían más que ofrecernos, como la duna de Valdevaqueros, la playa de Bolonia o la ciudad romana de Baelo. Todo esto lo cuento a continuación. En estos momentos, Luis se empieza a encontrar mal y seré yo sola quien recorra la playa de los lances, caminando, hasta un punto en el que me recogería él con la furgoneta. Está incubando lo que días después descubriríamos que era COVID, así que el final del viaje fue un poco más desagradable e incómodo. Aún así, todavía le permitió disfrutar del día que cuento ahora.
La duna de Valdevaqueros está en la Playa de Punta Paloma, que sigue activa a pesar de haberse fijado en cierta medida, con pinos. De hecho, la carretera estaba cortada al tráfico porque la duna se había "comido" parte de la carretera. Anduvimos por esa gran duna y disfrutamos del paraje tan increíble que proporciona.
En la playa de Bolonia se encuentra el yacimiento romano de Baelo Claudia. Es un conjunto arqueológico de gran importancia, al que se accede por el museo. que se visita sin guía, caminando por el circuito habilitado y visitando las distintas partes que lo forman. Es una ciudad romana cuya actividad era el comercio marítimo y presenta un ejemplo de urbanismo urbano muy interesante. Para mi fue un descubrimiento y me encantó verlo, pasearlo e imaginar cómo sería la vida hace 2000 años allí, frente al mar. Aquí, en un área de autocaravanas, en la playa de Bolonia, pasamos nuestra última noche, antes de emprender el camino de vuelta a casa.
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| Duna de Valdevaqueros |
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| Duna de Valdevaqueros |
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| Baelo Claudia |
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| Baelo Claudia |
Para no hacer el viaje de un tirón paramos en Vejer de la Frontera, aunque Luis prácticamente se quedó en una terraza mientras que yo visitaba la villa y me acercaba a la farmacia a por paracetamol y algún test de COVID para hacerse la prueba. Vejer es muy bonito, en lo alto de una colina, con un casco histórico muy interesante. Allí comimos y tras reponer fuerzas nos encaminamos a la autovía de vuelta, pensando donde hacer noche. Fue Mérida la ciudad, de manera que dividimos el trayecto en dos partes que le hicieron a Luis más llevadero, pues ya, en una área de servicio se hizo la prueba y confirmamos el diagnóstico.
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| Plaza principal de Vejer |
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Puerta de Vejer
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| Vejer de la Frontera |
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| Vejer de la Frontera |
Mérida es una ciudad fantástica, muy interestante por lo atrayente de todos sus restos romanos, que te hacen disfrutar una jornada entera sin dejar de asombrarte. Esto ya lo conté en la entrada de Extremadura, así que aquí termino con esta visita a es comunidad autónoma que tanto nos ha hecho disfrutar y que tanto nos gusta.
Un abrazo a todos los que me leen.
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