sábado, 12 de noviembre de 2022

NAVARRA - Noviembre 2022

¡Qué bonito es el otoño en el norte peninsular! Me encanta ir hacia el norte en esa época del año a disfrutar de estos paisajes llenos de color, y si estos es acompañado de nucleos históricos y monumentales, mucho mejor. Y este es el doble objetivo de esta escapada.

Olite fue la primera parada. Tiene un pequeño área de autocaravanas,  que es ideal para aparcar fácilmente y recorrer la villa. Nada más adentrarse en la villa se percibe un aire monumental, integrado. Comenzamos por el Palacio Real, con todos sus recovecos, pasajes, salas y subidas por escaleras de caracol a sus distintas torres. Quizá merezca la pena una visita guiada que sitúe al visitante en  el momento histórico y comente las distintas dependencias. Nosotros hicimos la visita libre y no hay paneles informativos de ningún tipo, de manera que todo depende de lo recogido de las redes. En el S.XIII, Olite fue un de las sedes reales de los reyes navarros y fue Carlos III, el Noble, quien la dotó de esplendor y belleza, con este Palacio Real, de estilo gótico francés. Siglos de abandono terminaron con la restauración realizada en 1937  que hace posible una visita con un largo y bonito recorrido; nos llevó más de hora y media recorrer el palacio con las paradas y tiempos para las fotos correspondientes. Desde los altos de este palacio se puede ver toda la ciudad para  luego visitarla despacio, caminando. Iglesias, la plaza de Carlos III, casa blasonadas, calles y restos de muralla, merecen un paseo dejándose llevar por un aire medieval. 

Parte de los torreones del Palacio Real

Parte de los torreones del Palacio Real

Parte del recorrido por el Palacio Real








Tafalla, a pocos kilómetros kilómetros de Olite fue el pueblo que nos ofreció donde dormir, en un área de autocaravanas,  un poco alejado del  centro, pero plano, tranquilo, con arbolado y zona de picnic.  Los días fueron soleados, pero la noche caía pronto, al igual que las temperaturas. Dedicamos un par de horas a "patear" Tafalla.  Es el  centro neuralgico de la zona, el más grande, encuentrándose en la AP15, en la carretera que llega a Pamplona. La villa tiene un casco histórico amplio, con muchos recovecos, muy enrevesado. Siguiendo el plano que ofrecen en turismo, se realiza un recorrido que pasa por los palacios, conventos, iglesias, plazas y calles más interesantes.  La vida nocturna, de bares y restaurantes se encuentra alrededor de la Pz. D. Francisco de Navarra. Al ser sábado,  todos estaban muy animados.  

Tafalla

Tafalla

Tafalla

Tafalla
Tafalla
A tan solo 20 km se encuentra Ujué, uno de los pueblos más bonitos de España. La vista de lejos es muy atractiva con el castillo en lo alto y el pueblo dispuesto en la falda de la colina. Muy pintoresco. La decepción nos acompañó también desde la lejanía. Todos los alrededores estaban quemados; un incendio había terminado con muchas hectáreas de zonas replantadas de pinos. Ujué está en un monte aislado; la carretera termina en el pueblo. Todo el paisaje que lo circundea estaba ennegrecido, de manera que era paradójico contemplar la belleza del pueblo rodeado de tanta destrucción.  Al margen de esta impresión,  Ujué es una villa preciosa. La poderosa silueta de su iglesia-fortaleza  es una maravilla. Merece la pena una visita al santuario y al recorrido que rodea la iglesia.; sorprenden las torres, las portadas y capiteles, el mirador de poniente, los retablos de su interior,...... Esto tiene además como telón de fondo unas vistas panorámicas lejanas, que permiten divisar los distintos picos de Pirineos,  nevadas ya en noviembre. 

Vista de Ujué

Iglesia - fortaleza de Ujué







De camino a Lumbier para recorrer la Foz que lleva su nombre, se ven distintos pueblos, todos ellos muy atractivos desde la carretera: S. Martín deUnx, Lerma, Eslava...  Lumbier es un pueblecito en el que confluyen dos ríos, el Irati y el Salazar.L a Foz de Lumbier discurre por primero.  El parking está gestionado por el ayuntamiento y permite dejar los vehículos pagando 3 €, en el inicio de la ruta.  La via del tren iba por la parte baja del cañón, paralelo al río y hoy, convertida en vía verde, permite caminar por ella y disfrutar de 1'5km de recorrido, introduciéndote en los túneles y viendo esos paredones calizos que desembocan en un estrechamiento muy afilado. Por el exterior y bordeando el segundo de los túneles, hay un estrecho sendero al que han instalado cadenas para irse agarrando, finalizando en una bajada de 2 o 3 metros desde donde justo se divisa el final de la foz. Es atrayente la imagen de ese estrecho desfiladero que desemboca en otro cortado.  El trayecto es corto, fácil, amplio, llano, apto para todos los públicos; únicamente hay que tener la precaución de llevar algún tipo de luz para que los ciclitas vean en los túneles a los caminantes. 

Foz de Lumbier                   

Final de la Foz de Lumbier
Sangüesa es otro de esos pueblos de la comarca con mucho patrimonio civil y eclesiástico.  Pero solo pasar por la periferia, se percibe un olor que penetra y se hace insoportable. Pasado un rato, el olfato se fue acomodando, pero de vez en cuando el aire nos recordaba la papelera que está instalada en las afueras. No aporto fotos porque hicimos la visita ya de noche. No era tarde, pero había anochecido y, salvo la Casa Consistorial y el palacio, sede de la escuela de música,  que estaban iluminados, el resto de palacios e iglesias los vimos sin alumbrado. Fue una pena porque se intuían muchos monumentos singulares y un rico patrimonio. En cualquier caso, el olor nos hizo huir hacia Lumbier, donde hay un pequeño área de autocaravanas donde pasamos la noche. 

Hasta el momento habíamos visto pueblecitos preciosos, una zona marcada por mucho patrimonio derivado de la importancia histórica del reino de Navarra. Pero el objetivo de ver el colorido del otoño, no se había cumplido todavía. Así que decidimos adentrarnos un poco más en el Pirineo, así que fuimos a Roncesvalles. Lugar de paso entre España y Francia. El conjunto de casas e instituciones religiosas sigue siendo un enclave importante de perenigraje hacia Santiago. La batalla de Roncesvalles fue en el año 778, con Carlomagno y en 813 se descubre la tumba de Santiago en Galicia, comenzando así las peregrinaciones desde toda la cristiandad. A lo largo de la historia se han ido levantando edificios para atender las necesidades de los peregrinos, desde un hospital en el s. XII,  a la iglesia colegial. Lo cierto es que es interesante visitar esa Colegiata, el claustro,  la capilla o silo de Carlomagno (parte más antigua pues se remonta al s.XII) y la pequeña iglesia de Santiago. Hay además un albergue para peregrinos. Sin embargo el otoño no estaba en su mejor momento; hay mucha zona de pasto, verde y en lo alto muchos robles que o estaban verdes o secos por la escasez de agua. 

Colegiata-claustro

Iglesia de Santiago







Decidimos subir hasta la zona alta del puerto y recorrer en coche el fuerte desnivel que hay para pasar a Francia y llegar a Saint Jean Pie de Port.  Nos sorprendió de la carretera de comunicacion entre los dos países  que el punto más alto, el puerto de Ibañeta está tan solo a 1050m de altitud y que desde ahí, la carretera desciende entre curvas, llegando la zona Navarra hasta pocos kilómetros de Saint Jean Pie de Port. Son varios los pueblecitos navarros que están situados en la parte baja del puerto, adentrándose mucho en el valle que pasará a ser francés. Uno siempre piensa que la cuerda de la montaña es la que separa dos territorios y en este caso no es así; toda la zona por ambos lados del pirineo es territorio español. 

Saint Jean Pie de Port es una interesante y coqueta villa, con sus cuatro puertas de acceso a la ciudad amurallada, la ciudadela en la parte alta y el paseo de ronda que recorre la muralla. Discurre por la parte baja el río Nive con sus puentes y esas calles homogéneas con casas de dos plantas, de piedra rosada y contraventanas de madera pintadas de rojo con tejados de teja tradicional. El pueblo es muy paseable y tiene mucho encanto. Nos sorprendió la vegetación que había en los alrededores y en las pequeñas huertas y es que el clima es muy benigno, situándose en un valle cálido en el que muchos vecinos plantan incluso plataneras. Hicimos un recorrido caminando, disfrutando de un tiempo estupendo y de todas las zonas que la población nos brindaba. Ya casi anocheciendo decidimos volver a España, subir ese puerto con algo todavía de luz y llegar al parquing de autocaravanas de Aoiz a pasar la noche. Por cierto, que este área está en una zona verde que ofrece el río Irati, muy bonita para dormir sin ruidos y amanecer en la naturaleza. 

Puerta de Notre Dame

Puente sobre el rio Nive

Ciudadela de S.Jean Pie de Port

El día se presentaba nublado, con lluvias intermitentes. Decidimos acabar de conocer la zona sur-este de Navarra. Así que fuimos a visitar el Castillo de Javier y el Monasterio de Leyre.  S. Francisco Javier nació en el s. XVI en el castillo, aunque la historia de este fortín se remonta al S.X, en el período de Almanzor. Con los años, el recinto fue creciendo hasta alcanzar su esplendor en el XIV.  La construcción ha pasado por muchas épocas y remodelaciones, pero la restauración actual está genial, moderna, respetuosa con la fortificación, haciendo la visita muy confortable. Mereció la pena y disfrutamos mucho también de la restauración que está realizada con dinero y con gusto. En la capilla se encuentra una imagen del Santo Cristo del s.XV rodeada de una recreación de pinturas encontradas en 1971 que representan la Danza de la Muerte o Danza Macabra. Al parecer estas danzas surgen en el S.XIV coincidiendo con la epidemia de la peste cuando la muerte fue algo habitual. Las cuatro parejas de esqueletos bailan con una sonrisa triunfante sobre la vanidad de la vida. No lo había visto nunca y me llamó muchísimo la atención. 

Castillo de Javier

Capilla del Santo Cristo con los esqueletos

Detalle de Reconstrucción 






La primera noticia de Leyre es del S.IX. Durante el X con el naciente reino, los reyes buscaban sabiduría en los monjes y será Sancho el Mayor, en el S.XI, quien dé forma, robustez y esplendor al monasterio de Leyre.  De la mano de la Orden de Cluny mientras se desarrollaba la ruta jacobea, se albergaba a los peregrinos. Llegó algo después el arte románico, cuya mejor manifestación la tenemos en la cripta y en la Porta Speciosa de la iglesia. Hoy son los monjes benedictinos los que cuidan y viven en el monasterio y cantan gregoriano varias veces al día, pudiendo disfrutar de ello, si coincide con la visita. 

El monasterio de Leyre tiene visitas guiadas en fines de semana, pero en días laborables en otoño, son libres. Eso no fue un inconveniente. En la oficina de tickets ofrecen al visitante la llave para acceder a la cripta y a la iglesia, viéndolo en solitario, como fue nuestro caso; y eso, fue una maravilla; disponer de esas joyas durante el tiempo que uno requiera y en solitario no tiene parangón. Para mi fue una gozada entrar en la cripta en solitario, asombrarme con ese bosque de columnas que son el sostén de la iglesia o recorrer la iglesia despacio, disfrutando de las naves, de las imágenes, de las bóvedas o simplemente del silencio.  Lo que más me gustó además de la cripta fue el pórtico de la iglesia, que muestra con gran belleza las enseñanzas de La Iglesia. Cómo todos los monasterios, la situación donde está edificado es fantástica, rodeados de bosque de robles y pinos y con el pantano de Yesa, ahora con mucha escasez de agua. Desde esta ubicación sí disfrutamos de un tapiz de pinos, quejigos, robles y hayas que pintaban los montes con un bonito colorido otoñal. 

Pórtico de la Iglesia

Cripta de la Iglesia






Paraje del Monasterio de Leyre

El día terminó en Pamplona. Según el parte metereológico, era el único lugar donde la lluvia daría tregua, así que decidimos acercarnos a esa capital. Aparcamos en un parking disuasorio, que permite dejar el vehículo y acercarse gratuitamente en bus urbano al centro de la ciudad. Eso hicimos. Recorrimos el centro, nos paramos por la plaza del Ayuntamiento, donde se inauguran las fiestas de S. Fermín con el chupinazo, entramos en la catedral ( en la que se celebraba un acto religioso curioso, tipo procesión, con canto), paseamos por la plaza del castillo, que es grande y centro vital de la ciudad, entrando al café Iruña a tomar una infusión. Ésta es uno de esas cafeterías antiguas, que mantiene el encanto de la decoración de otros tiempos. Terminamos la jornada con unos vinos y unos pinchos vascos. 

Ayuntamiento Pamplona

Cafe Iruña, Pamplona
Pintxos en Pamplona

Como pasa en estos viajes, siempre quedan cosas por ver. No tuvimos la oportunidad de visitar alguna de sus múltiples bodegas, pues es zona con denominación de origen y a nosotros nos encanta el chateo y probar vinos. También, al otro lado de la carretera nacional que llega a Pamplona, hay pueblecitos que merecen la pena una visita, pero quedan pendientes para otro viaje. Una escapada que nos perminta visitar Artajona (con un recinto amurallado interesante), Puente de la Reina (villa medieval jacobea), Mendigorría o Berbinzana (ambos con yacimientos romanos). 

A lo largo del viaje me he preguntado por qué no tendrá un nombre global la zona que lo identifique como de interés. Algo similar a lo que ocurre con las Merindades de Burgos o los Arribes del Duero de Zamora y Salamanca o con la toscana española de la Matarraña. Son comarcas con entidad propia que aglutinan pueblos y entornos y son conocidos por ello. En cualquier caso, un placer haber descubierto esta zona, quedándome entusiasmo para volver a conocer lo que ha "quedado en tintero".

Saludos y Salud.

1 comentario:

  1. Con muestras explicaciones dan ganas de ir de mañana mismo. Muy bien

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