Tras un verano estático en Segovia, sentía necesidad
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| Itinerario por Castellón |
de salir de mi ciudad y encontrar lugares nuevos. El destino elegido después de ver la previsión metereológica fue Castellón. Partimos un lunes 26 de septiembre hacia Morella para recorrer la provincia tanto el interior como la costa.
Me encanta la sorpresa que causa encontrar sitios que no están planteados en la escapada y que invitan a una parada. Esto nos pasó al pasar por Gormaz. Ya desde lejos se divisa esa colina plana en cuyo alto hay construcciones. Más cerca vimos una fortaleza enorme y un cartel que anuncia fortaleza califal de los siglos X - XV. Paramos y la visitamos, animados por el tamaño, pues aprovecha el perfil del monte, recorriendo en su interior toda la muralla, de alrededor de 1 km, con las torretas a ambos lados, así como del Alcázar que también contiene. Todavía seguíamos en tierras castellanas.
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| Castillo de Gormaz (CyL) |
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| Castillo de Gormaz (CyL) |
Esta visita y la parada para comer hizo que no llegáramos ese mismo día a nuestro destino, Morella, pasando noche en el parking de autocaravanas de Utrillas.
Utrillas, que pertenece a la provincia de Teruel, es un lugar de historia minera y mantiene parte de las instalaciones como atractivo turístico. En el parque que allí hay está el parking de autocaravanas donde pasamos la noche. Curiosamente, es la segunda vez que dormimos en este lugar. Por la mañana, antes de partir, hicimos parte del recorrido minero viendo la importancia que la extracción de carbón tuvo para la zona.
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| Vista panorámica de Utrillas |
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| Utrillas- Zona de minería |
A casi dos horas de distancia llegamos a Morella. En el recorrido,en la carretera, nos sorprendió un monasterio escavado en la roca. Buscando después en Internet vimos que es el Santuario de laVirgen de la Balma, ya en Castellón.
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| Santuario de la Virgen de la Balma |
Llegando a Morella, la entrada ya es impactante con ese monte amurallado que alberga el castillo en lo más alto. En esa parte alta, el ayuntamiento ha preparado un parking enorme, así que desde allí y después de una comida temprana, recorrimos la villa.
Lo primero, el castillo, en lo alto, gigantesco y con muchos siglos de historia, comenzando en el S. X sobre restos anteriores. Nada más entrar, te recibe para mi sorpresa una plaza de toros y de ahí, subiendo, se van descubriendo todas las dependencias: torres defensoras, cárcel, palacio y una muralla que rodea todo el castillo. Para llegar al patio de armas, uno tiene que ascender dos tramos de escaleras de distintas época. Esta sería la zona más alta desde la que se divisa no solo el pueblo sino grandes extensiones. Llama la atención la cantidad de torres que hay en la muralla, uniendo la ronda. Algunas recuperadas y otras muchas no.
El pueblo, en la parte baja también merece la pena una visita. Empezando por las torres de S. Miguel accesibles por escaleras interiores, empinadas, de madera que te llevan por las alturas y realizan el paso de una torre a la otra. La calle principal porticada a ambos lados, la basílica de Sta. María tiene un trascoro y escalera de acceso al coro muy llamativos y en muy buen estado; me encantaron estas dos obras artísticas. Además tiene 3 naves y el órgano que también es de interés. La plaza de Colón es también muy curiosa con esas casas con balcones corridos con el fondo del castillo. En las afueras de la ciudad, en la parte baja, sorteando una vaguada, se encuentran los restos de un curioso acueducto de doble arcada. Sus fiestas deben ser curiosas, según se intuye por los carteles que tienen repartidos por el pueblo. La villa nos encantó, aunque el día no nos acompañó pues hizo un viento muy desagradable que nos incomodó sobre todo en la zona del castillo.
En fin, que a pesar de estar Morella un poco a trasmano (está a unos 65 km de la costa), es un pueblo precioso en el que disfrutar unas cuantas horas.
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| Centro de Morella. Calle porticada |
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Plaza de Colón de Morella
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Vistas desde las Torres de S.Miguel
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Vistas desde el Castillo de Morella
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Llegamos a Peñíscola a dormir en un parking de autocaravanas de pago, muy económico, que cerraba pronto para vehículos, pero caminando estaba abierto las 24 horas y muy cerca del casco. El recorrido para llegar al centro era siguiendo el río. La sorpresa fue la cantidad de agua que allí tienen, al contar con un marjal, que no es más que un manantial subterráneo, que allí llaman Ullal, y que mantienen un pequeño ecosistema muy curioso. El día siguiente daríamos un paseo por las pasarelas de madera instaladas para poder cruzar el marjal.
Yo tenía la ciudad relacionada con centro turístico de masas, así que me llevé una grata sorpresa. Es verdad que la playa está escoltada por edificios de hoteles y apartamentos a lo largo de toda su longitud, que se llenarán en plena temporada estival. En septiembre era una maravilla; aproveché para darme un largo y magnífico baño en el mar. Es en el peñote donde se sitúan el castillo y la zona antigua, adentrándose en el mar, lo que hacen de la villa sea un lugar entrañable. A mi me encantó y descubrí o recordé la historia del Papa Luna. El Castillo pasó de los árabes al rey, pasando por la Orden del Temple hasta que Benedicto XIII, el Papa Luna, instaló allí su sede Pontificia hasta que murió con más de 90 años. Así que el Castillo tiene mucha historia, muchas dependencias y transformaciones, que merece la pena visitarlo.Siguen recuperando zonas del mismo, coo los jardines de la parte más inferior. Como curiosidad, ha sido la primera vez que pago entrada reducida por ser mayor de 60 años, entregando simplemente el DNI. ¡Jajaja, qué bueno, que a uno le haga ilusión tener esa edad! En esa zona antigua hay muchos restaurantes para comer o cenar plácidamente, en terrazas disfrutando del buen tiempo. Mirando valoraciones en Google, decidimos cenar en uno, en una calle animada, con encanto donde terminamos nuestra jornada.
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| Peñíscola |
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| castillo de Peñíscola |
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| El Papa Luna |
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| Vistas desde el castillo de Peñiscola |
Nos metemos un poco hacia el interior para visitar el Castell de Xivert, cupo interés es que perteneció a la orden templaria. El acceso no es nada bueno: camino de piedra suelta, con baches y surcos, muy largo que llega hasta el "aparcamiento". El Castell es grande, gratuito, abierto todo el día, con restos de un poblado árabe, muros de distintas épocas y otras dependencias ya pertenecientes a los templarios. Son bonitas las torres gemelas, reconstruidas, curiosos los grafitis musulmanes (hay que tener interés e imaginación), y el lugar en el que está situado. A pesar de todo, no sé si compensa el recorrido de acceso con el castillo.
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| Castillo de Xivert |
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| Castillo de Xivert |
Lo que si me compensó y con creces es acercarnos al parque natural de Irta, que ha conseguido mantener unos kilómetros de costa vírgenes, sin influencia del turismo. Allí, hay un camino de tierra, peatonal o para bicis, paralelo a la costa que va recorriendo pequeñas calas. Aparcamos en Cala Blanca y desde allí fuimos adentrándonos. En una de ellas, tras pasar el faro de Irta (realizado por mujeres de principio a fin) en la cala Argilaga, me di un baño estupendo, magnífico, casi solitario, con un valenciano que disfrutaba de esa maravilla tanto como yo. Fue este valenciano el que me recomendó cómo visitar la Albufera de Valencia que haríamos más adelante. Anduvimos después un poco más, vimos alguna otra cala, recogimos piedras de colores disfrutando del parque muchísimo.
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| Cala del Parque Irta |
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| Disfrutanto frente al mar. Alcocéber |
Acabamos en Alcocéber, aparcando en uno de los muchos sitios que había paralelos al mar, a muy pocos metros de distancia, dejando huecos para poner las sillas y mesa y cenar frente al mar, arrullados por el murmullo de las olas en la tierra pedregosa. ¡Una DELICIA! Nos acompaño Ricardo, que venía de Matarrañas. Cenamos los tres, cubiertos por la autocaravana, viendo una tormenta seca en alta mar y con una brisa fresca, que fue una gozada. Levantarse por la mañana, darse un baño en el mar para después desayunar frente a él, es un placer para pocos y en contadas ocasiones. Yo he tenido la suerte de disfrutarlo, aunque no tan temprano, un poco más entrada la mañana. Si hay posibilidad, no dejo pasar un día sin baño y "paseo secante".
Después de unas cervezas en un chiringuito, comimos los tres, entre ambas furgos, de frente al mar, un pisto con huevos que nos supo a gloria. Y ya emprendimos el camino rumbo a Sagunto, haciendo una parada en Vilafamés. La visita a este pueblo estaba prevista al ser uno de los pueblos más bonitos de España, con los restos de un castillo, barrio de origen musulmán del siglo XI - VIV y otro posterior, cristiano, que amplió las instalaciones. El pueblo es curioso porque está sobre Roca Grossa ( así lo llaman), de grandes dimensiones de colores terrosos predominando el Rosa. Gran parte de las fachadas estaba construidas con este material, tanto si son de adobe como si son sillares. Hay que dejar los vehículos en un parking a la entrada del pueblo para realizar la visita a pie, ascendiendo hasta el castillo, iglesias, palacios o ayuntamiento, teniendo además muchas casas reconstruidas con estilo y calles empinadas muy cuidadas con vegetación florida en el mes de septiembre. Unas visita que merece la pena.
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| Vilafamés |
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| Vilafamés |
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| Vilafamés |
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| Desde lo alto del castillo de Vilafamés |
De Villafamés llegamos a Sagunto. Ricardo tenía interés en el teatro romano. Llegamos al anochecer, así que fuimos directamente al parking que habíamos elegido en Pero de Sagunto, uno de sus dos núcleos principales. El parking está situado en un parque arbolado a escasos metros de la playa, separado por un paseo peatonal y de las dunas que lo separan del mar. El día siguiente fuimos al otro núcleo para visitar el castillo y el teatro. El castillo es enorme, con vestigios romanos, musulmanes y, por supuesto, cristianos. Yendo tranquilo, se puede tardar más de una hora en verlo, a un lado y otro del acceso principal. El teatro está prácticamente reconstruido. Sólo quedan algunos pequeños paños en los extremos y la estructura general, pero sirve para darse cuenta de la importancia que tuvo y lo monumental que fue y que es. El teatro está muy restaurado, quedando los vestigios de su pasado en dos paños en los extremos. Tras comer en el pueblo, nos despedimos, pues Ricardo volvía a Segovia y nosotros continuábamos por la zona. De hecho, por la tarde nos quedamos en Sagunto para ver el desfile de Moros y Cristianos. Aunque no entendí el sentido de las vestimentas, ni en sí el desfile, sí me llamó la atención cómo había muchas comparsas o parroquias o como se llamen en esta ocasión, llevadas a cabo únicamente por mujeres, guerreras y con unos trajes espectaculares, muy trabajados, coloristas que, además, cambian cada año. Muy curioso, aunque necesitaré buscar más información sobre ello. Llevábamos varios días en la zona y todos los sitios nos hablaban de la festividad de Moros y Cristianos que celebran en muchas localidades, en el mes de septiembre, aunque en distintos fines de semana. Como curiosidad, contar porque nos hizo mucha gracia cómo desde primeras horas de la mañana los lugareños sacan sillas a la calle, atadas entre sí, para reservar sitio para el desfile.
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| Interior del Castillo de Sagunto |
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| Vista del teatro desde una parte del castillo |
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| Interior del castillo de Sagunto. Parte árabe |
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| Reserva de sitios para el desfile |
Finalizado el desfile, decidimos llegar a El Palmar, para hacer una visita a La Albufera de Valencia y ya estar allí desde la mañana. Pero esto ya pertenece a la entrada de Valencia, así que me retiro aquí para dejar algunas fotos.
Que gozada leerte. Espero poder hacer todas estas visitas que explicas. Apuesto por esos baños, desayunos, paseos....
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