Antes dimos un corto paseo por Noia para ver el patio interior del ayuntamiento y la entrada a un instituto que había cerca y que era un edificio antiguo. Enseguida nos fuimos hace nuestro destino del día. El sitio nos sorprendió muy gratamente. Se construyó una central hidroeléctrica a principios del siglo XX. El edificio es de piedra, grande, hoy en desuso, aunque se pueden ver los tubos de bajada. Muy cerca de ella, está la central actual que está en funcionamiento. En los alrededores de la vieja, hay mesas y bancos de piedra para hacer picnic y el sitio está en una buena arboleda. Al fondo hay un puente colgante. Sin tener que cruzarle, sale un sendero que va junto al río, donde se pueden ver los rodeiros, artes de pesca de la lamprea. Al llegar a la casa de los pescadores, bajamos por las escaleras hacia el río y nos entretuvimos sorteando las piedras para adentrarnos en el Tambre. El lugar es fresco, sombrío, con mucho arbolado y se puede seguir el río todavía más, como nosotros hicimos. Llegamos hasta un puente fijo, construido para pasar un brazo de caída de agua. Allí nos sentamos y disfrutamos un rato del paisaje, del frescor y de la soledad.
Al adentrarnos tanto e ir lentamente paseando se nos hizo tarde para ir a comer, así que llamamos a nuestro hotel restaurante Elisardo que nos preparó un arroz con marisco (38 € para dos personas). Estaba bueno y lo disfrutamos mucho con una copa de albariño. Probamos también la empanada de manzana que hace una de las trabajadoras y que nos ofrecieron el primer día en el desayuno. Merece la pena. Está muy rica. Tras este menú, disfrutamos de un merecido descanso hasta que el calor aplacara un poco.
Ya, con el sol más débil, cogimos el coche hacia Porto do Son para ver el anochecer desde un mirador que tiene el pueblo. Volvimos a cenar a Noia. Yo quería ir a El Txoko, que el sábado estaba lleno, que tenía buena puntuación en google y nos lo habían recomendado en el hotel. Fue una decepción porque no tenían nada de marisco ni pescado (solo lo tienen los fines de semana, a pesar de los carteles grandes con su carta). Así que tomamos una ensalada y un paté. Nada que mereciera la pena.
Acabamos el día con un paseo nocturno por el pueblo y un mojito en el único pub que estaba abierto.






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