PARTE SEPTENTRIONAL DE LA RÍA:
ESTEIRO, TAN Y MUROS
Es sábado y decidimos recorrer la parte septentrional de la zona, para llegar a Muros que es uno de los puntos fuertes de la ría. Por supuesto, de camino, fuimos parando.
La primera parada fue buscando Pedra Do Cadro, perteneciente a Esteiro. Era un lugar poco frecuentado y buscamos a través de maps. Nos fue guiando por caminos sin salida, por calles estrechísimas de Esteiro que estaban cortadas, con dificultad para dar la vuelta, etc..... Después de varios intentos fallidos, decidimos abandonar la idea y seguir nuestro camino.
Así que la siguiente parada fue buscando la playa de Parameán, guiados por un blog en el que yo había investigado antes de salir de vacaciones. Decía que esta playa era top familiar, donde había un chiringuito y donde, al parecer se celebran unas regatas el 10 de agosto.
El lugar fue espectacular, muy tranquilo, estuvimos solos. Había dos playas, Parameán, de la que acabo de hablar, y la de Cabanas. Cabanas es un puerto pequeño que conserva la estructura antigua, tradicional, con un espigón que protege las embarcaciones, pero hoy absolutamente en desuso. Allí, en la playa, quedan los restos de una antigua salazón. Son restos de la antigua factoría, que en su día tuvo importancia. Pasamos un buen rato allí, disfrutamos mucho del paisaje, de la pequeña playita, del paseo entre rocas que rodeaban el puerto y la factoría de salazón, en fin..... un momento idílico por la belleza del lugar. El chiringuito estaba, como decían en el blog, pero estaba cerrado. Nada parecía indicar que en ese lugar hubiera nunca mucha aglomeración de gente. El municipio al que pertenece este sitio se llama Tan.
Continuamos ya hacia Muros, con la idea de dar un pequeño paseo y comer. Y eso hicimos. Si Noia es la parte noble de la ría, Muros es el pueblo pesquero de la zona. Una villa históricamente marinera, dedicada a la pesca y el marisqueo. Tiene un casco antiguo muy bonito, con calles y callejones estrechos que lucen nombres originales ( del sufrimiento, de la amargura, de la salud o de la paciencia, son algunos ejemplos). Tiene muchos rincones y la vida, al menos en verano, se hace en terrazas y tascas. Comimos en Casa Petra, con muy buen tino, pues la cocina fue buena y comimos genial, por supuesto, una ración de zamburiñas que estaban exquisitas. Tras un paseo por el pueblo, fuimos al Monte Louro, que era visita imprescindible en la ria.
El monte Louro cierra la ría por ese lateral y es una mole granítica que se adentra en el mar, a modo de península. Tiene doble cumbre y desde lo alto se divisan los dos laterales, con sus dos playas, la laguna de Xalfas y el cordón de dunas, que es por lo que se asemeja el paisaje al del parque del Corrubedo. Es zona también de surfistas al atardecer.
Comenzamos la subida hasta el faro y allí sigue un camino de tierra que cogimos. Al poco, y desde un punto en el que ya se divisaba el otro lado, nos encontramos con un guarda forestal que bloqueaba la senda. Nos confirmó lo que suponíamos, que había profundos badenes como para pasar con un turismo; sin embargo, nos dijo que por la carretera de subida, a la altura de la casa de los pescadores, salía un camino que sí se podía tomar hasta una antena o repetidor. Desde allí, podríamos tomar un sendero, ya estrecho, de subida hasta uno de las dos picos. Eso hicimos, pero desde abajo andando. Yo subí con miedo porque era subida continua de piedra, las zapatillas se agarraban bien, pero a veces suponía zancadas altas, y con caía hacia un lado. Aunque no parecía peligroso, pues no era acantilado, sino monte con vegetación, yo iba temerosa y pensando en la vuelta con menos luz ya. La idea era ver anochecer en lo alto. Las vistas desde lo alto merecieron la pena: que paisaje tan estimulante, tan sedante, que vista más amplia y lejana..... Desde arriba se veía lo prometido y, aunque no vimos ponerse el sol, sí como estaba ya cayendo. La bajada fue mejor de lo esperado y más rápida. Allí se acercó Luis a los huecos que dejaban las rocas y que creaban estructuras y formas muy llamativas, que muestro en alguna de las fotos.
En esa zona del país anochece más tarde y en esta época del año, son más de las 10 de la noche cuando el sol se mete. Así que cogimos el coche ya casi de noche y fuimos a cenar a Muros, a uno de los restaurantes del puerto que tienen más fama. A nosotros no nos gustó, ni eran profesionales, ni la cocina fue buena, ni las raciones generosas. Fue la ración de zamburiñas más pequeña y cara de las hasta ahora tomadas. De ahí, volvimos a Noia a nuestro hotel.









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