martes, 28 de julio de 2020

RÍA DE NOIA Y MUROS - 8 de Julio

Hoy empezamos el día yendo a ver el Ponte de Traba, dentro de Noia, pero ya en las afueras. Es un puente antiguo, quizá del S. XVI, con pilares robustos, con cuatro arcos, todo él de piedra, bien conservado, aunque no se puede acceder por debajo de él. La vista es siempre lateral y desde uno de sus extremos. Como todos los puentes antiguos, bonito de ver y admirar cómo se hacían las obras civiles hace siglos. 

Fuimos a San Xusto, donde había un monasterio hoy en ruinas y con un pequeño recorrido alrededor de lo que han convertido en hotel rural, cerrado en ese momento. Es un paseo corto. 

Al terminar decidimos ir a Santiago de Compostela. Ahora que hay poca gente en todos los sitios, pensamos que sería una buena opción visitarlo con poco público. Y en efecto, acertamos plenamente. La ciudad estaba con muy, muy pocos visitantes, las terrazas medio vacías, se podía elegir el sitio donde comer o tomar algo. Daba un poco pena verlo en esta situación. Entramos en la catedral, con rabia porque estaba toda la nave central en obras, igual que el Pórtico de la Gloria, preparándose para el año próximo que es Xacobeo. Así que lo disfrutamos a medias. Aún así, los paseos por todas las calles, plazuelas, escalinatas, arquerías, etc... fue una delicia. Santiago es una ciudad preciosa, que pocas veces se puede disfrutar en estas condiciones. Allí compré unos pendientes de oro, con la concha típica de Santiago, para bebé pensando en mi nueva sobrina-nieta, que nacerá en unos meses. ¡Espero que a Lucía le guste poner pendientes a la niña!

De vuelta pasamos a ver el famoso Ponte Nafonso. Es algo que aparece en todas la guías turísticas, blogs o libros sobre la zona. También en turismo nos lo recomendaron. Lo vimos desde lejos, cuando paramos en una zona del río donde había muchos chiquillos bañándose, pero no me animé al baño, no daba el sol. Pero sí fotografiamos al puente. Éste es del S. XIX,  construido sobre otro más antiguo, con muchos arcos de medio punto. 

Acabamos aquí ya nuestro viaje. Sí, volvimos a Noia, cenamos al O´forno, a por nuestras últimas zamburiañas y navajas. Buenas raciones y buen precio. Estaba bueno todo. Como queríamos salir pronto de viaje para no pillar calor y conducir Luis despejado, nos fuimos pronto hacia el hotel.  

¿Qué recomendaciones nos dieron?
- Probar los Doblados de DOMINGA, una cafetería típica de allí, situada en el centro de Noia. son unos dulces de hojaldre y crema. Los tomamos un día para desayunar. Están buenos.
- En Muros parece que hay que tomar tortilla romana. A nosotros se nos olvidó, pero parece que es tradición. No la probamos, así que no podemos opinar. 
- Hay un viaje en balandro por la ría. Al parecer hay uno desde Noia (creo que desde O Freixo), que es organizado por el ayuntamiento y otro que sale desde Muros, y es una empresa privada la que lo organiza. Éste es más caro que el primero. Debe merecer la pena porque se ve los bancos marisqueiros y el patrimonio industrial de la ria. 
- Otra cosa que no hicimos, por falta de tiempo y ocasión, fue tomar los berberechos de la zona, de esta ría. Parece que en O Freixo (Outes) es un buen lugar para catarlos.












RÍA DE NOIA Y MUROS - 7 de Julio

Nos encontramos en un domingo en el que anunciaban altas temperaturas, así que reservamos el día para adentrarnos en bosque y realizar el camino del Tambre, conocido como Central Hidroeléctica del Tambre. Está a 10 Km escasos de Noia. 

Antes dimos un corto paseo por Noia para ver el patio interior del ayuntamiento y la entrada a un instituto que había cerca y que era un edificio antiguo. Enseguida nos fuimos hace nuestro destino del día. El sitio nos sorprendió muy gratamente. Se construyó una central hidroeléctrica a principios del siglo XX. El edificio es de piedra, grande, hoy en desuso, aunque se pueden ver los tubos de bajada. Muy cerca de ella, está la central actual que está en funcionamiento. En los alrededores de la vieja, hay mesas y bancos de piedra para hacer picnic y el sitio está en una buena arboleda. Al fondo hay un puente colgante. Sin tener que cruzarle, sale un sendero que va junto al río, donde se pueden ver los rodeiros, artes de pesca de la lamprea. Al llegar a la casa de los pescadores, bajamos por las escaleras hacia el río y nos entretuvimos sorteando las piedras para adentrarnos en el Tambre. El lugar es fresco, sombrío, con mucho arbolado y se puede seguir el río todavía más, como nosotros hicimos. Llegamos hasta un puente fijo, construido para pasar un brazo de caída de agua. Allí nos sentamos y disfrutamos un rato del paisaje, del frescor y de la soledad.  

Al adentrarnos tanto e ir lentamente paseando se nos hizo tarde para ir a comer, así que llamamos a nuestro hotel restaurante Elisardo que nos preparó un arroz con marisco (38 € para dos personas). Estaba bueno y lo disfrutamos mucho con una copa de albariño. Probamos también la empanada de manzana que hace una de las trabajadoras y que nos ofrecieron el primer día en el desayuno. Merece la pena. Está muy rica. Tras este menú, disfrutamos de un merecido descanso hasta que el calor aplacara un poco. 

Ya, con el sol más débil, cogimos el coche hacia Porto do Son para ver el anochecer desde un mirador que tiene el pueblo. Volvimos a cenar a Noia. Yo quería ir a El Txoko, que el sábado estaba lleno, que tenía buena puntuación en google y nos lo habían recomendado en el hotel. Fue una decepción porque no tenían nada de marisco ni pescado (solo lo tienen los fines de semana, a pesar de los carteles grandes con su carta). Así que tomamos una ensalada y un paté. Nada que mereciera la pena. 

Acabamos el día con un paseo nocturno por el pueblo y un mojito en el único pub que estaba abierto. 








RÍA DE NOIA Y MUROS- 6 de Julio

PARTE SEPTENTRIONAL DE LA RÍA: 

                                         ESTEIRO, TAN Y MUROS


Es sábado y decidimos recorrer la parte septentrional de la zona, para llegar a Muros que es uno de los puntos fuertes de la ría. Por supuesto, de camino, fuimos parando. 

La primera parada fue buscando Pedra Do Cadro, perteneciente a Esteiro. Era un lugar poco frecuentado y buscamos a través de maps. Nos fue guiando por caminos sin salida, por calles estrechísimas de Esteiro que estaban cortadas, con dificultad para dar la vuelta, etc..... Después de varios intentos fallidos, decidimos abandonar la idea y seguir nuestro camino. 

Así que la siguiente parada fue buscando la playa de Parameán, guiados por un blog en el que yo había investigado antes de salir de vacaciones. Decía que esta playa era top familiar, donde había un chiringuito y donde, al parecer se celebran unas regatas el 10 de agosto. 
El lugar fue espectacular, muy tranquilo, estuvimos solos. Había dos playas, Parameán, de la que acabo de hablar, y la de Cabanas. Cabanas es un puerto pequeño que conserva la estructura antigua, tradicional, con un espigón que protege las embarcaciones, pero hoy absolutamente en desuso. Allí, en la playa, quedan los restos de una antigua salazón. Son restos de la antigua factoría, que en su día tuvo  importancia. Pasamos un buen rato allí, disfrutamos mucho del paisaje, de la pequeña playita, del paseo entre rocas que rodeaban el puerto y la factoría de salazón, en fin..... un momento idílico por la belleza del lugar. El chiringuito estaba, como decían en el blog, pero estaba cerrado. Nada parecía indicar que en ese lugar hubiera nunca mucha aglomeración de gente. El municipio al que pertenece este sitio se llama Tan.

Continuamos ya hacia Muros, con la idea de dar un pequeño paseo y comer. Y eso hicimos. Si Noia es la parte noble de la ría, Muros es el pueblo pesquero de la zona. Una villa históricamente marinera, dedicada a la pesca y el marisqueo. Tiene un casco antiguo muy bonito, con calles y callejones estrechos que lucen nombres originales ( del sufrimiento, de la amargura, de la salud o de la paciencia, son algunos ejemplos). Tiene muchos rincones y la vida, al menos en verano, se hace en terrazas y tascas. Comimos en Casa Petra, con muy buen tino, pues la cocina fue buena y comimos genial, por supuesto, una ración de zamburiñas que estaban exquisitas.  Tras un paseo por el pueblo, fuimos al Monte Louro, que era visita imprescindible en la ria. 

El monte Louro cierra la ría por ese lateral y es una mole granítica que se adentra en el mar, a modo de península. Tiene doble cumbre y desde lo alto se divisan los dos laterales, con sus dos playas, la laguna de Xalfas y el cordón de dunas, que es por lo que se asemeja el paisaje al del parque del Corrubedo. Es zona también de surfistas al atardecer.
Comenzamos la subida hasta el faro y allí sigue un camino de tierra que cogimos. Al poco, y desde un punto en el que ya se divisaba el otro lado,  nos encontramos con un guarda forestal que bloqueaba la senda. Nos confirmó lo que suponíamos, que había profundos badenes como para pasar con un turismo; sin embargo, nos dijo que por la carretera de subida, a la altura de la casa de los pescadores, salía un camino que sí se podía tomar hasta una antena o repetidor. Desde allí, podríamos tomar un sendero, ya estrecho, de subida hasta uno de las dos picos. Eso hicimos, pero desde abajo andando. Yo subí con miedo porque era subida continua de piedra, las zapatillas se agarraban bien, pero a veces suponía zancadas altas, y con caía hacia un lado. Aunque no parecía peligroso, pues no era acantilado, sino monte con vegetación, yo iba temerosa y pensando en la vuelta con menos luz ya. La idea era ver anochecer en lo alto. Las vistas desde lo alto merecieron la pena: que paisaje tan estimulante, tan sedante, que vista más amplia y lejana..... Desde arriba se veía lo prometido y, aunque no vimos ponerse el sol, sí como estaba ya cayendo. La bajada fue mejor de lo esperado y más rápida.  Allí se acercó Luis a los huecos que dejaban las rocas y que creaban estructuras y formas muy llamativas, que muestro en alguna de las fotos. 

En esa zona del país anochece más tarde y en esta época del año, son más de las 10 de la noche cuando el sol se mete. Así que cogimos el coche ya casi de noche y fuimos a cenar a Muros, a uno de los restaurantes del puerto que tienen más fama. A nosotros no nos gustó, ni eran profesionales, ni la cocina fue buena, ni las raciones generosas. Fue la ración de zamburiñas más pequeña y cara de las hasta ahora tomadas. De ahí, volvimos a Noia a nuestro hotel. 





                 












RÍA DE NOIA Y MUROS - 4 - 5 DE JULIO

RIA DE NOIA Y MUROS:  4 - 5 de julio

Noia, Portiño, Parque del Corrubedo y Castro de Baroña. 4 y 5

El viaje Segovia - Noia, donde queríamos alojarnos, es de 5h 30mn, así que salimos pronto el sábado 11 para poder ya comer allí. Deseábamos recordar el sabor de las zamburiñas que el año pasado nos encantaron, estábamos deseosos de cambio de escenario, de clima, de ambiente, de marisco y, yo también, de agua de mar. 

Al entrada en Noia fue sobre las dos de la tarde, miramos un par de hoteles y dimos con el Elisardo, que ya lo tenía en mi lista de posibles hoteles. Nos ofrecieron un buen precio, una habitación aceptable (era sábado y parecía que había mucho reservado para esa noche; el resto de la semana, al contrario, todo disponible), y una promesa de cambio de habitación a otra mejor, si así lo queríamos.  Dormimos en la extensión del Elisardo, enfrente de la recepción, donde se habían hecho con un piso y acomodado como habitaciones. Era un primer piso de una calle por la que pasaba todo el tráfico de la villa, un ruido constante, pero la habitación estaba muy bien insonorizada. 

Aprovechamos a comer en el mismo hotel. Google le daba buena puntuación al Restaurante Elisardo y siendo ya tarde, decidimos comer allí. Ramón es el responsable del establecimiento y fue él quien nos atendió. Por supuesto que elegimos una ración de zamburiñas, merluza a la gallega y otra ración más. La de zamburiñas, con 10 unidades, estaba buena, pero no fue la mejor de la zona. Comimos bien, con una botella de Albariño que nos tomamos. El madrugón, el viaje, la comida y bebida nos invitaron a una siesta, antes de recorrer el pueblo. 

El centro de Noia es un conjunto histórico - artístico, pensado para pasear por él. Tiene calles estrechas, muchos palacios y casonas de estilo gótico, mucha zona porticada, y en toda esta zona hay un montón de bares - restaurantes que te incitan con sus terrazas a sentarte.  Y eso hicimos, en la Plaza do Tapal, de frente a la Iglesia de S. Martiño, uno de los dos monumentos que uno no puede perderse. Fue un momento "de lujo", sentados en una terraza, con un tiempo estupendo, de frente a esta iglesia - fortaleza, saboreando nuestras primeras vacaciones veraniegas. La importancia de esta parroquia está en la fachada, al ser una sugerente reinterpretación, tres siglos después, del Pórtico de la Gloria compostelano, con los ángeles y ancianos músicos que ostentan sus instrumentos.  De frente a esta fachada, disfrutamos de unos refrescos, antes de proseguir nuestro paseo. 

Recorrimos el casco antiguo, el paseo que llaman la "alameda", las pequeñas plazas y callejuelas, vimos algunos pazos urbanos, recorrimos el río Villacoba atravesando por algunos de sus puentes y vimos la ría desde el paseo que han realizado junto a ella. El tiempo y la ilusión nos acompañó toda la jornada. Acabamos cenando en el interior de uno de los bares porque las terrazas estaban todas repletas y la gente no parecía tener prisa en acabar e irse, así que dimos con una tortilla de calabacín y cebolla y unos pimientos de padrón que nos sirvieron de cena. 

Dormimos bien, el ruido no molestó, las noches son tranquilas y la gente y el tráfico se retira a horas prudenciales.   A las 12 de la noche, sólo quedaba un karaoke algo ruidoso por los alrededores. Las terrazas con gente estaban tranquilas. 

El día siguiente desayunamos en el hotel, un desayuno muy sencillo, sin pretensiones. Vimos la habitación que nos ofrecían y decidimos cambiar. Esta estaba en un 3er piso, super-luminoso,  con mucho ventanal y muy amplia. 

Una vez hecho el traslado fuimos derechos a la oficina de turismo donde nos encontramos a una guía que nos dio todo tipo de información, desde playas, hasta calas, de tascas a recomendación de restaurantes, paseos fluviales e información sobre la ría. Al ser domingo, tocaba mercadillo y eso no nos gusta perdérnoslo. Había puestecillos a ambos lados del rio Villacoba, de ropa, tiestos, comida, ... y el comercio estaba abierto, incluso el mercado local que nos encanta visitar. Allí disfrutamos de las pescaderías que exponen sus piezas de manera tan distinta a como lo hacen en el centro de la península. También  hay otros establecimientos, pero las pescaderías en las zonas marítimas son nuestra delicia, aunque solo veamos, sin comprar. Siempre hay pescado que no conocemos, tamaños que sorprenden, precios más asequibles y preguntamos por alguna especie que nos llama la atención. Además los nombres no suelen ser los mismos que nosotros conocemos, lo que nos hace siempre gracia. 
La otra joya de la villa es la Iglesia, o Igrexa como dicen por allí, de Sta María a Nova, con su museo de lápidas sepulcrales.  Es una iglesia del S. XIV, que contiene uno de los museos más singulares del mundo. A mí me resultó muy curioso la colección de losas de piedra que cubrían las tumbas con sus inscripciones, marcas y grabados, con signos y símbolos relevantes sobre el difunto.  Recorrimos, bueno recorrí yo con detalle todas las lápidas que había en la nave, pues a  Luis no le llamó la atención mucho este museo y me esperó fuera. Pongo una foto del folleto que ofrecen en la entrada, donde explican la clasificación de las lápidas. Yo encontré además ideas para hacer un dibujo en el suelo de nuestro jardín, con piedras de río. 

Decidimos salir de Noia y comer en Portosín. Google nos daba opciones, pero en domingo estaban todas las terrazas llenas, así que comimos A Casa do Tella e Rosalia (regular, un servicio estupendo, pero la comida no tanto) y descansamos un ratito debajo de unos árboles, a la sombra. Tras esto, pensamos en conocer el parque natural de Corrubedo. ¡Qué agradable sorpresa! ¡Qué lujo de playa!

Se deja el coche y hay dos itinerarios. Uno hacia la duna, más corto y sin acceso a la playa. El otro por un sendero de 10 -12 mn para llegar a la playa de Ladeira. Una playa virgen, de arena fina, cristalina y ¡fría! El sendero finaliza en la laguna de Carregal, donde el agua se mantiene más calentita y donde las familias pasan el día al ser aguas más tranquilas. Yo me bañé allí, pero la marea me llevaba hacia la salida al mar, así que decidí irme hacia allí en mar abierto con algo de oleaje, prácticamente en solitario. ¡Qué gozada de baño, qué maravilla! De vuelta al coche me fui secando al sol y al aire, uno de mis mayores placeres del verano. 

Viendo que estamos todavía con luz, sol y buen tiempo, decidimos ir al Castro de Baroña y desde allí, ver la puesta de sol. ¡Dicho y hecho! Fuimos y disfrutamos prácticamente solos del castro. Se accede desde un sendero y desde lejos ya se ve el antiguo castro, las murallas que erigieron y las viviendas de planta circular. Está a 19 Km de Noia situado en una pequeña península rocosa, de cara al mar.  Es un asentamiento que data de la Edad de hierro, habitado desde el S. I a.C.  Desde que bajamos del coche ya se percibía viento, así que nos pusimos toda la ropa que llevamos en el coche y nos vino muy bien. Soplaba allí en las rocas con fuerza y buscando entre las rocas algún rincón más protegido vimos la puesta de sol, pero no esperamos a ver los colores que va cogiendo el cielo, el viento era desagradable y volvimos de regreso, todavía con luz. 

Era tarde, puesto que anochece más tarde de las 10 de la noche, pero fuimos a Porto do Son, y  conseguimos cenar genial enfrente del puerto, en el restaurante Portonadelas, donde tomamos otras zamburiñas exquisitamente guisadas y una cazoleta de pulpo y almejas que estaba estupenda. Todo un acierto. Ya desde allí, al hotel de Noia a dormir.
El día ha sido completísimo.




























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