martes, 10 de marzo de 2020

Andalucía. 5 y 6 de enero. Nerja, Vélez-Málaga, Málaga.

Amanecemos en Nerja con ganas de dar un paseo ya con sol por el corto paseo marítimo y asomarnos de nuevo al balcón de Europa.

Decidimos continuar el viaje hacia Málaga, pero pasando antes por Vélez - Málaga que está señalada como de interés turístico en nuestra guía de carreteras. Al ser 5 de enero, todo lo monumental estaba cerrado. Había ambiente festivo en la calle por la mañana, los preparativos de la cabalgata y tiendas y bares abiertos.

Paseamos por el pueblo dejando a un lado el Mirador de San Cristóbal que ellos conocen como el de los Remedios. subiendo calles hacia arriba, creyendo estar cerca del castillo, fuimos por un barrio que parecía todo él gitano, con casas bajas, blancas, pobres. Subimos y subimos hasta un monte alto desde el que se divisaba el mar y desde donde atisbamos el Castillo. Habíamos llegado a una colina que estaba entre el Mirador de San Cristóbal y el Castillo. Ya no tuvimos ganas de bajar y volver a subir de nuevo. en cualquier caso sería solo para visitarlo por fuera.

Bajamos de nuevo hacia la plaza principal, la de la Carmelitas, pasando por conventos e iglesias. Nos encontramos con el Teatro del Carmen cuya fachada era una antigua iglesia de un convento. También vimos El Pósito, que fue en el S. XVIII un almacén de grano. Un antiguo fragmento de muralla estaba en la Plaza de la Constitución a la que sea accedía desde unas escaleras, pudiendo ver desde arriba el castillo . Ya casi finalizando el paseo, nos sorprendió la Fuente de Fernando VI, de 4 caños, construida en mármol y trasladada desde otra plaza a su actual ubicación por este monarca. ES posible que fuera una fuente anterior, del S. XVI por su aspecto y decoración, a pesar de que la fecha inscrita es la de su traslado.

A pesar de que yo tenía ganas de ir a Torre del Mar a comer, pensamos que era mejor hacerlo aquí y luego ya ir a Málaga, así que eso hicimos. Buscamos el Paseo de Andalucía, donde nos habían dicho de dos restaurantes que no encontramos. Sin embargo, vimos Casa Paqui, lleno de lugareños, con cola para comer y con una barra llena de tapas variadas, así que decidimos solicitar mesa y esperar. Y nuestro olfato nos dio la razón, comimos de lujo, tapas con las cañas y medias raciones: pulpo frito, calamares a la plancha y tortitas de camarones. ¡Un lujo! El único fallo fue que estábamos en la calle con algo de fresco y al lado de una mesa grande donde los adultos, especialmente uno, hablaba a voces. ¡Qué volumen de voz! En fin, pagamos, reservamos hotel en Málaga y nos fuimos hacia allá, sabiendo que al centro, donde habíamos reservado, no podríamos llegar en coche por pasar por las cercanías la cabalgata, como así fue.

Málaga nos recibió con mucha algarabía, mucha gente en la calle, familias enteras que se dirigían hacia alguno de los puntos del recorrido y, por tanto, con dificultad para aparcar. Decidimos hacerlo un poco lejos e ir andando hacia el alojamiento La Casa Mata Central, una antigua casona con patio, reformada como hostel y que en la planta baja habían dejado para tres habitaciones con baño. Pero era todo muy básico, muy elemental... No nos gustó mucho. No importó porque íbamos a dar un paseo por Málaga, eran las 19:00 horas y a la mañana siguiente partíamos temprano de vuelta a casa.
El hombre que nos atendió en el hostel fue muy amable, nos facilitó un mapa y nos habló de dos sitios de tapeo para ir.

Nos echamos a la calle rápidamente, recorrimos el casco histórico que es pequeño y paseable. Estuvimos por la zona de la Catedral y en el recorrido nos encontramos con uno de los bares recomendados, el Orellana. Fue genial. ¡Qué cantidad de tapas! Tomamos una de champiñones con queso que a Luis le entusiasmaron. Después otra de carrilleras, también riquísimas. Allí había más turistas también degustando las tapas y unos nos hablaron de un bar, el de Lola.

Seguimos paseando, disfrutando de las calles animadas y nos "chocamos" con el Lola, en el que había una cola terrible para sentarse. Conseguimos llegar a la barra y hasta el espacio que había estaba reservado, según nos dijo la camarera. Pero encontramos ahí al ladito un hueco para tomar un par de cañas y dos tapas y estuvo genial. ¡Lástima tomarlo tan apretujados!

Parecía que la cabalgata había terminado. La gente empezaba a invadir todas la calles, no sólo las del recorrido y las familias se iban yendo a sus casas. Tras otro paseo, decidimos acercarnos a por el coche e intentar acercarlo lo más posible a la zona del hotel y, sí lo conseguimos, así que pudimos llevar las maletas.

La anécdota final del viaje la tuvimos al llegar a la habitación. Al no encontrar persiana para no ser vistos por el patio interior del hostel y aislarnos del farol que había en la ventana, Luis estuvo viendo la manera de apagar el farol subido en una silla para desconectar. Imposible. Fuimos a la sala de centralita, donde la caja de luces; tampoco, o quitábamos la luz a todo el hotel o se quedaba así. Finalmente, con desilusión, fuimos a la habitación y al abrir la cortinas Luis se dio cuenta de que sí tenía un estor enrollado en la parte alta y que yo no había visto. ¡Por fín! Aunque no habíamos resignado, nos acostamos más tranquilamente y pudimos descansar hasta las 7:30 de la mañana que nos despertamos y emprendimos la vuelta.

El día 6 de enero comenzó temprano; al encontrar en la carretera, ya en las afueras de Málaga, una cafetería abierta, entramos a desayunar para poder atravesar Madrid antes de comer. Llegamos a Segovia a las tres de la tarde, donde nos esperaba Diego con unos macarrones preparados
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