Amanecimos en Baeza dudando si dar otro paseo por la ciudad o ir a conocer Sabiote, hacer un recorrido en la sierra de Granada, antes de llegar a Almuñecar a dormir. Decidimos irnos y seguir descubriendo sitios:
* Sabiote, muy cerca de Úbeda, es un pueblecito con bastante sabor, aunque ya no de la monumentalidad de Úbeda y Baeza. Es una villa amurallada, con distintas entradas y puertas, de las que quedan pocas y flanqueado en una esquina por el castillo. Tenía una zona llamada el Albaicín, blanca, en cuesta, con calles estrechas que se distribuyen en la colina. Alrededor de toda la villa se pueden ver varios valles, aunque el día estaba con algo de niebla y no estaba limpio para divisar la lejanía. Al ser Navidad, tenían decorada la calle principal y algunos de los lugares emblemáticos, como el castillo con un nacimiento de figuras a tamaño real de papel, pintadas, sujetas bajo una estructura y ambientado con puestos ambulantes de quesos, pan, cerámica, etc... La ambientación hecha con poliespán o tela con relleno. En el castillo, soldados y un pequeño campamento.
Dedicamos un par de horas a patear Sabiote, callejeando por el pueblo y visitando la iglesia parroquial en cuya entrada había dos niños que solicitaban el pago de 1 € por ver el nacimiento y lo hacían con aplomo, sin dudar. El nacimiento era grande y estaba muy bien trabajado y realizado. A mí, es que me encantan los nacimientos, las miniaturas de los pueblos y sus tradiciones, con todo detalle.
Acabamos acercándonos al Parque Manuel Jurado, desde el que en días despejados se pueden ver las diferentes sierras y valles que lo rodean: Cazorla, Segura y Despeñaperros.
Desde allí, fuimos de camino a Granada a realizar el Cerro del maúllo, en el Parque Natural Sierra de Huétor. Llegando allí, buscamos donde comer. Todos los pueblecitos son muy pequeños y dudábamos de encotrar un restaurante. Pero lo encontramos en Víznar, una pequeñísima localidad, donde había un asador, el Horno de Viznar y donde pudimos no tomar asado, pero sí una ensalada típica de la zona (no recuerdo el nombre) hecha a base de bacalao, naranja, cebolla y aceitunas negras. Tomamos también un pastel de berengena y otro plato. Todo un poco ligero para poder irnos rápido a realizar la pequeña marcha.
Llegamos a la sierra, donde había varias posibilidades de rutas, de distinta dificultad. Nosotros hicimos la que estaba pensada que era un recorrido de 2 Km con ida a través del bosque y vuelta por un camino amplio. El punto al que había que llegar es un mirador, el del Maúllo, desde el que se contempla la inmensidad de las montañas del Sierra Nevada y desde el que los 360º son de contemplación panorámica. El cerro tiene bastantes trincheras, restos de la Guerra Civil. En 1,30 horas lo hicimos. Fue corto, pero teníamos ganas de poner algo de montaña y senderismo al viaje, que de momento había sido monumental.
Ya desde allí, y anocheciendo, fuimos a Almuñecar donde habíamos decidido en la comida ir a dormir. Fuimos directamente al hotel, en la Playa de San Cristóbal, en primera línea de Playa. El Hotel Playa San Cristóbal nos costó 41€ con desayuno incluido. Las habitaciones tenían nombres de capitales del mundo. La nuestra era Estambul con una TV enorme. El hotel cumplía las expectativas y la localización era ideal, al lado de la playa para recorrer el paseo marítimo y lejos del casco donde hay más ruido. Al llegar al hotel tenían contratado un concierto un cantante que de momento no tenía éxito. Lo cierto, es que cuando llegamos por la noche, la sala estaba llena y el concierto duró un buen rato.
Almuñecar nos sorprendió muy gratamente. El paseo, ya nocturno, por el paseo marítimo de la Caletilla, llegada al centro que es un zoco árabe, al estilo marroquí, aunque con distinto tipo de comercio, muy vital, muy lleno de gente haciendo compras. Buscamos una cafetería caliente donde tomar una manzanilla. No teníamos bien la tripa, por lo que no pensamos en cenar. De vuelta por la zona más moderna hacia el hotel, nos encontramos con el parque del Majuelo, que nos sorprendió por su variedad, tamaño y porque alberga los restos de una factoría de Salazón romana. Resulta que Almuñecar tiene bastantes restos romanos, entre ellos un acueducto del que quedan distintos fragmentos.
Fuimos a dormir, pero con el propósito de dedicar la mañana siguiente a este pueblo que nos ofrecía bastantes posibilidades. Así que el día 4 visitamos:
* Subida al Peñón del Santo, que divide la playa de San Cristóbal y la de la Caletilla y desde la que se tiene buena vista del acantilado, de las playas y del mar.
* El casco antiguo, el zoco, pero ya de día.
* Restos del acueducto y termas romanas que están en el centro de la ciudad.
* Fuimos a turismo situada en una casa singular, el Palacete de la Najarra, que fue de un antiguo terrateniente que se hizo construir este palacio al estilo árabe en decoración, jardines y decoración. Tiene también una casa de muñecas a tamaño natural que realizó en propietario inicial para su hija.
* Finalmente dedicamos un buen rato a pasear y disfrutar el Parque Botánico El Majuelo, con gran cantidad de especies poco frecuentes en el centro de la Península, con esculturas enormes legadas por una visita del presidente Sirio y cuy@s escultor@s eran de aquel país. Allí se encuentran también los restos de la factoría de salazón, de gran interés y de gran sorpresa para nosotros porque no habíamos visto esto nunca.
Ya para finalizar la mañana y antes de irnos hacia Nerja, decidimos comer en un restaurante que el día anterior estaba lleno. Es el bar La Cabaña. De nuevo lleno. Sirven una tapa increíble con cada consumición. Dos tortitas de camarones y otros dos de otra cosa por las dos cervezas. Después pedimos medias raciones. Todo buenísimo, rápido y a muy buen precio. Allí elejimos hotel en Nerja y tras pagar, nos dirigimos hacia allí.
El Hotel Mena Plaza, situado en el centro de Nerja, nos recibió con una habitación majísima por 41 € con terraza. Fue detalle del hotel, que al tener habitaciones disponibles nos subió la calidad de la reserva. Situado en la misma Plaza de España, tras pasar por el arco del Ayuntamiento, adornado con luces navideñas.
Paseamos por Nerja. El día no acompañaba, se puso ventoso y con frío. Nos asomamos al Balcón de Europa, que es de lo más conocido y paseamos por el pueblo. Estaba lleno de extranjeros que pasan allí todo el invierno y se nota en los negocios, bares y restaurantes. El pueblo es de casas solariegas, blancas, grandes, de doble planta, con entradas grandes y sin tráfico, puesto que por muchas calles no hay sitio más que para dos aceras estrechas y un sentido del tráfico. Con los faroles amarillos y sin coches aparcados, las calles tienen mucho sabor. Hay bastantes plazas a recorrer, todas ellas con encanto.
Sin embargo, nos sorprendió la carencia de paseo marítimo. Está a tramos y por la parte baja, puesto que Nerja está situada en la parte alta de una colina.
* Sabiote, muy cerca de Úbeda, es un pueblecito con bastante sabor, aunque ya no de la monumentalidad de Úbeda y Baeza. Es una villa amurallada, con distintas entradas y puertas, de las que quedan pocas y flanqueado en una esquina por el castillo. Tenía una zona llamada el Albaicín, blanca, en cuesta, con calles estrechas que se distribuyen en la colina. Alrededor de toda la villa se pueden ver varios valles, aunque el día estaba con algo de niebla y no estaba limpio para divisar la lejanía. Al ser Navidad, tenían decorada la calle principal y algunos de los lugares emblemáticos, como el castillo con un nacimiento de figuras a tamaño real de papel, pintadas, sujetas bajo una estructura y ambientado con puestos ambulantes de quesos, pan, cerámica, etc... La ambientación hecha con poliespán o tela con relleno. En el castillo, soldados y un pequeño campamento.
Dedicamos un par de horas a patear Sabiote, callejeando por el pueblo y visitando la iglesia parroquial en cuya entrada había dos niños que solicitaban el pago de 1 € por ver el nacimiento y lo hacían con aplomo, sin dudar. El nacimiento era grande y estaba muy bien trabajado y realizado. A mí, es que me encantan los nacimientos, las miniaturas de los pueblos y sus tradiciones, con todo detalle.
Acabamos acercándonos al Parque Manuel Jurado, desde el que en días despejados se pueden ver las diferentes sierras y valles que lo rodean: Cazorla, Segura y Despeñaperros.
Desde allí, fuimos de camino a Granada a realizar el Cerro del maúllo, en el Parque Natural Sierra de Huétor. Llegando allí, buscamos donde comer. Todos los pueblecitos son muy pequeños y dudábamos de encotrar un restaurante. Pero lo encontramos en Víznar, una pequeñísima localidad, donde había un asador, el Horno de Viznar y donde pudimos no tomar asado, pero sí una ensalada típica de la zona (no recuerdo el nombre) hecha a base de bacalao, naranja, cebolla y aceitunas negras. Tomamos también un pastel de berengena y otro plato. Todo un poco ligero para poder irnos rápido a realizar la pequeña marcha.
Llegamos a la sierra, donde había varias posibilidades de rutas, de distinta dificultad. Nosotros hicimos la que estaba pensada que era un recorrido de 2 Km con ida a través del bosque y vuelta por un camino amplio. El punto al que había que llegar es un mirador, el del Maúllo, desde el que se contempla la inmensidad de las montañas del Sierra Nevada y desde el que los 360º son de contemplación panorámica. El cerro tiene bastantes trincheras, restos de la Guerra Civil. En 1,30 horas lo hicimos. Fue corto, pero teníamos ganas de poner algo de montaña y senderismo al viaje, que de momento había sido monumental.
Ya desde allí, y anocheciendo, fuimos a Almuñecar donde habíamos decidido en la comida ir a dormir. Fuimos directamente al hotel, en la Playa de San Cristóbal, en primera línea de Playa. El Hotel Playa San Cristóbal nos costó 41€ con desayuno incluido. Las habitaciones tenían nombres de capitales del mundo. La nuestra era Estambul con una TV enorme. El hotel cumplía las expectativas y la localización era ideal, al lado de la playa para recorrer el paseo marítimo y lejos del casco donde hay más ruido. Al llegar al hotel tenían contratado un concierto un cantante que de momento no tenía éxito. Lo cierto, es que cuando llegamos por la noche, la sala estaba llena y el concierto duró un buen rato.
Almuñecar nos sorprendió muy gratamente. El paseo, ya nocturno, por el paseo marítimo de la Caletilla, llegada al centro que es un zoco árabe, al estilo marroquí, aunque con distinto tipo de comercio, muy vital, muy lleno de gente haciendo compras. Buscamos una cafetería caliente donde tomar una manzanilla. No teníamos bien la tripa, por lo que no pensamos en cenar. De vuelta por la zona más moderna hacia el hotel, nos encontramos con el parque del Majuelo, que nos sorprendió por su variedad, tamaño y porque alberga los restos de una factoría de Salazón romana. Resulta que Almuñecar tiene bastantes restos romanos, entre ellos un acueducto del que quedan distintos fragmentos.
Fuimos a dormir, pero con el propósito de dedicar la mañana siguiente a este pueblo que nos ofrecía bastantes posibilidades. Así que el día 4 visitamos:
* Subida al Peñón del Santo, que divide la playa de San Cristóbal y la de la Caletilla y desde la que se tiene buena vista del acantilado, de las playas y del mar.
* El casco antiguo, el zoco, pero ya de día.
* Restos del acueducto y termas romanas que están en el centro de la ciudad.
* Fuimos a turismo situada en una casa singular, el Palacete de la Najarra, que fue de un antiguo terrateniente que se hizo construir este palacio al estilo árabe en decoración, jardines y decoración. Tiene también una casa de muñecas a tamaño natural que realizó en propietario inicial para su hija.
* Finalmente dedicamos un buen rato a pasear y disfrutar el Parque Botánico El Majuelo, con gran cantidad de especies poco frecuentes en el centro de la Península, con esculturas enormes legadas por una visita del presidente Sirio y cuy@s escultor@s eran de aquel país. Allí se encuentran también los restos de la factoría de salazón, de gran interés y de gran sorpresa para nosotros porque no habíamos visto esto nunca.
Ya para finalizar la mañana y antes de irnos hacia Nerja, decidimos comer en un restaurante que el día anterior estaba lleno. Es el bar La Cabaña. De nuevo lleno. Sirven una tapa increíble con cada consumición. Dos tortitas de camarones y otros dos de otra cosa por las dos cervezas. Después pedimos medias raciones. Todo buenísimo, rápido y a muy buen precio. Allí elejimos hotel en Nerja y tras pagar, nos dirigimos hacia allí.
El Hotel Mena Plaza, situado en el centro de Nerja, nos recibió con una habitación majísima por 41 € con terraza. Fue detalle del hotel, que al tener habitaciones disponibles nos subió la calidad de la reserva. Situado en la misma Plaza de España, tras pasar por el arco del Ayuntamiento, adornado con luces navideñas.
Paseamos por Nerja. El día no acompañaba, se puso ventoso y con frío. Nos asomamos al Balcón de Europa, que es de lo más conocido y paseamos por el pueblo. Estaba lleno de extranjeros que pasan allí todo el invierno y se nota en los negocios, bares y restaurantes. El pueblo es de casas solariegas, blancas, grandes, de doble planta, con entradas grandes y sin tráfico, puesto que por muchas calles no hay sitio más que para dos aceras estrechas y un sentido del tráfico. Con los faroles amarillos y sin coches aparcados, las calles tienen mucho sabor. Hay bastantes plazas a recorrer, todas ellas con encanto.
Sin embargo, nos sorprendió la carencia de paseo marítimo. Está a tramos y por la parte baja, puesto que Nerja está situada en la parte alta de una colina.


















