lunes, 31 de octubre de 2022

Sierra de Huelva y Costa de Cádiz .Abril 2022

 Esta entrada es la continuación de otra anterior. El viaje empezó en Lisboa en Semana Santa, continuó por la provincia de Badajoz, pasó Huelva, recorrió despacio la costa occidental de Cádiz y terminó en Mérida antes de volver a Segovia, nuestra ciudad. En entradas anteriores he relatado todo el viaje a excepción de la parte andaluza, de la que ahora voy a dar cuenta. 

Segunda parte del viaje


Primera parte del viaje







Viniendo desde Zafra y con la intención de pasar un fin de semana en Huelva con nuestros familiares, pasamos por Aracena, donde hicimos noche en un buen parking de autocaravanas para visitar la Gruta de la Maravillas, que es emblema de la ciudad. Está en el centro y la visita es guiada, recorriendo todas las alturas y lagos y disfrutando de las formaciones que en ella se han creado con el paso de los siglos. Es muy bonita y sorprende cómo unos muchachos de la zona fueron sus descubridores. Es una maravilla poder disfrutar de estas joyas subterráneas.  

Al día siguiente, de camino a Huelva,  queríamos ver las explosiones que se están realizando actualmente en las minas de Riotinto y de las que Toñi, nuestra prima onubense, tanto habla con entusiasmo. Así que allí, en un día lluvioso, estuvimos haciendo tiempo en el Mirador del Cerro Colorado para ver los continuos movimientos de camiones, excavadoras yendo y viniendo de un sitio a otro, en ese paisaje rojizo que hace pensar en Marte. Un rato antes de las 14:00 se percibe una disminución de vehículos y cómo van dando la señal de abandono de los mismos. De repente, surgen un par de explosiones, que duran poquísimo, hay que estar bien atento para verlo, aunque el humo y la localización son claras; todo ello visible desde este mirador. La visita a la mina bien merece una parada larga y guiada; nosotros ya lo conocíamos y sólo íbamos al espectáculo, curioso, de los explosivos diarios.  Desde allí, directos a Huelva, a resguardarnos de dos días de lluvia que estaban avisados y que disfrutamos con Diego y Toñi, comiendo en unos sitios, paseando por el muelle o cenando también con el resto de primos de allí. Fue una parada agradable, como siempre, pero corta para seguir a Cádiz, que era nuestro destino principal desde que salimos de Lisboa. 

Minas de Riotinto, desde el Mirador

Minas de Riotinto, desde el Mirador

Muelle de Huelva
 Llegamos a S. Lucar de Barrameda. Este era el   destino que habíamos tenido en mente desde el   principio, así que llegamos con expectativas y con   mucha ilusión. Ya el recibimiento fue buenísimo.   Encontramos un lugar para la autocaravana, en una   vía prácticamente muerta, de frente al mar ya en la   desembocadura del Guadalquivir. Por la noche,   podíamos ver como barcos enormes entraban por allí y se dirigían hacia Sevilla. Fue una sopresa. Yo sabía que era navegable, pero no que estaba en activo de esta manera tan comercial y para barcos de gran tonelaje. Desde la ventana de nuestro "saloncito" contemplábamos la playa, con palmeras en la arena y con la desembocadura al fondo. Un paisaje estupendo. Allí pasamos una noche; la otra lo haríamos en un parking de autocaravanas, para poder descargar y cargar agua. 

Playa de la autcaravana
S. Lucar es una villa situada en un lugar magnífico, en la desembocadura del Guadalquivir en el Oceáno Atlántico, frente a una de las reservas naturales más importantes de Europa, Doñana, contando en su circunscripción con la zona de marismas de la Algaida. Tiene un enclave que le ha dado gran parte de su historia. Son visibles y curiosos los Corrales marítimos, como arte antiguo de pesca. La población es grande, contando por tanto, con todo tipo de infraestructuras.  En el centro histórico, en la parte alta, está el castillo. En los alrededores de éste y en la parte baja hay varias bodegas con su típica manzanilla, casonas, palacios, etc, que hablan de su historia.  Además, este año 2022 goza del título de capital gastronómica, por lo que disfrutamos de algunas buenas tapas servidas en terrazas, con un clima estupendo. Entramos también a degustar un vino en la bodega " La Cigarrera", cuyo cartel y entrada invitaba a ello. El lugar es bonito, la tapa no mereció tanto la pena. En el centro, en una de sus principales plazas hay un homenaje en azulejo a Magallanes, pues partió de allí en busca de aventuras. Son típicas las carreras de caballos en la playa, siendo considerado el festejo de interés turístico internacional, pero eso es en agosto y no tuvimos la ocasión de verlo. Sí paseamos por la playa de la Calzada y la Playa de Bajo de Guía, ambas separadas por el pequeño embarcadero que cruza al otro lado, a la Playa de Doñana. 

Paseamos por la zona, entramos en la Fábrica de Hielo, hoy centro de interpretación, donde compramos una guía de aves de Doñana para poder diferenciarlas una vez estuviéramos allí. La barca que cruza lo hace constantemente, en cuanto hay gente para ello, dejándonos en el comienzo de la playa, en el final del Parque. Fuimos por la mañana para no pasar calor y fue una de las mayores gozadas del viaje. Esa playa kilométrica para nosotros solos, con una gran anchura de arena blanca y fina, divisando y al tiempo alejándonos del otro lado de la costa, viendo desde lo lejos San Lucar y Chipiona y más tarde solo Alta Mar y los barcos que al fondo se desdibujaban. Caminamos un par de horas de ida y otro tanto de vuelta, llegando a comer, aunque fuese ya tarde. En el paseo aprendí a difernciar cormoranes, garcentas, garzas, cigüeñuelas, correlimos y algún otro más. Fue una mañana estupenda, con sol, pero con una temperatura muy agradable. 

Bodegas de San Lucar

Playa en Doñana

Corrales marítimos en S. Lucar

Centro de S. Lucar









La visita a la zona de las marismas estuvo también muy bonita. Fuimos con la furgoneta atravesando Bonanza y llegando hasta una explotación de sal. Bonanza sorpende por la mezcla urbanísitca que convive. Chalés al lado de explotaciones comerciales, de zonas de huerta y zona de marisma. Pasando por la carretera que atraviesa la villa, no se sabe muy bien si se está en zona urbana, rural o industrial. Allí tuvimos una de esas anécdotas para contar con la que uno se ríe después, pero pasa un mal rato en el momento. En un intento de dar la vuelta con la autocaravana, se quedó atrapada en cuesta en un bando de arena. No salía de ninguna manera y las ruedas hacían el desnivel cada vez más grande. Luis y yo arañamos la tierra, excavamos para intentar poner piedras debajo o las cuñas o alguna madera, pero fue imposible.  Fue la ayuda de uno de los agricultores de la zona, que con un cable y su coche 4x4, pudo tirar de la furgo y sacarla.  Gracias a ellos, pudimos continuar con nuestra visita por la zona y llegar a las marismas. Cuando llegamos a la salina, el vigilante nos dejó pasar y aparcar, indicándonos los paseos más recomendables, que son los que realizamos. A la vuelta empezó a lloviznar y él se acercó con su moto para volver charlando con nosotros durante el recorrido. Muy amable el hombre. 

Zona de la Algaida

Zona de Algaida





Tras tanta aventura, fuimos buscando un lugar agradable para comer y nos dirigimos al Pinar de la Algaida. Descansamos un rato y continuamos recorriendo todo ese pinar, cuyas pistas están llenas de baches e irregularidades que hacen que el trayecto sea largo y pesado. Menos mal que la vuelta la hicimos por otro camino más corto que llevaba a carretera ya asfaltada de vuelta a San Lucar. 

Chipiona
A la mañana siguiente, seguiríamos nuestro recorrido por la costa, siendo Chipiona la siguiente parada. Fue una visita corta, un paseo por la ciudad, nos acercamos al faro, pensando en subir, pero estaba completo el pase, así que al pasar por un mercado hicimos una pequeña compra de marisco para ir a cocerlo y tomarlo en la furgo frente al mar. Y eso hicimos, encontramos un bonito parque donde disfrutamos del momento. Seguimos nuestro recorrido por la costa atlántica para llegar a conocer Costa Ballena. La zona es preciosa, con largas y anchas playas de arena fina y una luz limpia que ilumina el mar; las playas esperaban a que las pasearan los que por allí andábamos y una tranquilidad increíble que hacían de los paseos un rato muy especial. Encontramos un lugar para estacionar y pasar la tarde - noche increíble. Había más autocarvanas, todas dispuestas lateralmente para disfrutar de las puestas de sol, del sonido del oleaje y de la luna reflejándose en el agua. Fue un sitio de lujo, de cinco estrellas. 

Chipiona
Costa Ballena

Cost Ballena
Rota nos soprendió muy gratamente. Aparcamos en el puerto, con dudas porque prohibía entrar autocaravanas, pero había alguna, así que decidí preguntar al vigilante. Éste, en principio, dijo que no, pero al decirle que veníamos a comer y a conocer la ciudad, nos dejó quedarnos, puesto que él sería el encargado de la zona el resto de la jornada. Así que ya más tranquilos fuimos de visita turística y además, aprendí a gestionar el tema de las prohibiciones por la zona, que siempre viene bien. 
Teníamos en mente la sede militar americana y eso nos inclinaba a pensar en una población sin atractivo. Sin embargo, tiene un casco amplio y bonito, parques y zonas ajardinadas y la zona cercana al puerto y a la playa cuenta con restos de su pasado: muralla  medieval, puertas de acceso, Castillo de Luna, el Arco de la Villa, mercado, capillas y alguna parroquia de los siglos XVI-XVIII.  El paseo marítimo es  muy agradable y el interior cuenta con bastantes lugares donde sentarse a tomar una tapa o a comer, como nosotros hicimos en Tapa Boca y un helado en donde nos recomendaron, en Margarita, la fresca. Era una heladería artesana, donde tuvimos que guardar una buena cola para pedir nuestro cucurucho. Nos supo a gloria. Así que, no os lo perdáis si pasáis por rota. La villa superó con mucho las expectativas que llevábamos. 

La siguiente sorpresa de Rota fue que estaba en plena feria y que era libre el acceso, así que llegada la noche, nos dirigimos allí para vivir y disfrutar esta fiesta andaluza que yo, hasta el momento, no conocía. Había muchas casetas con música, bebida, comida y baile flamenco. También mujeres con sus trajes de andaluza, pero no eran la mayoría, así que no nos sentimos incómodos en ningún momento y disfrutamos del ambiente y de alguna tapa y vino. Yo, estuve encantada del hallazgo y con pena de no bailar sevillanas en alguna de las casetas; no me atreví, parecía todo el mundo emparejado como para meterme a ver qué pasaba. ¡Otra vez será!

Rota

Ayuntamiento de Rota



Feria de Rota

Es sábado y llegamos a Cádiz. dudábamos si seguir por poblaciones pequeñas o entrar a la "Tacita de Plata". Contactando con unos amigos de la juventud, mi amigo "Floro" nos dijo dónde dejar la autocaravana y nos recomendaron que fuéramos a la zona vieja porque los sábados hay muy buen ambiente por la zona del mercado. No pudimos vernos, pero decidimos seguir esta recomendación y fue un acierto. Cruzando el puente de José León de Carranza, se entra en el barrio de la Cortadura; paralelo a la playa de la Cortadura en la carretera del mismo nombre, dejamos la furgoneta todo el día. Cogimos un autobús urbano que nos llevó hasta la zona del puerto, iniciando nuestro recorrido en el monumento a la Constitución de 1812. Desde allí fuimos caminando por el centro histórico, recorriendo calles estrechas, comerciales, repletas de gente paseando, haciendo compras y también turismo. Vimos plazas y jardines como la de la Candelaria y llegamos a la plaza de las Flores, también preciosa y florida, con mucha vida. Fuimos a ver el teatro romano y a la catedral, subiendo a su torre desde la que se tienen vistas espléndidas de la ciudad, del mar, del puerto; hice fotos de sus 360º de panorámica. Ya cansados, nos adentramos en el Mercado Central, que además de plaza de abastos, es un bullicioso restaurante urbano, que ofrece multitud de pequeños restaurantes con sus especialidades y mesas y sillas para elegir lugar y comida. Allí tras unas cuantas colas en los diferentes establecimientos, comimos sentados, a la sombra, rodeados de gaditanos y turistas que disfrutaban como nosotros de esa mañana de sábado. La tarde la dedicamos a patear; comenzamos por el Teatro Falla (donde se realiza el concurso de coplas de las comparsas y que a mi me encantan), y recorrimos casi toda la periferia costera, desde la Alameda, con esos árboles centenarios, por el Parque Genovés, hasta el Castillo de Santa Catalina para ver la playa de la Caleta, y después recorrer el paseo marítimo, donde al parecer se desplaza la vida por la tarde. Llegamos al parking desde allí, caminando, haciendo una pequeña parada para una infusión. Llegué a la autocaravana cansada, dispuesta a sentarme y relajarme con una puesta de sol en los Caños de Meca para llegar a  Barbate, donde pasaríamos la noche. Un sábado muy fructífero y con gran diversidad de lugares y visitas. 

Parque de la Alameda

Mercado de Cádiz

Plaza de las Flores

Vistas desde la torre de la Catedral

 Después de un día urbano, ruidoso y con gentío, ver el anochecer en los Caños   de Meca fue relajante. De nuevo, poca gente, tranquilidad junto con la calma que produce ver y escuchar el mar. La parada fue corta, pero reconfortante. Unos   kilómetros más al sur, llegaríamos a Barbate, a un parking de autocaravanas  municipal entre el puerto y la playa, a escasos metros del centro que fue magnífico. Completamente informatizado, de manera que cada uno elige los servicios que le interesan y se le reserva una plaza durante 24 horas. Es la mejor organización que he visto hasta la fecha y además, público. Barbate también estaba de fiesta, celebraba su feria, y allí cerca estaban las casetas. Dimos un paseo corto por ella; en esta ocasión parecía una verbena más clásica, pues no había ni mucha gente con traje de gitana, ni todas las casetas tenían sevillanas; algunas tenían música moderna, tipo disco disco. El pueblo cuenta con una disposición urbana de cara al mar, contando con unas playas preciosas. Yo me quedé con muchas ganas de pasesar por la mañana por ellas y por el pueblo, pero nos podían ya las ganas de llegar a Tarifa.

Barbate

Caños de Meca





Tarifa era el otro objetivo del inicio de nuestro viaje, después de San Lucar de Barrameda. La playa de Tarifa, la de los Lances es increíble: larga, ancha, con una arena fina y dorada que la hacen muy atractiva. Pero además es la cuna de kitesurf. El día que llegamos estaba todo el litoral repleto de velas de colores girando y volteando de un lado a otro de la inmesa playa. La imagen es preciosa, aunque no todos los días es posible verlo, pues sino hay viento, como pasó el día siguiente, no hay deportistas practicando. Por lo demás Tarifa tiene un casco pequeño, con un castillo y un entrecruzado de calles estrechas y pequeñas placitas, todo ello lleno de locales donde parar a tomar una cerveza o comer algo. Es un lugar turístico deportivo fundamentalmente. Es curioso cruzar a la Isla de Tarifa o Isla de las Palomas por una estrecha calzada, teniendo el mar Mediterráneo a un lado y el Atlántico al otro. Es una de esas fotos típicas por lo curioso de la situación. La isla es militar y, por tanto, no se puede acceder. Hicimos una excursión al monte cercano al pueblo para realizar una pequeña ruta. Fue dura por el ascenso y por el viento que soplaba constantemente, y más según te acercabas a la cima, donde había una instalación de molinos de viento, que no paraban de girar. La caminata nNo fue muy interesante; únicamente mereció la pena las vistas de Tarifa, de su playa y del mar que desde allí había.  Sí se percibe un turismo distinto al del resto de la zona, más joven, más deportista, con muchos lugares donde tomar cervezas y más alternativo. 

Tarifa

Playa de las Lanzas, Tarifa





Los alrededores sí tenían más que ofrecernos, como la duna de Valdevaqueros, la playa de Bolonia o la ciudad romana de Baelo. Todo esto lo cuento a continuación. En estos momentos, Luis se empieza a encontrar mal y seré yo sola quien recorra la playa de los lances, caminando,  hasta un punto en el que me recogería él con la furgoneta. Está incubando lo que días después descubriríamos que era COVID, así que el final del viaje fue un poco más desagradable e incómodo. Aún así, todavía le permitió disfrutar del día que cuento ahora. 

La duna de Valdevaqueros está en la Playa de Punta Paloma, que sigue activa a pesar de haberse fijado en cierta medida, con pinos. De hecho, la carretera estaba cortada al tráfico porque la duna se había "comido" parte de la carretera. Anduvimos por esa gran duna y disfrutamos del paraje tan increíble que proporciona. 

En la playa de Bolonia se encuentra el yacimiento romano de Baelo Claudia. Es un conjunto arqueológico de gran importancia, al que se accede por el museo. que se visita sin guía, caminando por el circuito habilitado y visitando las distintas partes que lo forman. Es una ciudad romana cuya actividad era el comercio marítimo y presenta un ejemplo de urbanismo urbano muy interesante. Para mi fue un descubrimiento y me encantó verlo, pasearlo e imaginar cómo sería la vida hace 2000 años allí, frente al mar. Aquí, en un área de autocaravanas, en la playa de Bolonia, pasamos nuestra última noche, antes de emprender el camino de vuelta a casa. 

Duna de Valdevaqueros

Duna de Valdevaqueros





Baelo Claudia

Baelo Claudia





Para no hacer el viaje de un tirón paramos en Vejer de la Frontera, aunque Luis prácticamente se quedó en una terraza mientras que yo visitaba la villa y me acercaba a la farmacia a por paracetamol y algún test de COVID para hacerse la prueba. Vejer es muy bonito, en lo alto de una colina, con un casco histórico muy interesante. Allí comimos y tras reponer fuerzas nos encaminamos a la autovía de vuelta, pensando donde hacer noche. Fue Mérida la ciudad, de manera que dividimos el trayecto en dos partes que le hicieron a Luis más llevadero, pues ya, en  una área de servicio se hizo la prueba y confirmamos el diagnóstico. 

Plaza principal de Vejer

Puerta de Vejer








Vejer de la Frontera

Vejer de la Frontera

Mérida es una ciudad fantástica, muy interestante por lo atrayente de todos sus restos romanos, que te hacen disfrutar una jornada entera sin dejar de asombrarte. Esto ya lo conté en la entrada de Extremadura, así que aquí termino con esta visita a es comunidad autónoma que tanto nos ha hecho disfrutar y que tanto nos gusta. 

Un abrazo a todos los que me leen. 






jueves, 20 de octubre de 2022

Valencia en Septiembre

Continuamos nuestro viaje desde la provincia de Castellón, concretamente desde Sagunto.

Itinerario por Valencia

Finalizado el desfile del que hablé en la entrada anterior, decidimos llegar a El Palmar, para hacer una visita a la Albufera de Valencia y ya estar allí desde la mañana.  Teníamos que atravesar la ciudad de Valencia, pero  un gigantesco atasco nos mantuvo parados durante dos horas. Una carrera por la ciudad hizo que se cerrara el paso al otro lado del Turia y en una rotonda tuvimos que parar la autocaravana y esperar. Aprovechamos una terraza cercana para tomar una cerveza y hacer más llevadero este inesperado momento. Con esta situación, llegamos a dormir bien pasadas las doce de la noche. A esas horas, El Palmar era un pueblo fantasma, sin nadie en la calle ni nada abierto. Sin embargo, la mañana cambió el panorama, ristras de turistas extranjeros con el paquete ya realizado y otros muchos en pequeños grupos o en solitario que reservan un paseo en barca  y un restaurante para degustar algún tipo de arroz.

El Palmar era la población recomendada por el valenciano con el que charlé en una cala durante un baño en el Parque de Irta. La villa está en el centro del Parque Natural de la Albufera con tradición arrocera.  Allí hay un gran número de empresas con embarcadero para dar un paseo por la Albufera y muchos restaurantes especializados en arroz y paella. El paseo en barca es una gozada por el paraje, con tanto agua y esa vegetación entre juncos y arrozales. Es un gran humedal con zonas de marjal que le aportan esa cantidad de agua dulce. No obstante, el paseo tiene varias cosas a mejorar. Nuestra barquita tenía, al menos, una fina malla para sombrear, era de motor y, por tanto, ruidosa. El barquero, muy amable, explicaba y respondía a todas las preguntas que se le hacían, pero con el ruido del motor se le oía fatal. Por supuesto, los pobres extranjeros no se enteraban de nada sino sabían español. Entre otras muchas cosas, nos contó que el acceso a la explotación de la Albufera, tanto de pesca como turístico solo es posible siendo del Palmar y perteneciendo a una familia con permiso anteriormente concedido. ¡Es como un derecho de familia! Otra cosa interesante que conocimos durante el paseo fue el índice de salinidad, que es bajo, entorno al 3%, lo que sorprende por la cercanía al mar. Hay muchas almadrabas visibles a lo largo del paseo que recorrimos por la laguna y algunos de los muchos canales. El pez por excelencia es el samaruc, que da nombre a un personaje de la novela de Cañas y Barro, de la que allí,in situ, también hablan. Sin embargo, barracas antiguas, típicas de la novela y serie televisiva posterior, apenas se ven. 

El centro de interpretación se encuentra antes de llegar a El Palmar y merece una visita. Tiene murales explicativos y algunos pequeños paseos con casetas para el avistamiento de aves. Está bien preparado, aunque nosotros lo tuvimos que hacer un poco rápido porque cerraba a las 14:00 y llegamos 45 minutos antes de esa hora. Si embargo, era una hora estupenda para ir a comer. Era domingo y coincidimos con muchas familias valencianas que reservan mesa y arroz en El Palmar. Nosotros elegimos una paella de marisco que estaba muy buena, y que degustamos muy contentos a pesar de que la espera fue un poco larga. 

Barcas y embarcadero en El Palmar

Vista de la Albufera

Arrozales

Paseo en barca en la Albufera








El día era soleado y caluroso y yo no quería perderme un baño en el mar, así que bajamos por la costa hasta la playa de Las Palmeras dónde había poca gente en la arena y nadie en el agua, así que pude elegir zona, mientras Luis me esperaba a la sombra de un edificio. Secarme al sol es otro de los grandes placeres de los que disfruto muchísimo.  Acabamos el día en busca de un lugar para cambiar aguas de la furgo y lo encontramos en un camping donde ya pasamos la noche. Estaba prácticamente vacío, en Mareny de Barraquetes. 

La mañana del lunes amaneció con "resol", con nubes medias que no dejaban ver el horizonte con claridad ni disfrutar de un baño. Así que, se me acabaron los baños en el mar. Tras un paseo por la playa decidimos salir hacia el interior de Valencia donde teníamos prevista varias paradas de interés. La primera sería la Albufera de Anna. Dudábamos si habría agua tras el verano, pero nos aguardaba una grata sopresa.

Esta Albufera es un gran lago, que recoge agua de varios arroyos y de un manantial que nace dentro de él. Paseando por los alrededores, establecimos conversación con un joven del lugar, amante de la naturaleza y del deporte de aventura que nos ofreció muchísima información sobre los cañones, saltos y lugares de interés de la zona, desde Anna hasta Mirelles. Nos dejó perplejos la cantidad de rincones, agua y saltos o gorgos que ofrecía el río Anna al comienzo y el Júcar, más adelante. Hicimos muchos de estos senderos: el gorgo de la Escalera, el sendero que llevaba hasta el gorgo de Gaspar, la fábrica Miguelín y el de los  Vikingos. Cualquiera de ellos, son preciosos, saltos de varios metros, rodeados de vegetación, con buenos caudales, y estando a primeros de octubre,  después de un verano seco. Es un agua limpia, nítida, transparente. Parece que este agua no es estacional. Los acuíferos y manantiales mantienen este nivel de agua. Más adelante, el Salto de Chelsa, que visto desde el mirador del pueblo es increíble.  Siguiendo por esta carretera, llegamos a  Navarrés, donde hay un recorrido, el de los Chorradores. Es un sendero que parte de un aparcamiento, en octubre vacío, pero con pinta de ocuparse en temporada alta, que parte del nacimiento Chorradores, pasa por Fuente Clara, un primer Chorrador, un azud y otro salto final. Todos ello por un sendero descendente y sombrío, aunque la vuelta sería un poco más costosa. Llegamos a Quesa con intención de hacer otra pequeña ruta hacia el salto del molino, pero no lo conseguimos después de muchas vueltas. No había indicaciones y desistimos tras varios intentos. Con esto terminó nuestra incursión en el Canal de Navarrés, que lleva desde Anna hasta Bicorp. Un descubrimiento maravilloso y desconocido completamente para nosotros. 

Uno de los gorgos de Anna

Itinerario de Anna








Un Chorrador, Navarrés

Recorrido por Navarrés

Recorrido en Navarrés

Recorrido en Navarrés

Manantial en Quesa
































Los pueblos de la zona, son pueblos con vida, con población y actividad. Vimos algunas curiosidades:  cómo ponen persianas clásicas, de enrollar, en las puertas, cerrando el acceso a las viviendas.  Muchas de las casas tienen este sistema de protección. Ellos pueden estar dentro y apartan la persiana para entrar o salir. ¡Curioso! 
A Chella llegamos un día de mercado y el pueblo estaba muy animado, con todas las terrazas llenas de gente. Lo que me llamó la atención aquí fue la señalización de aparcamiento que usan. Unos meses se puede en un lado de la calle y otros en el opuesto. ¡Así todos los vecinos contentos, supongo!
Persianas en las puertas. Anna

Aparcamiento en Chella









Lo peor fue continuar la carretera hasta Dos Aguas. Es una carretera de montaña, de curva contra curva, que sube y asciende y vuelve a bajar y que se hace interminable. A medio camino de esta subida encontramos un yacimiento de icnitas, de huellas de dinosaurios, que yo recorrí. Es cierto y se pueden apreciar algunas huellas con ayuda de los murales y carteles allí expuestos. 

Distintos tipos de icnitas

Huellas en el yacimiento de Tambuc








Cambiamos de zona, aunque todavía no de comunidad, pues decidimos llegar a Requena, Villa de interés turístico, a dormir en un parking de autocaravanas. Tras aparcar, dimos un paseo nocturno, no era tarde, pero sí de noche; subimos hacia el castillo y dimos un paseo por la zona antigua: castillo y medina con sus plazas, palacios e iglesias. Fue el día siguiente cuando hicimos un recorrido más instruido, con la información de turismo y tras visitar el centro de interpretación de la ciudad situado en la torre del homenaje. El recorrido histórico artístico de la villa es grandecito; está a falta de rehabilitación y muchos de los antiguos emplazamientos hay que imaginárselos con las explicaciones de los distintos paneles informativos. La medina es bastante grande, con muchas calles y recovecos, que te llevan a placitas, algunas casas antiguas convertidas en museos, algún palacio, capillas e iglesias. Una de las cosas de más interés son los túneles que recorren este barrio, que es conocido como el barrio de la villa. 

Normalmente, cuando vamos de turismo rural es raro que entremos en museos. En esta ocasión visitamos dos enclaves de interés. Una de ellas fue la entrada a las Cuevas de la Villa en la Plaza del Albornoz. Ha sido utilizadas a lo largo de su historia para almacenar cereales y como bodegas de vino. También vimos el osario de la iglesia aledaña. Estas y muchas otras cuevas parece que están comunicadas por túneles de la década de los años 70. La otra visita que realizamos fue a la iglesia más antigua de la villa, la iglesia del Salvador, recientemente rehabilitada. Nos llamó la atención la rehabilitación. A mí me gustó mucho, aunque según nos dijeron fue muy polémica; por otro lado, como suele pasar. 

Requena

Callejón de Paniagua. Requena

Reconstrucción de S. Salvador

Cuevas de la villa. Requena
















Tras comer seguimos nuestro recorrido hacia el parque natural de las Hoces del Cabriel. Teníamos un folleto del parque con distintas rutas. Nosotros queríamos visitar los Cuchillos de Contreras, que Luis había visto en distintos documentales. Para ello, continuamos por la A3 hasta el pantano de Contreras, nos desviamos por una carreterita desde la que se ve la salida de la presa hasta la Reserva Natural de las Hoces del Cabriel, que señala Maps. Nosotros llegamos hasta que el asfalto se convierte en camino de tierra, continuando por él hasta una verja señalada como finca privada. Allí hay que aparcar, pero el paso caminando está permitido. Ese camino, fácil, sencillo, lleva hasta un puente, hoy en desuso.  A lo largo de todo el recorrido se va disfrutando del paraje y de esos picos escarpados que se conocen como los Cuchillos de Contreras. Un día laboral, paseando en solitario por la zona, disfrutando de esa maravilla es una experiencia maravillosa. 

Cambiamos de comunidad ya, entramos en Castilla La Mancha, para dormir en Minglanilla. Buscamos donde pasar la noche, para el día siguiente salir ya de vuelta, rumbo a nuestro hogar. 

Cuchillos de Contreras

Parque del Cabriel. Cuchillos de Contreras

Cuchillos de Contreras

Cuchillos de Contreras-Parue del rio Cabriel


¡HASTA PRONTO!



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