Salimos Luis y yo el martes y así hacer el viaje más tranquilo, ver el parking de autocaravanas y el alojamiento de los chicos. De esta manera, hicimos un viaje sin trávico. La salida de Madrid un Miércoles Santo nos preocupaba.
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Paramos en Elvas, a pocos kilómetros de Badajoz. Esta ciudad, al ser fronteriza, sufrió muchas guerras y ataques a lo largo de su historia, lo que hizo la construcción de murallas, fortificaciones y el castillo. Se pueden divisar los fuertes con forma de estrella que hay en diversos puntos de la villa, además de pasear por las cercanías de la muralla, castello, así como los restos de un acueducto. Paseando por la ciudad, nos sorprendió como tras una fachada de una iglesia de muy poco interés, el interior era muy rico en arquitectura o pintura o imágenes. Entrar, era toda una sorpresa.
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| Acueducto de Elvas |
Fue una parada breve y seguimos rumbo Lisboa donde llegamos por la tarde - noche, todavía con luz para dar una vuelta por la zona y ver posibilidades de cenar. Lo primero fue ver el área de autocaravanas y comprobar la cercanía del apartamento para el día siguiente; luego ya pasear. La zona estaba vacía, los bares y restaurantes sin gente y tras un recorrido por distintas calles, volvimos a la furgoneta a cenar y descansar. Nos quedamos con la localización del único local que estaba lleno de gente cenando y comprando comida
para llevar. Suponíamos que sería bueno, dada la congregación de gente que había únicamente allí. Tuvimos la oportunidad de comprobarlo unos días más tarde.
Ya el miércoles, nos acercamos a Lisboa. El parking de autocaravanas está bastante lejos de la ciudad, al otro lado del Tajo, en Corroios, por lo que hay que atravesar el puente para acercarse a la zona central. Queríamos resolver algunos problemas de intendencia: comprobar que el Aparcamiento de Alcántara (nada más salir del puente a la izquierda) en el que suponíamos posible aparcar por 10€ durante 24 horas, como así fue. Otro asunto a resolver era hacernos con las tarjetas recargables, con billetes individuales para movernos por Lisboa para todos y así tener este aspecto solucionado. Con estos asuntillos solventados y con muchas ganas de pasear y reconocer la ciudad nos "tiramos" a la calle. Un autobús nos llevó hasta el barrio Alto y ya, desde allí, recorrimos calles, miradores, jardines, plazas..... La ciudad es preciosa, está de cara al mar, con el río Tajo llegando a su final, con ese aire nostálgico que ofrecen las callejuelas y el dinamismo de la gente. Sí, Lisboa tiene un encanto especial. Ya al anochecer llegaron los tres jóvenes, dejaron el coche en el mismo parking que nosotros. Allí nos encontramos. Las ganas de disfrutar nos podían a todos, así que cogimos la ciudad con ganas y con un bus llegamos a la zona baja en la que cenamos y disfrutamos de ver algo de la Lisboa nocturna.
La vuelta de nuevo por ese gran puente que une las dos orillas es ahora gratuita; además ya por la noche no hay tanto tráfico y el camino se hace más corto. Los chicos a su hospedaje y nosotros a buscar hueco en el parking, pues ya no moveríamos la furgoneta hasta el domingo. Teníamos el Toyota para movernos todos juntos. Los chicos tenían cada uno su habitación en un apartamento compartido. La cocina les permitía desayunar a su gusto; el único baño era más problemático.Pero bueno, estábamos cerca, juntos y cada uno independiente, ¿qué más podíamos pedir?
El centro histórico y vital de Lisboa tiene dos colinas en las que se sitúan dos de los barrios más emblemáticos de la ciudad: el barrio alto y el chiado y Alfama. Entre ellas, en la parte baja y de manera plana, se sitúa el barrio bajo, donde hay avenidas anchas atravesadas por otras secundarias, plazas muy grandes, mucho comercio y cantidad de restaurantes y lugares para descansar y tomar un refresco o comer. La avenida principal, desemboca en la plaza del comercio, a los pies del río Tajo.
El jueves empezamos por el barrio de Alfama; lo pateamos bien. Cogimos un tranvía y lo primero fue la feira do Ladra (de la que no encontramos más que las marcas de los puestecitos en el suelo), luego visitamos la iglesia de S. Vicente de Fora, el mirador de Gracia, el Panteón, el mirador de Santa Lucía, el de Senhora do Monte. Comimos muy bien, en un restaurante que reservó Patricia (que era la encargada de este apartado), en una terraza con platos muy bien presentados y apetitosos. Ya por la tarde, nos acercamos a la catedral y al castillo de San Jorge. Este espacio lo recorrimos con tranquilidad, disfrutando del día tan estupendo que estaba haciendo y tomando un descanso de toda la jornada. Las vistas de Lisboa desde el Castello son espectaculares. De ahí, ya bajamos al barrio bajo, donde tomamos un café, vimos la Casa dos Bicos donde hicimos unas cuantas fotos y llegamos a la plaza del Comercio donde había una Batukada super animada. Allí estuvimos disfrutando del espectáculo, e incluso, algunos participamos en el baile. Diego, mientras, alquiló un patinete eléctrico y estuvo recorriendo toda la zona. Acabamos el día yendo a cenar para tomar el tranvía nocturno de vuelta al parking. ¡El tranvía tiene su encanto!
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| Mirador del Castello |
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| Elevador de Santa Justa |
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| Plaza del Comercio |
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| Mirador en Barrio Alto |
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| Casa dos Boscos |
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| En el Castillo |
El viernes Santo se veía la capital con mucha más gente. Había muchísimo turismo y españoles una barbaridad. Se oía hablar español continuamente. Esta vez nos dirigimos directamente al barrio de Belém. Queríamos conocer y pasear la zona. Vimos la Torre, el monumento a los Descubridores, paseamos por todo ese paseo ajardinado que discurre paralelo al río y llegamos al Monasterio de los Jerónimos, que tenía unas colas inmensas para entrar. Tras dudar, nos decidimos por visitar la iglesia únicamente y dejar el resto del Monasterio para otra ocasión. Comimos por la zona, ya con otros precios distintos que los días anteriores y por la tarde volvimos a la zona centro a conocer el Barrio Alto y el Chiado. Esta es una zona muy concurrida, de calles estrechas y empinadas, con placitas y mucho sabor. Allí está el mirador de Sao Pedro de Alcántara, que merece una parada, e infinidad de locales de alterne. Es la zona de más vida, sobre todo por la noche. En su parte baja, ya en el Chiado está el elevador de Santa Justa y el Convento do Carmo que no pudimos visitar, pero que sí recorrimos su exterior, todo ello muy ambientado.
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| Monumento a los Descubridores |
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| Los Jerónimos |
Esta noche nos costó encontrar un lugar donde cenar. Estaba atestado de gente y encontramos un "multi-restaurante" muy original, aunque barato no fue. Acabamos la jornada paseando por la zona baixa, recorrimos la avenida de la Libertade, la plaza del Rossio, la de Luis de Camoes, Marqués de Pombal,entre otras y nos despedimos de la ciudad, pues el día siguiente sería ya por los alrededores. Habíamos comido tarde, no teníamos mucho hambre, así que acordamos ir a "nuestro barrio" al local que el primer día habíamos anotado Luis y yo. Cenamos de lujo, el Grelha Viva con una calidad estupenda y un precio muy asequible. Nos dio hasta pena no tener más apetito para degustar más platos.
El sábado ya preferimos vida más tranquila y conocer los alrededores de Lisboa. Fuimos a realizar una pequeña marcha por el parque natural de Arrábida. Hacía mucho calor y el objetivo era llegar a un cabo, un mirador al mar. Anduvimos algo más de una hora y no parecía que el paisaje fuera a ofrecernos más de lo que estábamos divisando. El calor nos hizo dar la vuelta a unos antes que a otros; yo estaba entre los primeros desertores. Con ganas de refrescarnos nos acercamos a Sesimbra, donde pudimos comer, a pesar de la hora y de la cantidad de gente que había y luego dar un pequeño paseo. El día acabó en Praia da Lagoa de Albufeira. ¡Qué playa tan bonita, que larga, qué arena! Caminamos por la playa, cada uno a su antojo, nos hicimos fotos y disfrutamos del anochecer. Por acuerdo absoluto, fuimos a cenar donde el día anterior, al Grelha Viva a repetir alguna de las raciones y probar otras nuevas.
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| Playa de la Albufeira |
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| Setúbal |
Aquí acababa nuestro viaje familiar del año. Al día siguiente, los chicos partían rumbo Madrid y Ávila y nosotros seguiríamos por las cercanías de Lisboa. Se acercaron al parking de autocaravanas a despedirnos con un fuerte abrazo.
Pasamos la jornada del domingo en Setúbal, en los alrededores, en el pueblo y en la zona de marismas. Nos encontramos con recuerdos "museísticos" de la 2ª guerra mundial y nos impresionó la península de Troya, una barra de tierra larguísima, de más de 20 k que cierra la bahía. La zona de marisma fue muy agradable y preciosas las vistas de todo el recorrido. El lunes nos dirigimos hacia Alcácer do Sal donde pasamos la tarde.
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| Recorrido por las cercanías de Setúbal |
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| Península de Troya al fondo |
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| Alcácer do Sal |
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| Alcácer do Sal (puente elevadizo) |
Antes de volver a entrar en España pasamos por Évora, ciudad de gran protagonismo histórico y artístico. La fama de ciudad monumental es bien merecida como se puede ver en las fotos. Estuvimos por los tejados de su catedral, paseando por sus calles y disfrutando del área de autocaravanas que tiene la ciudad para este tipo de viajeros.
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| Muralla de Évora |
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| Restos romanos de Évora |
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| Capilla de los huesos |
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| Visita por los altos de la catedral / Seo |
La siguiente parada fue ya Jerez de los Caballeros. Teníamos pensado conocer algunas villas de la provincia de Badajoz y esto lo contaré en otra entrada.
Hasta la vista atodos los que sigan mi blog.
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