martes, 29 de diciembre de 2020

LOS ANCARES Y LAS MÉDULAS - Octubre 2020

 Esta es la primera escapada del otoño.  Aprovechamos que el viernes 9 de octubre era día no lectivo por corresponder al día del profesor. Como el 12 era lunes, juntamos cuatro días para salir a recorrer los Ancares lucenses y leoneses. 

El  primer día, 9 de octubre salimos tarde de Segovia, llegando a comer a Piedrafita del Cebreiro. El pueblo estaba con bastante  poca actividad.  En el ayuntamiento conseguí algo de información sobre rutas para realizar por la zona. Comimos en el pueblo y antes de seguir pasé por el centro de salud, pues tenía molestias que no quería me impidieran disfrutar del puente.  Me atendieron rapidísimo, muy amables, me recetaron un antibiótico de únicamente dos tomas, lo que resultó además de efectivo, muy cómodo. Tras comprar el medicamento en la farmacia del pueblo seguimos la ruta  fuimos a As Nogais (Nogales). Buscamos hotel por Internet y decidimos ir al Hotel Urogallo. Tuvimos suerte, aunque estaba aislado, con un acceso algo rebuscado, había habitación disponible y el lugar era idílico: verde, mirando al valle, en la mitad del monte, con jardín y terraza,etc.  Como único inconveniente, pasaba cerca y uno de los altísimos viaductos de la A6, aunque no se oía, ni el hotel estaba orientado hacia ella. Allí nos dieron libros e información sobre la zona y decidimos estar en el salón - bar y estudiar la zona. Nos hicieron un sandwich y al día siguiente nos ofrecieron un desayuno muy bien atendido, completo y bueno. Todo ello por un precio muy aceptable, 55€ por todo. 

El sábado 10 de octubre tras el buen desayuno, nos pusimos en marcha, ya con el recorrido claro y con hotel cogido. Al ser puente y tener la zona poca oferta, no encontramos hotel en la parte de Lugo, así que lo tuvimos que coger en Vega de Espinareda, ya en la zona de León. Comenzamos divisando la torre Doncos en los alrededores de As Nogais. Las fotos hablan de ella, así como del  Convento de Penamaior  que fuimos a ver. Se trata de un monasterio de estilo románico de la segunda mitad del siglo XII, catalogado como Bien de Interés Cultural, con un entorno de protección que comprende la iglesia, los restos del antiguo molino, el cementerio y la fragua.  Una ubicación espectacular que merece la pena el desvío para su visita. Proseguimos el camino hasta Proba do navia. 

Recorrrimos el  pueblo, hicimos fotos en su famoso puente y  comimos en la pulpería A Ecola, ¡Genial! De camino, paramos en Piornedo primero y Candín después, para llegar a dormir en Vega de Espinareda. Piornedo destaca por sus payozas tradicionales y su localización; tiene unas vistas espectaculares y también un viento..... grandioso!

El tercer  día: visitamos Vega de Espinareda con visita al Monasterio de San Andrés, ruta de dos horas i+v,  por el camino hacia San Vicente (pueblo abandonado en rehabilitación), siguiendo el río Cúa. La ruta fue tranquila, solo nos encontramos con cazadores, todo siguiendo el río Cúa. ¡Hasta curioso tiene el nombre!  La sorpresa fue el pueblecito final, San Vicente. Un Pueblo auténtico, con mucha construcción civil antigua, casas, aleros grandes, vigas de madera, entramado estrecho..... Había mucho recuperado y mucho otro en ruinas. Subimos hasta la iglesia y desde allí hicimos muchas fotos. Llegamos de vuelta ya tarde, pensando en comer y la sorpresa fue que nos encontramos el coche con un buen pinchazo. El kit de reparación era una novedad para nosotros, inflamos la rueda y fuimos a buscar un taller, que a las las tres y media de la tarde de un domingo nos diera una solución. Y.... ¡tuvimos suerte!, el pinchazo era irreparable, pero pudimos cambiar las dos ruedas delanteras y seguir el viaje. En el mismo hotel donde habíamos hecho noche pudimos comer algo, a pesar de la hora y proseguir el viaje hasta Villafranca del Bierzo donde íbamos dormir. 

Nos levantamos con día precioso en Villafranca del Bierzo, compramos varios kilos de castañas en el mismo hotel (repartiríamos entre amigos) y fuimos a visitar el pueblo antes de proseguir la visita a Las Médulas. Villafranca es un pueblo precioso, con muchas cosas que ver, desde el castillo, palacios, iglesias, etc...  Pateamos bien el pueblo, le dedicamos toda la mañana y lo disfrutamos mucho. Compramos pan y embutido para hacer picnic ya en las Médulas.

El paraje de las Médulas es fantástico. Habíamos visto fotos, ¡claro!, y sabíamos cómo era, pero aún así, nos sorprendió el tamaño de la mina, su historia, los enclaves de los distintos lavaderos, los distintos recorridos a realizar. Elegimos un "atajo", el camino de Reirigo, que lejos de acortar nos llevó por todas las crestas, divisando desde arriba todo el Parque. Precioso el trayecto, pero duro con subidas y bajadas, vimos cuevas, senderos estrechos, ..... disfrutamos aunque al final, teníamos ya ganas de llegar al mirador principal, el Mirador de Orellana y emprender el regreso. Lo conseguimos, nos encantó y las fotos hablan por sí mismas. 

Ya con la noche encima, volvimos a casa, a casi 4 horas de distancia.


Torre Doncos


Convento de Penamaior

A Prova do Navia


Ancares Lucenses

Piornedo

Paseo por Candín


Monasterio San Andrés (Vega Espinareda)

Monasterio San Andrés (Vega Espinareda)


San Vicente


Ruta por el río Cúa

Villafranca del Bierzo

Villafranca del Bierzo

Puerta del Perdón (Villafranca del Bierzo)


Las Médulas

Itinerarios de la Médulas

Las Médulas

Las Médulas en su entorno

viernes, 16 de octubre de 2020

Granada en septiembre 2020

 GRANADA

Cualquier momento es bueno para ir y visitar Granada, pero si ese momento es fuera de temporada alta y con buena compañía, la visita mejora notablemente. 

Ese fue nuestro caso. Viajamos Luis y yo, recogiendo a Mónica y su perrillo en Madrid, un jueves 10 de septiembre, llegando a comer a la ciudad. En 4 horas desde la capital llegamos a Granada. Fueron solo cuatro días; el domingo volvimos, pero fueron suficientes para patear, conocer, visitar, tapear, et.....

Nos alojamos en casa de Mónica. Tenía todavía la casa sin personalizar. A pesar de llevar unos meses en Granada, las estancias de investigación en Madrid, le han hecho aplazar la colocación de todas las cajas con enseres y la decoración. Cuento esto con detalle porque fue una parte importante del viaje. Ella estaba abierta a ideas y cuando algunas de las que le dimos, le gustaron, lo grabó en "su disco duro" y..... SORPRESA..... siete días después, esto es, el domingo siguiente, nos manda unas fotos de su pasillo completamente renovado: pintura, estanterías, libros y colocación de objetos. Nos quedamos anonadados. Mónica es así, siempre sorprende.

Vamos a la ciudad. 

Recorrimos el Albaicín en días distintos. Vimos sus plazas, rincones, calles, bares, terrazas. ¡Cuánto encanto tiene este barrio! Además, no estaba abarrotado. Se podía elegir dónde parar, el sitio para tomar una cerveza, no había aglomeraciones. De hecho, había locales cerrados y poca gente, incluso, por la zona baja donde hay además tiendas y souveniers. Es que eran tiempos de COVID. Para nosotros, una suerte. Disfrutamos del barrio con todo su sabor y  de sus miradores. Disfrutamos de las vistas del mirador de San Nicolás. Otro día del de San Cristóbal. Ambos una delicia. Es verdad que suelen tener mucha gente, pero las vistas de la ciudad con la Alhambra enfrente, son espectaculares. 

Uno de los días hicimos un freetour. Estuvo muy bien, un chico joven que nos iba contando historia, arte, anécdotas y nos paraba en sitios emblemáticos. Había varios freetour a la vez; todos partían de la misma plaza, creo que la Plaza Nueva o la de Santa Ana. Paseamos por los alrededores de la Catedral, la Alcaicería (que, aunque está muy renovada, es preciosa y tiene mucho encanto), parte baja del Albaicín, atravesamos la plaza de Isabel la Católica, uno de los miradores, la iglesia de S. Gregorio Bético en la que paramos para ver cómo las monjas de clausura mantienen su rezo 24 horas, todos los días del año. Entramos y dio la casualidad de que había varias monjas, todas ellas con el velo blanco y cantando. No siempre están todas, sino que se van turnando para mantener el rezo. El velo blanco es con el que se cubren para pasar de la clausura a la iglesia. El guía era un muchacho muy dispuesto que respondía también a preguntas sobre zonas de tapas, restauración, flamenco, etc.....

Teníamos reservada una visita nocturna a los Jardines del Generalife. Esta vez para los tres, Mónica nos acompañó. Es una visión distinta, con iluminación, que aporta una perspectiva más idílica de la monumentalidad y de los jardines. Es un paseo bonito, tranquilo y lo pasamos genial haciéndonos unas fotos. 

El día siguiente, teníamos reservada la visita para la Alhambra. Ya la habíamos visto, pero no nos resistíamos a estar en Granada y no volver a visitarla. La sorpresa mayor fue la cantidad de gente que había y que no suponíamos viendo cómo había estado la ciudad, al menos, los días anteriores. Los Palacios Nazaríes estaban repletos de gente, vigilados por guardias jurados bastante antipáticos y bruscos en el trato con el público. Las fotos eran casi imposibles entre la gente y las mascarillas. Fuera de estas estancias, las visitas eran más relajadas y distendidas. Pudimos disfrutar bien, tanto que echamos la mañana entera. Se nos hizo tardísimo hasta para comer. 

Las tardes las pasábamos con Mónica que nos enseñaba los barrios, las zonas de tapas, barrios como el del Realejo, lugares donde tomar algo, calles, etc.... Como a las 12 de la noche se cerraban los bares, algún día terminamos tomando el cubata en la terraza de su casa. La ginebra sí la tenía ella, la tónica la comprábamos en uno de los "chinos" abiertos hasta tarde.

El último día, el domingo por la mañana, lo empleamos los tres en visitar la catedral, el Mausoleo de los Reyes Católicos y en caminar por el Paseo del Darro. 

La catedral está metida entre callejuelas de manera que solo se aprecia su exterior desde la Plaza de las Pasiegas. Entramos en el interior donde se estaba celebrando la misa el Arzobispo, bien conocido de Mónica, puesto que es su profesor de Siriaco (otra de sus geniales "fricadas". Salimos deprisa para que no la vieran sus compañeros de esta lengua con pantalón corto en ese ambiente religioso. Jajaja!). Rodeando la catedral llegamos al Mauselo que también visitamos, en este caso con la ayuda de audioguías. Finalizamos la mañana paseando por el Camino de los Tristes, o Camino del Darro. Es un paseo que separa los dos lugares más importantes de Granada: La Alhambra y el Albaicín. El paseo tiene un aire romántico, bohemio, acentuado con la presencia de edificios históricos, conventos y con jardines y terrazas. En una de ellas comimos, antes de emprender el camino de vuelta a Madrid y Segovia, a nuestra vida diaria. 

En compañía de nuestra amiga, disfrutamos de las tapas granaínas que te dan de cenar fácilmente. Nos acompañó un tiempo extraordinario, quizá caluroso que nos hizo resguardarnos en casa en las horas de siesta, pero que nos permitió disfrutar del aire libre, de sus terrazas y jardines durante todos los días. 

Tendremos que volver. Nos quedaron cosas de ver como la visita a algún Carmen (vivienda urbana típica de allí con jardines y huerta, situados en las colinas que permiten tener unas vistas espléndidas de la Alhambra o de la ciudad). El de la Victoria  o el de los Geranios, son ejemplos, públicos y gratuitos. El Carmen de los Mártires, bajando desde la Alhambra, es otro de los recomendados, en este caso por el guía, que está catalogado como Bien de Interés Cultural. Además, tenemos que seguir vistiendo, personalizando y decorando la casa. 






















miércoles, 19 de agosto de 2020

VALLE DE TENA - 5 - 9 AGOSTO

 Esta salida cambia de rumbo. Vamos a Pirineos. Hacía mucho que no íbamos y en esta ocasión compartimos viaje con Patricia y Dani. ¡Todo un placer!  Ya llevábamos reservado un apartamento en Tramacastilla de Tena. El alojamiento estaba muy bien, con doble altura el salón, aprovechado un altillo para poner una habitación y abajo estaba el resto. Muy de montaña, como el pueblecito, todo él arreglado, homogéneo, con pizarra, balcones con flores, cuestas, fuentes antiguas de piedra, muy coqueto, como muchos de la zona.

Hicimos varias excursiones:

*  El Portalet, fue la primera marcha que hicimos. Un día de mucho sol, sin una nube que nos protegiera de los rayos y del calor. La zona está libre de árboles, y toda la zona francesa está dedicada al pastoreo de ganado, tanto de vacas como de ovejas. El constante soniquete de los cencerros nos acompañó todo el recorrido. Desde lo alto teníamos concierto en estéreo. Las distancias en la montaña engañan y aunque parecía que todo estaba más cerca, hicimos un buen recorrido, un track que previamente llevábamos previsto, no muy exigente para empezar. Comimos cerca de un cortado, por donde un riachuelo pequeño bajaba. Allí tomamos nuestros bocadillos para luego descender e ir buscando un lugar fresco y agua para hidratarnos. Estábamos sedientos y con ganas de sombra. 

* Tramacastilla está al lado del embalse de Búbal, pero cogiendo un camino de tierra que sale del pueblo (previo pago de 7€ para poder pasar; se coge el ticket en una máquina que expende los pases y que está situada cerca del colegio), se hace un recorrido precioso, vuelta contra vuelta disfrutando de la panorámica que ofrecen los distintos picos y formas geológicas. El camino alcanza el Ibón de Tramacastilla, un lujazo! Con árboles, con un par de mesas de piedra para poder hacer picnic y con posibilidad de baño fresco y limpio en un día de mucho calor y sol. Desde allí hicimos un recorrido por una pista que estaba prohibido el acceso a vehículos, pero frecuentada por ciclistas con bicis eléctricas que les ayudaba a llegar a muchos lugares. El track que hicimos no mereció mucho la pena, descendimos hasta una pequeña construcción (posible vivienda de un vaquero), desde allí, con dudas y preguntando torcimos hacia la derecha, hacia el embalse de Escarra. Tras 1Km -1,5Km nos encontramos con una valla, que aunque la pudimos sortear e hicimos unos cuantos metros mas, el camino era estrecho, sin sombras, se divisaba ya el embalse y no parecía que la panorámica aportara mucho, así que decidimos dar la vuelta. No lo hicimos todos a la vez, yo me adentré un poco más hacia el embalse, aunque regresé tras otro kilómetro más o menos. La vuelta fue durilla, no por el recorrido, como por el sol que nos castigaba en el ascenso. Cogimos el Ibón con ganas y nos dimos un baño delicioso de agua dulce, fresca y natural. 

* El recorrido estrella era el del Ibón de Piedrafita con el reto posterior de llegar al Arco Geológico natural. El camino hasta el Ibón es ascendente continuamente, pero sencillo, unos 6 Km; sube mucha gente de todo tipo. Cuando se llega a él espera una de esas sorpresas que tienen los Pirineos tras los ascensos. Se abre un circo espectacular, precioso, con el Ibón abajo. Allí se queda la mayoría de los senderistas. Patricia y Dani tenían claro que ellos iban a subir hasta el arco; yo me quedaba con ganas, pero con miedo de que fuera dura; Luis optaba por verlo desde abajo. La pareja joven subió la primera, de manera ligera; nosotros parando en cada sombra que encontrábamos, más animada yo que Luis. A mitad del camino, cuando se empieza a poner difícil a mí me entra el arrepentimiento, pero ya no tiene solución, hay que seguir y así, poco a poco, conseguimos llegar al pie del arco y disfrutar,  a su sombra, de la panorámica que desde allí teníamos. Ya descansados, subimos encima de él, nos hicimos fotos, nos sentimos orgullosos de haberlo hecho y buscamos algo más arriba, entre los árboles del pinar, un lugar donde tomar nuestros bocadillos. El agua había que racionarlo, no subimos muchas y fue motivo, incluso de discusión!  ¡Qué día más bonito y que lujo poder estar allí!  El descenso prometía, por lo menos para mí que soy miedosa, pero con la ayuda de Luis que me va ofreciendo hombro y mano, lo hice sin gran sufrimiento. Pasado nuevamente el ibón, nos refrescamos en uno los riachuelos, mojándonos los pies en él. Y ya de vuelta, una merecida cerveza, fue otro lujazo.

* El Saldo de Escarrilla es una ruta propuesta en la zona, de dificultad media, de 5,6Km que llega a una cascada con una poza bastante grande. No miramos bien el perfil de la ruta; únicamente leímos que era muy apta para familias con niños. Así que decidimos hacerla antes de emprender el viaje de vuelta a Madrid y Segovia. Fue un error no mirar bien el trayecto. La subida fue entre bosque con mucho ramaje en gran parte, pero muy dura, con mucho desnivel (320m de desnivel luego vimos) y muy pocas vistas. Una vez arriba se atraviesa una puertezuela y el camino discurre plano, por lo alto hasta llegar a la cascada. Había bastante gente alrededor de la poza, pero sólo uno se atrevió a bañar; otros, como yo estábamos en duda, no estaba claro si estaba permitido el baño. Uno de los caminantes lo aclaró gritando y dijo que no se podía. Ante esto,  nos bajamos un poco deprimidos, ante la posibilidad de un chapuceo refrescante después de un sendero tan malo. La vuelta la hicimos por una pista forestal que daba más vuelta, claro, pero mucho más fácil y llevadera para nuestras rodillas. En el camino se desarrolló de forma rápida una tormenta, con truenos y relámpagos que en la montaña es un espectáculo que sobrecoge. Conseguimos llegar al coche sin estar calados, parando cuando arreciaba algo más fuerte. Fue tormenta eléctrica más que de agua. 

* Otros recorrido cortos sencillo y muy agradables son el Saldo de Sallent de Gállegos. El camino se coge desde las pistas del frontón del pueblo y llega hasta una cascada. Va por bosque casi todo el tiempo y se permite el baño al llegar. Para llegar a la cascada hay que continuar un poco más. 

También es bonito hacerlo desde una de las curvas de bajada desde Panticosa hacia Sallet. Se coge el camino y llega al mismo sitio. También entre árboles. 

* Subir a Panticosa en coche también es precioso. Desde ahí hay nuevas rutas, que esta vez no hicimos. Allí, en el Lago, coincidimos con un concierto de piano, trompeta y narración. Original: el piano estaba metido dentro del lago sobre una plataforma flotante, la pianista iba de largo y rojo, con lo cual era todo muy vistoso. Los espectadores estaban sentados en el suelo, enfrente de donde se había puesto el espectáculo. Había muchos campistas, gente hospedada en el hotel y otros visitantes como nosotros. Se debe hacer un ciclo de actividades culturales por la zona durante los veranos. 

* El tramo que va desde Lanuza a Sallent  de Gállegos es también muy bonito. Hay una carreterilla estrecha  que se puede hacer en coche, bici o andando. Lanuza es un pueblo pequeño, pirenaico, que está situado al pie del embalse de Lanuza. Allí, me di un baño genial nuevamente. También había gente haciendo piragüismo. El ambiente muy tranquilo y un placer bañarte entre montes. 

En Tramacastilla probamos las migas, que son famosas y estaban bien ricas. También compramos quesos de la zona en Escarrilla y turismo gastronómico no hicimos nada más que esto. Unos días fueron bocadillos, otros comida que llevábamos ya preparada y el resto comer o cenar por la zona lo que nos iba surgiendo. 

Portalet

Subiendo en el Portalet

Ibón de Tramacastilla

Concierto en Panticosa


Arco geológico
de Piedrafita

Panorámica desde el Arco geológico de Piedrafita

Saldo de Escarrilla


Posibles rutas




Vista por encima del Arco geológico de Piedrafita
















martes, 4 de agosto de 2020

Escapada en solitario - COSTA DE LA MORTE: Muxía

Esta vez, me voy sola. Bueno, sola es mucho decir. Fui a Muxía con mi hijo, que iba con otros tres amigos a casa de uno de ellos. Al quedar una plaza en el coche, decidí acoplarme y luego hacer allí mi vida. Y eso hice.

Muxía es una pequeña península unida por un istmo. A un lado está la playa y el puerto con el paseo marítimo y al otro, mar abierto. Yo reservé un hostal en la zona de la playa, el Hostal la Cruz. Está genial, con habitaciones al paseo marítimo y al interior, a mí me tocó una de estas últimas.  El hostal está muy bien, reformado, cómodo y muy equilibrado de precio. 40€ la habitación. 

 El primer día, tras comer genial, al lado del hotel, en Casa O Peixe, estuve paseando por el pueblo y recorriendo un lado y otro en busca de una playa donde darme un baño. La del pueblo, que está enfrente del hostal, se queda pequeñísima si la marea está alta. Finalmente acabé bañándome en la playa de Espiñeirido, a la que se accede por un paseo de tablas, cómodo y en el que estábamos literalmente 3 personas, una en una esquina alejada, una señora sentada en su hamaca leyendo y yo, que dejé la toalla y me metí al mar. Un baño estupendo en solitario. Luego, paseando al borde del mar, de un lado a otro, me sequé y ya tarde fui al hostal a ducharme y abrigarme para ir a ver la puesta de sol donde un secadero de congrio. No lo había visto nunca, ¡Qué curioso! ya con el sol caído, fui a cenar a una de las muchas terrazas que hay en el paseo, a A Marina, que me recomendaron. 

 En la mañana del viernes y acompañada de Marisol recorrimos el Monte Corpiño, que está al final de la península y en la que hay paseos circulares. Vimos la iglesia parroquial de Santa María, con unas vistas estupendas a la ría; también fuimos a disfrutar del santuario de Virgen de la Barca, y A Ferida, monumento homenaje del Prestige. Una mezcla fantástica de lo sacro y lo civil, de lo antiguo y lo moderno. El monumento deja una abertura longitudinal, por el que dicen pasa el rayo de sol, antes del ocaso. Yo no pude comprobarlo. Pero el paseo y las vistas fueron geniales.  Llegamos a su casa, don de me invitó a una cerveza. Comimos juntas. Después ella se fue a atender al técnico de las persianas (que no fue)  y yo, después de una infusión, fui caminando a la playa del Lourido.  Está al final del pueblo, tras terminar las últimas casas, siguiendo la acera, luego un arcén amplio y en 15 - 20 minutos se llega a la playa. Está al pie del parador, recién inaugurado.  en el camino vi a mujeres secando al sol algo, con un gran tenedor, esparciéndolo por el suelo. Les pregunté, eran algas que secaban para luego vender a fábricas que facturaban esas algas para alimentación, perfumes, etc... 

La playa es estupenda, amplia y larga, de arena fina. Sí había gente, no demasiada, estábamos bastante dispersos, pocos bañistas, pero yo no resistí y me dí un baño magnífico, casi en solitario, delicioso, con el regalo de secarme al sol paseando por la playa nuevamente, de un extremo a otro. Esta playa es más larga que la del día anterior. 

 Marisol es la madre del amigo de Diego, una mujer estupenda, tranquila, serena, independiente, viajera y sensata. Creo que después de estar dos buenos ratos juntas, compartimos muchas cosas y forma de pensar. Está contentísima con el piso que tiene y tiene motivos para ellos. Me la enseñó y es que está genial. Tiene 3 dormitorios, un salón, cocina y dos baños, así que es grandecito, pero lo mejor es que todo él es con vistas al mar. Desde los ventanales de su casa, disfruta de un panorama marítimo único, tranquilo, despejado......  Me lo enseñó todo, disfrutamos de dos comidas estupendas: una el viernes en Muxía y otra el sábado en la Praia del Lago. Calamares, pulpo flambeado, navajas, pimientos de padrón, revuelto de algas y erizos son las raciones que compartimos ambos días y ninguna de ellas desmejoró a las otras. Todas, exquisitas. 

 El sábado por la mañana lo pasé paseando por los espolones del puerto. Allí estuve viendo como los chicos montaban el pequeño velero y lograban sacarlo al mar. Estuve grabándoles un rato. Fue bonito verlo y lo contento que iba Diego, pues era uno de sus caprichos del viaje, poder navegar con sus amigos. Por la tarde, tras la comida en la Praia del Lago, Marisol me enseñó la ría entera. Vimos a los chicos con el barquito de vela, desde la lejanía, nos acercamos a Merexo a verlos, vimos restos de una iglesia románica que estaba muy escondida y el hórreo que formaba parte del convento un donde almacenaban grano. al parecer es uno de los hórreos más largos que hay. Ya después de comer, paseamos por Camariñas, tomamos café y llegamos a Cabo Vilán. Desde allí seguimos por el camino de los ingleses, un camino de tierra en estado "aceptable", largo, que recorre la costa hasta Arou, donde llegamos ya anocheciendo. Allí ya cogimos carretera de vuelta a Muxia, hasta el hotel donde me dejó y nos despedimos. 

 

La ría es muy bonita, muy paisajística, recorrimos toda la costa entre carreteras y caminos, vimos el cementerio de los ingleses sin acercarnos a él, alcanzamos alguna de las playas menos concurridas y más vírgenes, con muchas rocas de granito rosado, tanto en la playa como en el mar; es la razón del nombre de la Morte. Allí debieron naufragar miles de barcos, entre ellos, el de los ingleses, al que debe el nombre el cementerio y el camino. Las nubes fueron acechándonos toda la tarde y en la playa comenzaron a caer algunas gotas; como hacía fresco y sin sol, nada invitaba a bañarnos, a pesar de ir preparadas para ello.  La tarde fue magnífica. La noche tampoco la desperdicié; salí a picar algo y luego tomé un vino con los chicos que estaban ya preparándose para su cubata. 

 El domingo fue exclusivo para mí. Tenía ya en mente hacer uno de los camino que me habían indicado en turismo. Me sugirieron un recorrido de 9 Km, 3 horas, que iba por la costa y volvía por el interior. Yo, estando sola y sin conocer la zona, decidí comenzar e ir viendo hasta donde llegar. Durante el trayecto no me crucé con nadie, únicamente en la aldea de Chorente, pregunté a un paisano por el camino para continuar hacia la Praia Maior por la costa. El trayecto fue muy bonito, por un camino amplio, en el bosque y por tanto, con sombra la mayor parte del tiempo, cosa que se agradecía porque hacía bastante calor. Se iba divisando el perfil del acantilado, las playas y fue cuesta arriba hasta Chorente y de descenso desde allí hasta el parking de Os Muiños, donde la gente deja el coche para acercarse a la playa. 

 Desde luego el nombre de la playa hace honor al tamaño. Es la mayor de la zona, virgen, se alcanza tras caminos de tablas para vencer las pequeñas dunas de arena blanca. Es ancha, larga, en forma de bahía, con mar abierto, pero con marea tan baja, que se podía uno adentrar bastante y nadar si apenas oleaje. Esta vez no fui la única en el agua, pero tampoco abundaban los bañistas. El agua estaba buenísima y se podía estar dentro sin perder temperatura corporal. Me dí un buen baño, me sequé al sol, paseando como me gusta. Tras ello, decidí no seguir el circuito y volver por el mismo camino. Eran ya las 14:00 y quería comer tranquilamente, descansar y ducharme, antes de que me vinieran a buscar Diego y sus amigos para emprender la vuelta.  Eso hice. La vuelta fue algo más corta; iba ya más segura, aunque tampoco me crucé con nadie, ni siquiera vi a ningún paisano en el recorrido. Tardé unos 50 minutos en volver. Me costó una hora que me atendieran en el restaurante, pero llegó mi merluza en caldeirada que estaba buenísima. Ya el resto no tiene ningún glamur, lo que deseaba y estaba previsto: una buena ducha y un pequeño descanso.

Recomendaciones:

* En Lonxa dàlvaro tomar el pulpo flambeado.

* En la Praia del Laog, comer en Bar Restaurante O Paraíso. Exquisitos los calamares.

Plano de Muxía


Praia de Muxía. Al fondo el hotel

Monte Corpiño: Santuario y monumento al Prestige

Monte Corpiño. Piedra famosa

Muxía: mujeres secando algas

Praia de Lourido

Recorrido para caminar










martes, 28 de julio de 2020

RÍA DE NOIA Y MUROS - 8 de Julio

Hoy empezamos el día yendo a ver el Ponte de Traba, dentro de Noia, pero ya en las afueras. Es un puente antiguo, quizá del S. XVI, con pilares robustos, con cuatro arcos, todo él de piedra, bien conservado, aunque no se puede acceder por debajo de él. La vista es siempre lateral y desde uno de sus extremos. Como todos los puentes antiguos, bonito de ver y admirar cómo se hacían las obras civiles hace siglos. 

Fuimos a San Xusto, donde había un monasterio hoy en ruinas y con un pequeño recorrido alrededor de lo que han convertido en hotel rural, cerrado en ese momento. Es un paseo corto. 

Al terminar decidimos ir a Santiago de Compostela. Ahora que hay poca gente en todos los sitios, pensamos que sería una buena opción visitarlo con poco público. Y en efecto, acertamos plenamente. La ciudad estaba con muy, muy pocos visitantes, las terrazas medio vacías, se podía elegir el sitio donde comer o tomar algo. Daba un poco pena verlo en esta situación. Entramos en la catedral, con rabia porque estaba toda la nave central en obras, igual que el Pórtico de la Gloria, preparándose para el año próximo que es Xacobeo. Así que lo disfrutamos a medias. Aún así, los paseos por todas las calles, plazuelas, escalinatas, arquerías, etc... fue una delicia. Santiago es una ciudad preciosa, que pocas veces se puede disfrutar en estas condiciones. Allí compré unos pendientes de oro, con la concha típica de Santiago, para bebé pensando en mi nueva sobrina-nieta, que nacerá en unos meses. ¡Espero que a Lucía le guste poner pendientes a la niña!

De vuelta pasamos a ver el famoso Ponte Nafonso. Es algo que aparece en todas la guías turísticas, blogs o libros sobre la zona. También en turismo nos lo recomendaron. Lo vimos desde lejos, cuando paramos en una zona del río donde había muchos chiquillos bañándose, pero no me animé al baño, no daba el sol. Pero sí fotografiamos al puente. Éste es del S. XIX,  construido sobre otro más antiguo, con muchos arcos de medio punto. 

Acabamos aquí ya nuestro viaje. Sí, volvimos a Noia, cenamos al O´forno, a por nuestras últimas zamburiañas y navajas. Buenas raciones y buen precio. Estaba bueno todo. Como queríamos salir pronto de viaje para no pillar calor y conducir Luis despejado, nos fuimos pronto hacia el hotel.  

¿Qué recomendaciones nos dieron?
- Probar los Doblados de DOMINGA, una cafetería típica de allí, situada en el centro de Noia. son unos dulces de hojaldre y crema. Los tomamos un día para desayunar. Están buenos.
- En Muros parece que hay que tomar tortilla romana. A nosotros se nos olvidó, pero parece que es tradición. No la probamos, así que no podemos opinar. 
- Hay un viaje en balandro por la ría. Al parecer hay uno desde Noia (creo que desde O Freixo), que es organizado por el ayuntamiento y otro que sale desde Muros, y es una empresa privada la que lo organiza. Éste es más caro que el primero. Debe merecer la pena porque se ve los bancos marisqueiros y el patrimonio industrial de la ria. 
- Otra cosa que no hicimos, por falta de tiempo y ocasión, fue tomar los berberechos de la zona, de esta ría. Parece que en O Freixo (Outes) es un buen lugar para catarlos.












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