sábado, 12 de noviembre de 2022

NAVARRA - Noviembre 2022

¡Qué bonito es el otoño en el norte peninsular! Me encanta ir hacia el norte en esa época del año a disfrutar de estos paisajes llenos de color, y si estos es acompañado de nucleos históricos y monumentales, mucho mejor. Y este es el doble objetivo de esta escapada.

Olite fue la primera parada. Tiene un pequeño área de autocaravanas,  que es ideal para aparcar fácilmente y recorrer la villa. Nada más adentrarse en la villa se percibe un aire monumental, integrado. Comenzamos por el Palacio Real, con todos sus recovecos, pasajes, salas y subidas por escaleras de caracol a sus distintas torres. Quizá merezca la pena una visita guiada que sitúe al visitante en  el momento histórico y comente las distintas dependencias. Nosotros hicimos la visita libre y no hay paneles informativos de ningún tipo, de manera que todo depende de lo recogido de las redes. En el S.XIII, Olite fue un de las sedes reales de los reyes navarros y fue Carlos III, el Noble, quien la dotó de esplendor y belleza, con este Palacio Real, de estilo gótico francés. Siglos de abandono terminaron con la restauración realizada en 1937  que hace posible una visita con un largo y bonito recorrido; nos llevó más de hora y media recorrer el palacio con las paradas y tiempos para las fotos correspondientes. Desde los altos de este palacio se puede ver toda la ciudad para  luego visitarla despacio, caminando. Iglesias, la plaza de Carlos III, casa blasonadas, calles y restos de muralla, merecen un paseo dejándose llevar por un aire medieval. 

Parte de los torreones del Palacio Real

Parte de los torreones del Palacio Real

Parte del recorrido por el Palacio Real








Tafalla, a pocos kilómetros kilómetros de Olite fue el pueblo que nos ofreció donde dormir, en un área de autocaravanas,  un poco alejado del  centro, pero plano, tranquilo, con arbolado y zona de picnic.  Los días fueron soleados, pero la noche caía pronto, al igual que las temperaturas. Dedicamos un par de horas a "patear" Tafalla.  Es el  centro neuralgico de la zona, el más grande, encuentrándose en la AP15, en la carretera que llega a Pamplona. La villa tiene un casco histórico amplio, con muchos recovecos, muy enrevesado. Siguiendo el plano que ofrecen en turismo, se realiza un recorrido que pasa por los palacios, conventos, iglesias, plazas y calles más interesantes.  La vida nocturna, de bares y restaurantes se encuentra alrededor de la Pz. D. Francisco de Navarra. Al ser sábado,  todos estaban muy animados.  

Tafalla

Tafalla

Tafalla

Tafalla
Tafalla
A tan solo 20 km se encuentra Ujué, uno de los pueblos más bonitos de España. La vista de lejos es muy atractiva con el castillo en lo alto y el pueblo dispuesto en la falda de la colina. Muy pintoresco. La decepción nos acompañó también desde la lejanía. Todos los alrededores estaban quemados; un incendio había terminado con muchas hectáreas de zonas replantadas de pinos. Ujué está en un monte aislado; la carretera termina en el pueblo. Todo el paisaje que lo circundea estaba ennegrecido, de manera que era paradójico contemplar la belleza del pueblo rodeado de tanta destrucción.  Al margen de esta impresión,  Ujué es una villa preciosa. La poderosa silueta de su iglesia-fortaleza  es una maravilla. Merece la pena una visita al santuario y al recorrido que rodea la iglesia.; sorprenden las torres, las portadas y capiteles, el mirador de poniente, los retablos de su interior,...... Esto tiene además como telón de fondo unas vistas panorámicas lejanas, que permiten divisar los distintos picos de Pirineos,  nevadas ya en noviembre. 

Vista de Ujué

Iglesia - fortaleza de Ujué







De camino a Lumbier para recorrer la Foz que lleva su nombre, se ven distintos pueblos, todos ellos muy atractivos desde la carretera: S. Martín deUnx, Lerma, Eslava...  Lumbier es un pueblecito en el que confluyen dos ríos, el Irati y el Salazar.L a Foz de Lumbier discurre por primero.  El parking está gestionado por el ayuntamiento y permite dejar los vehículos pagando 3 €, en el inicio de la ruta.  La via del tren iba por la parte baja del cañón, paralelo al río y hoy, convertida en vía verde, permite caminar por ella y disfrutar de 1'5km de recorrido, introduciéndote en los túneles y viendo esos paredones calizos que desembocan en un estrechamiento muy afilado. Por el exterior y bordeando el segundo de los túneles, hay un estrecho sendero al que han instalado cadenas para irse agarrando, finalizando en una bajada de 2 o 3 metros desde donde justo se divisa el final de la foz. Es atrayente la imagen de ese estrecho desfiladero que desemboca en otro cortado.  El trayecto es corto, fácil, amplio, llano, apto para todos los públicos; únicamente hay que tener la precaución de llevar algún tipo de luz para que los ciclitas vean en los túneles a los caminantes. 

Foz de Lumbier                   

Final de la Foz de Lumbier
Sangüesa es otro de esos pueblos de la comarca con mucho patrimonio civil y eclesiástico.  Pero solo pasar por la periferia, se percibe un olor que penetra y se hace insoportable. Pasado un rato, el olfato se fue acomodando, pero de vez en cuando el aire nos recordaba la papelera que está instalada en las afueras. No aporto fotos porque hicimos la visita ya de noche. No era tarde, pero había anochecido y, salvo la Casa Consistorial y el palacio, sede de la escuela de música,  que estaban iluminados, el resto de palacios e iglesias los vimos sin alumbrado. Fue una pena porque se intuían muchos monumentos singulares y un rico patrimonio. En cualquier caso, el olor nos hizo huir hacia Lumbier, donde hay un pequeño área de autocaravanas donde pasamos la noche. 

Hasta el momento habíamos visto pueblecitos preciosos, una zona marcada por mucho patrimonio derivado de la importancia histórica del reino de Navarra. Pero el objetivo de ver el colorido del otoño, no se había cumplido todavía. Así que decidimos adentrarnos un poco más en el Pirineo, así que fuimos a Roncesvalles. Lugar de paso entre España y Francia. El conjunto de casas e instituciones religiosas sigue siendo un enclave importante de perenigraje hacia Santiago. La batalla de Roncesvalles fue en el año 778, con Carlomagno y en 813 se descubre la tumba de Santiago en Galicia, comenzando así las peregrinaciones desde toda la cristiandad. A lo largo de la historia se han ido levantando edificios para atender las necesidades de los peregrinos, desde un hospital en el s. XII,  a la iglesia colegial. Lo cierto es que es interesante visitar esa Colegiata, el claustro,  la capilla o silo de Carlomagno (parte más antigua pues se remonta al s.XII) y la pequeña iglesia de Santiago. Hay además un albergue para peregrinos. Sin embargo el otoño no estaba en su mejor momento; hay mucha zona de pasto, verde y en lo alto muchos robles que o estaban verdes o secos por la escasez de agua. 

Colegiata-claustro

Iglesia de Santiago







Decidimos subir hasta la zona alta del puerto y recorrer en coche el fuerte desnivel que hay para pasar a Francia y llegar a Saint Jean Pie de Port.  Nos sorprendió de la carretera de comunicacion entre los dos países  que el punto más alto, el puerto de Ibañeta está tan solo a 1050m de altitud y que desde ahí, la carretera desciende entre curvas, llegando la zona Navarra hasta pocos kilómetros de Saint Jean Pie de Port. Son varios los pueblecitos navarros que están situados en la parte baja del puerto, adentrándose mucho en el valle que pasará a ser francés. Uno siempre piensa que la cuerda de la montaña es la que separa dos territorios y en este caso no es así; toda la zona por ambos lados del pirineo es territorio español. 

Saint Jean Pie de Port es una interesante y coqueta villa, con sus cuatro puertas de acceso a la ciudad amurallada, la ciudadela en la parte alta y el paseo de ronda que recorre la muralla. Discurre por la parte baja el río Nive con sus puentes y esas calles homogéneas con casas de dos plantas, de piedra rosada y contraventanas de madera pintadas de rojo con tejados de teja tradicional. El pueblo es muy paseable y tiene mucho encanto. Nos sorprendió la vegetación que había en los alrededores y en las pequeñas huertas y es que el clima es muy benigno, situándose en un valle cálido en el que muchos vecinos plantan incluso plataneras. Hicimos un recorrido caminando, disfrutando de un tiempo estupendo y de todas las zonas que la población nos brindaba. Ya casi anocheciendo decidimos volver a España, subir ese puerto con algo todavía de luz y llegar al parquing de autocaravanas de Aoiz a pasar la noche. Por cierto, que este área está en una zona verde que ofrece el río Irati, muy bonita para dormir sin ruidos y amanecer en la naturaleza. 

Puerta de Notre Dame

Puente sobre el rio Nive

Ciudadela de S.Jean Pie de Port

El día se presentaba nublado, con lluvias intermitentes. Decidimos acabar de conocer la zona sur-este de Navarra. Así que fuimos a visitar el Castillo de Javier y el Monasterio de Leyre.  S. Francisco Javier nació en el s. XVI en el castillo, aunque la historia de este fortín se remonta al S.X, en el período de Almanzor. Con los años, el recinto fue creciendo hasta alcanzar su esplendor en el XIV.  La construcción ha pasado por muchas épocas y remodelaciones, pero la restauración actual está genial, moderna, respetuosa con la fortificación, haciendo la visita muy confortable. Mereció la pena y disfrutamos mucho también de la restauración que está realizada con dinero y con gusto. En la capilla se encuentra una imagen del Santo Cristo del s.XV rodeada de una recreación de pinturas encontradas en 1971 que representan la Danza de la Muerte o Danza Macabra. Al parecer estas danzas surgen en el S.XIV coincidiendo con la epidemia de la peste cuando la muerte fue algo habitual. Las cuatro parejas de esqueletos bailan con una sonrisa triunfante sobre la vanidad de la vida. No lo había visto nunca y me llamó muchísimo la atención. 

Castillo de Javier

Capilla del Santo Cristo con los esqueletos

Detalle de Reconstrucción 






La primera noticia de Leyre es del S.IX. Durante el X con el naciente reino, los reyes buscaban sabiduría en los monjes y será Sancho el Mayor, en el S.XI, quien dé forma, robustez y esplendor al monasterio de Leyre.  De la mano de la Orden de Cluny mientras se desarrollaba la ruta jacobea, se albergaba a los peregrinos. Llegó algo después el arte románico, cuya mejor manifestación la tenemos en la cripta y en la Porta Speciosa de la iglesia. Hoy son los monjes benedictinos los que cuidan y viven en el monasterio y cantan gregoriano varias veces al día, pudiendo disfrutar de ello, si coincide con la visita. 

El monasterio de Leyre tiene visitas guiadas en fines de semana, pero en días laborables en otoño, son libres. Eso no fue un inconveniente. En la oficina de tickets ofrecen al visitante la llave para acceder a la cripta y a la iglesia, viéndolo en solitario, como fue nuestro caso; y eso, fue una maravilla; disponer de esas joyas durante el tiempo que uno requiera y en solitario no tiene parangón. Para mi fue una gozada entrar en la cripta en solitario, asombrarme con ese bosque de columnas que son el sostén de la iglesia o recorrer la iglesia despacio, disfrutando de las naves, de las imágenes, de las bóvedas o simplemente del silencio.  Lo que más me gustó además de la cripta fue el pórtico de la iglesia, que muestra con gran belleza las enseñanzas de La Iglesia. Cómo todos los monasterios, la situación donde está edificado es fantástica, rodeados de bosque de robles y pinos y con el pantano de Yesa, ahora con mucha escasez de agua. Desde esta ubicación sí disfrutamos de un tapiz de pinos, quejigos, robles y hayas que pintaban los montes con un bonito colorido otoñal. 

Pórtico de la Iglesia

Cripta de la Iglesia






Paraje del Monasterio de Leyre

El día terminó en Pamplona. Según el parte metereológico, era el único lugar donde la lluvia daría tregua, así que decidimos acercarnos a esa capital. Aparcamos en un parking disuasorio, que permite dejar el vehículo y acercarse gratuitamente en bus urbano al centro de la ciudad. Eso hicimos. Recorrimos el centro, nos paramos por la plaza del Ayuntamiento, donde se inauguran las fiestas de S. Fermín con el chupinazo, entramos en la catedral ( en la que se celebraba un acto religioso curioso, tipo procesión, con canto), paseamos por la plaza del castillo, que es grande y centro vital de la ciudad, entrando al café Iruña a tomar una infusión. Ésta es uno de esas cafeterías antiguas, que mantiene el encanto de la decoración de otros tiempos. Terminamos la jornada con unos vinos y unos pinchos vascos. 

Ayuntamiento Pamplona

Cafe Iruña, Pamplona
Pintxos en Pamplona

Como pasa en estos viajes, siempre quedan cosas por ver. No tuvimos la oportunidad de visitar alguna de sus múltiples bodegas, pues es zona con denominación de origen y a nosotros nos encanta el chateo y probar vinos. También, al otro lado de la carretera nacional que llega a Pamplona, hay pueblecitos que merecen la pena una visita, pero quedan pendientes para otro viaje. Una escapada que nos perminta visitar Artajona (con un recinto amurallado interesante), Puente de la Reina (villa medieval jacobea), Mendigorría o Berbinzana (ambos con yacimientos romanos). 

A lo largo del viaje me he preguntado por qué no tendrá un nombre global la zona que lo identifique como de interés. Algo similar a lo que ocurre con las Merindades de Burgos o los Arribes del Duero de Zamora y Salamanca o con la toscana española de la Matarraña. Son comarcas con entidad propia que aglutinan pueblos y entornos y son conocidos por ello. En cualquier caso, un placer haber descubierto esta zona, quedándome entusiasmo para volver a conocer lo que ha "quedado en tintero".

Saludos y Salud.

lunes, 31 de octubre de 2022

Sierra de Huelva y Costa de Cádiz .Abril 2022

 Esta entrada es la continuación de otra anterior. El viaje empezó en Lisboa en Semana Santa, continuó por la provincia de Badajoz, pasó Huelva, recorrió despacio la costa occidental de Cádiz y terminó en Mérida antes de volver a Segovia, nuestra ciudad. En entradas anteriores he relatado todo el viaje a excepción de la parte andaluza, de la que ahora voy a dar cuenta. 

Segunda parte del viaje


Primera parte del viaje







Viniendo desde Zafra y con la intención de pasar un fin de semana en Huelva con nuestros familiares, pasamos por Aracena, donde hicimos noche en un buen parking de autocaravanas para visitar la Gruta de la Maravillas, que es emblema de la ciudad. Está en el centro y la visita es guiada, recorriendo todas las alturas y lagos y disfrutando de las formaciones que en ella se han creado con el paso de los siglos. Es muy bonita y sorprende cómo unos muchachos de la zona fueron sus descubridores. Es una maravilla poder disfrutar de estas joyas subterráneas.  

Al día siguiente, de camino a Huelva,  queríamos ver las explosiones que se están realizando actualmente en las minas de Riotinto y de las que Toñi, nuestra prima onubense, tanto habla con entusiasmo. Así que allí, en un día lluvioso, estuvimos haciendo tiempo en el Mirador del Cerro Colorado para ver los continuos movimientos de camiones, excavadoras yendo y viniendo de un sitio a otro, en ese paisaje rojizo que hace pensar en Marte. Un rato antes de las 14:00 se percibe una disminución de vehículos y cómo van dando la señal de abandono de los mismos. De repente, surgen un par de explosiones, que duran poquísimo, hay que estar bien atento para verlo, aunque el humo y la localización son claras; todo ello visible desde este mirador. La visita a la mina bien merece una parada larga y guiada; nosotros ya lo conocíamos y sólo íbamos al espectáculo, curioso, de los explosivos diarios.  Desde allí, directos a Huelva, a resguardarnos de dos días de lluvia que estaban avisados y que disfrutamos con Diego y Toñi, comiendo en unos sitios, paseando por el muelle o cenando también con el resto de primos de allí. Fue una parada agradable, como siempre, pero corta para seguir a Cádiz, que era nuestro destino principal desde que salimos de Lisboa. 

Minas de Riotinto, desde el Mirador

Minas de Riotinto, desde el Mirador

Muelle de Huelva
 Llegamos a S. Lucar de Barrameda. Este era el   destino que habíamos tenido en mente desde el   principio, así que llegamos con expectativas y con   mucha ilusión. Ya el recibimiento fue buenísimo.   Encontramos un lugar para la autocaravana, en una   vía prácticamente muerta, de frente al mar ya en la   desembocadura del Guadalquivir. Por la noche,   podíamos ver como barcos enormes entraban por allí y se dirigían hacia Sevilla. Fue una sopresa. Yo sabía que era navegable, pero no que estaba en activo de esta manera tan comercial y para barcos de gran tonelaje. Desde la ventana de nuestro "saloncito" contemplábamos la playa, con palmeras en la arena y con la desembocadura al fondo. Un paisaje estupendo. Allí pasamos una noche; la otra lo haríamos en un parking de autocaravanas, para poder descargar y cargar agua. 

Playa de la autcaravana
S. Lucar es una villa situada en un lugar magnífico, en la desembocadura del Guadalquivir en el Oceáno Atlántico, frente a una de las reservas naturales más importantes de Europa, Doñana, contando en su circunscripción con la zona de marismas de la Algaida. Tiene un enclave que le ha dado gran parte de su historia. Son visibles y curiosos los Corrales marítimos, como arte antiguo de pesca. La población es grande, contando por tanto, con todo tipo de infraestructuras.  En el centro histórico, en la parte alta, está el castillo. En los alrededores de éste y en la parte baja hay varias bodegas con su típica manzanilla, casonas, palacios, etc, que hablan de su historia.  Además, este año 2022 goza del título de capital gastronómica, por lo que disfrutamos de algunas buenas tapas servidas en terrazas, con un clima estupendo. Entramos también a degustar un vino en la bodega " La Cigarrera", cuyo cartel y entrada invitaba a ello. El lugar es bonito, la tapa no mereció tanto la pena. En el centro, en una de sus principales plazas hay un homenaje en azulejo a Magallanes, pues partió de allí en busca de aventuras. Son típicas las carreras de caballos en la playa, siendo considerado el festejo de interés turístico internacional, pero eso es en agosto y no tuvimos la ocasión de verlo. Sí paseamos por la playa de la Calzada y la Playa de Bajo de Guía, ambas separadas por el pequeño embarcadero que cruza al otro lado, a la Playa de Doñana. 

Paseamos por la zona, entramos en la Fábrica de Hielo, hoy centro de interpretación, donde compramos una guía de aves de Doñana para poder diferenciarlas una vez estuviéramos allí. La barca que cruza lo hace constantemente, en cuanto hay gente para ello, dejándonos en el comienzo de la playa, en el final del Parque. Fuimos por la mañana para no pasar calor y fue una de las mayores gozadas del viaje. Esa playa kilométrica para nosotros solos, con una gran anchura de arena blanca y fina, divisando y al tiempo alejándonos del otro lado de la costa, viendo desde lo lejos San Lucar y Chipiona y más tarde solo Alta Mar y los barcos que al fondo se desdibujaban. Caminamos un par de horas de ida y otro tanto de vuelta, llegando a comer, aunque fuese ya tarde. En el paseo aprendí a difernciar cormoranes, garcentas, garzas, cigüeñuelas, correlimos y algún otro más. Fue una mañana estupenda, con sol, pero con una temperatura muy agradable. 

Bodegas de San Lucar

Playa en Doñana

Corrales marítimos en S. Lucar

Centro de S. Lucar









La visita a la zona de las marismas estuvo también muy bonita. Fuimos con la furgoneta atravesando Bonanza y llegando hasta una explotación de sal. Bonanza sorpende por la mezcla urbanísitca que convive. Chalés al lado de explotaciones comerciales, de zonas de huerta y zona de marisma. Pasando por la carretera que atraviesa la villa, no se sabe muy bien si se está en zona urbana, rural o industrial. Allí tuvimos una de esas anécdotas para contar con la que uno se ríe después, pero pasa un mal rato en el momento. En un intento de dar la vuelta con la autocaravana, se quedó atrapada en cuesta en un bando de arena. No salía de ninguna manera y las ruedas hacían el desnivel cada vez más grande. Luis y yo arañamos la tierra, excavamos para intentar poner piedras debajo o las cuñas o alguna madera, pero fue imposible.  Fue la ayuda de uno de los agricultores de la zona, que con un cable y su coche 4x4, pudo tirar de la furgo y sacarla.  Gracias a ellos, pudimos continuar con nuestra visita por la zona y llegar a las marismas. Cuando llegamos a la salina, el vigilante nos dejó pasar y aparcar, indicándonos los paseos más recomendables, que son los que realizamos. A la vuelta empezó a lloviznar y él se acercó con su moto para volver charlando con nosotros durante el recorrido. Muy amable el hombre. 

Zona de la Algaida

Zona de Algaida





Tras tanta aventura, fuimos buscando un lugar agradable para comer y nos dirigimos al Pinar de la Algaida. Descansamos un rato y continuamos recorriendo todo ese pinar, cuyas pistas están llenas de baches e irregularidades que hacen que el trayecto sea largo y pesado. Menos mal que la vuelta la hicimos por otro camino más corto que llevaba a carretera ya asfaltada de vuelta a San Lucar. 

Chipiona
A la mañana siguiente, seguiríamos nuestro recorrido por la costa, siendo Chipiona la siguiente parada. Fue una visita corta, un paseo por la ciudad, nos acercamos al faro, pensando en subir, pero estaba completo el pase, así que al pasar por un mercado hicimos una pequeña compra de marisco para ir a cocerlo y tomarlo en la furgo frente al mar. Y eso hicimos, encontramos un bonito parque donde disfrutamos del momento. Seguimos nuestro recorrido por la costa atlántica para llegar a conocer Costa Ballena. La zona es preciosa, con largas y anchas playas de arena fina y una luz limpia que ilumina el mar; las playas esperaban a que las pasearan los que por allí andábamos y una tranquilidad increíble que hacían de los paseos un rato muy especial. Encontramos un lugar para estacionar y pasar la tarde - noche increíble. Había más autocarvanas, todas dispuestas lateralmente para disfrutar de las puestas de sol, del sonido del oleaje y de la luna reflejándose en el agua. Fue un sitio de lujo, de cinco estrellas. 

Chipiona
Costa Ballena

Cost Ballena
Rota nos soprendió muy gratamente. Aparcamos en el puerto, con dudas porque prohibía entrar autocaravanas, pero había alguna, así que decidí preguntar al vigilante. Éste, en principio, dijo que no, pero al decirle que veníamos a comer y a conocer la ciudad, nos dejó quedarnos, puesto que él sería el encargado de la zona el resto de la jornada. Así que ya más tranquilos fuimos de visita turística y además, aprendí a gestionar el tema de las prohibiciones por la zona, que siempre viene bien. 
Teníamos en mente la sede militar americana y eso nos inclinaba a pensar en una población sin atractivo. Sin embargo, tiene un casco amplio y bonito, parques y zonas ajardinadas y la zona cercana al puerto y a la playa cuenta con restos de su pasado: muralla  medieval, puertas de acceso, Castillo de Luna, el Arco de la Villa, mercado, capillas y alguna parroquia de los siglos XVI-XVIII.  El paseo marítimo es  muy agradable y el interior cuenta con bastantes lugares donde sentarse a tomar una tapa o a comer, como nosotros hicimos en Tapa Boca y un helado en donde nos recomendaron, en Margarita, la fresca. Era una heladería artesana, donde tuvimos que guardar una buena cola para pedir nuestro cucurucho. Nos supo a gloria. Así que, no os lo perdáis si pasáis por rota. La villa superó con mucho las expectativas que llevábamos. 

La siguiente sorpresa de Rota fue que estaba en plena feria y que era libre el acceso, así que llegada la noche, nos dirigimos allí para vivir y disfrutar esta fiesta andaluza que yo, hasta el momento, no conocía. Había muchas casetas con música, bebida, comida y baile flamenco. También mujeres con sus trajes de andaluza, pero no eran la mayoría, así que no nos sentimos incómodos en ningún momento y disfrutamos del ambiente y de alguna tapa y vino. Yo, estuve encantada del hallazgo y con pena de no bailar sevillanas en alguna de las casetas; no me atreví, parecía todo el mundo emparejado como para meterme a ver qué pasaba. ¡Otra vez será!

Rota

Ayuntamiento de Rota



Feria de Rota

Es sábado y llegamos a Cádiz. dudábamos si seguir por poblaciones pequeñas o entrar a la "Tacita de Plata". Contactando con unos amigos de la juventud, mi amigo "Floro" nos dijo dónde dejar la autocaravana y nos recomendaron que fuéramos a la zona vieja porque los sábados hay muy buen ambiente por la zona del mercado. No pudimos vernos, pero decidimos seguir esta recomendación y fue un acierto. Cruzando el puente de José León de Carranza, se entra en el barrio de la Cortadura; paralelo a la playa de la Cortadura en la carretera del mismo nombre, dejamos la furgoneta todo el día. Cogimos un autobús urbano que nos llevó hasta la zona del puerto, iniciando nuestro recorrido en el monumento a la Constitución de 1812. Desde allí fuimos caminando por el centro histórico, recorriendo calles estrechas, comerciales, repletas de gente paseando, haciendo compras y también turismo. Vimos plazas y jardines como la de la Candelaria y llegamos a la plaza de las Flores, también preciosa y florida, con mucha vida. Fuimos a ver el teatro romano y a la catedral, subiendo a su torre desde la que se tienen vistas espléndidas de la ciudad, del mar, del puerto; hice fotos de sus 360º de panorámica. Ya cansados, nos adentramos en el Mercado Central, que además de plaza de abastos, es un bullicioso restaurante urbano, que ofrece multitud de pequeños restaurantes con sus especialidades y mesas y sillas para elegir lugar y comida. Allí tras unas cuantas colas en los diferentes establecimientos, comimos sentados, a la sombra, rodeados de gaditanos y turistas que disfrutaban como nosotros de esa mañana de sábado. La tarde la dedicamos a patear; comenzamos por el Teatro Falla (donde se realiza el concurso de coplas de las comparsas y que a mi me encantan), y recorrimos casi toda la periferia costera, desde la Alameda, con esos árboles centenarios, por el Parque Genovés, hasta el Castillo de Santa Catalina para ver la playa de la Caleta, y después recorrer el paseo marítimo, donde al parecer se desplaza la vida por la tarde. Llegamos al parking desde allí, caminando, haciendo una pequeña parada para una infusión. Llegué a la autocaravana cansada, dispuesta a sentarme y relajarme con una puesta de sol en los Caños de Meca para llegar a  Barbate, donde pasaríamos la noche. Un sábado muy fructífero y con gran diversidad de lugares y visitas. 

Parque de la Alameda

Mercado de Cádiz

Plaza de las Flores

Vistas desde la torre de la Catedral

 Después de un día urbano, ruidoso y con gentío, ver el anochecer en los Caños   de Meca fue relajante. De nuevo, poca gente, tranquilidad junto con la calma que produce ver y escuchar el mar. La parada fue corta, pero reconfortante. Unos   kilómetros más al sur, llegaríamos a Barbate, a un parking de autocaravanas  municipal entre el puerto y la playa, a escasos metros del centro que fue magnífico. Completamente informatizado, de manera que cada uno elige los servicios que le interesan y se le reserva una plaza durante 24 horas. Es la mejor organización que he visto hasta la fecha y además, público. Barbate también estaba de fiesta, celebraba su feria, y allí cerca estaban las casetas. Dimos un paseo corto por ella; en esta ocasión parecía una verbena más clásica, pues no había ni mucha gente con traje de gitana, ni todas las casetas tenían sevillanas; algunas tenían música moderna, tipo disco disco. El pueblo cuenta con una disposición urbana de cara al mar, contando con unas playas preciosas. Yo me quedé con muchas ganas de pasesar por la mañana por ellas y por el pueblo, pero nos podían ya las ganas de llegar a Tarifa.

Barbate

Caños de Meca





Tarifa era el otro objetivo del inicio de nuestro viaje, después de San Lucar de Barrameda. La playa de Tarifa, la de los Lances es increíble: larga, ancha, con una arena fina y dorada que la hacen muy atractiva. Pero además es la cuna de kitesurf. El día que llegamos estaba todo el litoral repleto de velas de colores girando y volteando de un lado a otro de la inmesa playa. La imagen es preciosa, aunque no todos los días es posible verlo, pues sino hay viento, como pasó el día siguiente, no hay deportistas practicando. Por lo demás Tarifa tiene un casco pequeño, con un castillo y un entrecruzado de calles estrechas y pequeñas placitas, todo ello lleno de locales donde parar a tomar una cerveza o comer algo. Es un lugar turístico deportivo fundamentalmente. Es curioso cruzar a la Isla de Tarifa o Isla de las Palomas por una estrecha calzada, teniendo el mar Mediterráneo a un lado y el Atlántico al otro. Es una de esas fotos típicas por lo curioso de la situación. La isla es militar y, por tanto, no se puede acceder. Hicimos una excursión al monte cercano al pueblo para realizar una pequeña ruta. Fue dura por el ascenso y por el viento que soplaba constantemente, y más según te acercabas a la cima, donde había una instalación de molinos de viento, que no paraban de girar. La caminata nNo fue muy interesante; únicamente mereció la pena las vistas de Tarifa, de su playa y del mar que desde allí había.  Sí se percibe un turismo distinto al del resto de la zona, más joven, más deportista, con muchos lugares donde tomar cervezas y más alternativo. 

Tarifa

Playa de las Lanzas, Tarifa





Los alrededores sí tenían más que ofrecernos, como la duna de Valdevaqueros, la playa de Bolonia o la ciudad romana de Baelo. Todo esto lo cuento a continuación. En estos momentos, Luis se empieza a encontrar mal y seré yo sola quien recorra la playa de los lances, caminando,  hasta un punto en el que me recogería él con la furgoneta. Está incubando lo que días después descubriríamos que era COVID, así que el final del viaje fue un poco más desagradable e incómodo. Aún así, todavía le permitió disfrutar del día que cuento ahora. 

La duna de Valdevaqueros está en la Playa de Punta Paloma, que sigue activa a pesar de haberse fijado en cierta medida, con pinos. De hecho, la carretera estaba cortada al tráfico porque la duna se había "comido" parte de la carretera. Anduvimos por esa gran duna y disfrutamos del paraje tan increíble que proporciona. 

En la playa de Bolonia se encuentra el yacimiento romano de Baelo Claudia. Es un conjunto arqueológico de gran importancia, al que se accede por el museo. que se visita sin guía, caminando por el circuito habilitado y visitando las distintas partes que lo forman. Es una ciudad romana cuya actividad era el comercio marítimo y presenta un ejemplo de urbanismo urbano muy interesante. Para mi fue un descubrimiento y me encantó verlo, pasearlo e imaginar cómo sería la vida hace 2000 años allí, frente al mar. Aquí, en un área de autocaravanas, en la playa de Bolonia, pasamos nuestra última noche, antes de emprender el camino de vuelta a casa. 

Duna de Valdevaqueros

Duna de Valdevaqueros





Baelo Claudia

Baelo Claudia





Para no hacer el viaje de un tirón paramos en Vejer de la Frontera, aunque Luis prácticamente se quedó en una terraza mientras que yo visitaba la villa y me acercaba a la farmacia a por paracetamol y algún test de COVID para hacerse la prueba. Vejer es muy bonito, en lo alto de una colina, con un casco histórico muy interesante. Allí comimos y tras reponer fuerzas nos encaminamos a la autovía de vuelta, pensando donde hacer noche. Fue Mérida la ciudad, de manera que dividimos el trayecto en dos partes que le hicieron a Luis más llevadero, pues ya, en  una área de servicio se hizo la prueba y confirmamos el diagnóstico. 

Plaza principal de Vejer

Puerta de Vejer








Vejer de la Frontera

Vejer de la Frontera

Mérida es una ciudad fantástica, muy interestante por lo atrayente de todos sus restos romanos, que te hacen disfrutar una jornada entera sin dejar de asombrarte. Esto ya lo conté en la entrada de Extremadura, así que aquí termino con esta visita a es comunidad autónoma que tanto nos ha hecho disfrutar y que tanto nos gusta. 

Un abrazo a todos los que me leen. 






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