Amanecimos en Gijón, en el parking de autocaravanas y tras el desayuno de tostadas y café y seguimos nuestro rumbo hacia el este, fuimos a Lastres. La borrasca venía despacio, así que no nos alcanzaba.
sus casas , casonas, palacios y demás construcciones en rellanos aterrazados, dando una visión de belleza al pueblo, tanto desde lo alto, como desde la costa y puerto. Desde la parte baja donde aparcamos fuimos subiendo hasta la parroquia de Stª María de Sábada y tras un descanso en esta zona verde, seguimos los indicadores del mirador de San Roque. Fue un ascenso empinado y continuo, pero las vistas merecieron la pena. Hay una pequeña ermita y una panorámica excepcional de la villa y de la costa. Aquí hicimos unas cuantas fotos. Había que disfrutar del lugar que tan esfuerzo nos había costado. ¡Jajajaja! El mirador cuenta con un pequeño área recreativa con árboles densos donde nos refugiamos del durante unos minutos. Bajamos por las calles principales, callejeando, siguiendo las calles que continuamente serpentean y bajando por callejones con estrechas escaleras. A mitad del recorrido se encuentra la torre del reloj; cuenta el pueblo con bastantes casas con grandes dinteles, miradores y balcones de madera. Una vez abajo, ya en el puerto, la caravana nos esperaba para seguir nuestro camino.
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Lastres
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Torre del Reloj
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| Lastres desde el mirador de S. Roque |
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| Lastres desde el puerto |
Y así llegamos a la Playa de la Espasa. El día era soleado, caluroso y bien merecía un baño. Yo estaba deseosa, no fuera a ser que se nublara y mi ilusión acabara por deshacerse. Esta playa tiene un acceso bueno; abajo hay chiringuitos con terrazas, una amplia zona de aparcamiento vigilada que hubo que pagar y acceso directo a la playa. En resumen, una maravilla. Así que, preparé un pisto con huevo que nos supo a gloria y allí, bajo los árboles en la zona recreativa comimos con mesa y mantel. Acabado el manjar, yo fui a pasear y leer a la playa, antes de darme el baño que tanto estaba deseando. La playa es ancha, larga, espaciosa, nos recordaba a algunas de Asia. No era grande el oleaje, pero sí había olas con las que entretenerse y saltar. ¡Qué rico el agua de mar! ¡Qué maravilla adentrarse en el agua y sentir su inmensidad! Igual de placentero es pasear al sol y al aire para secarse poco a poco. La buena suerte seguía de mi lado y en esta misma área había duchas y enchufes, de manera que pude quitarme la arena y la sal, lavarme el pelo y ¡secármelo!. Con esta sensación tan fresca, fuimos a pasear por el acantilado. Había un camino por lo alto, siguiendo la costa, que estaba transitado por muchos caminantes; un café – bar de copas nocturno muy curioso, a modo de fuerte de indios en su decoración, estaba en la mitad del recorrido. Ese paseo, con la montaña y sus verdes praderas a un lado y los acantilados al otro, fue una delicia con la que terminamos el día para dirigirnos a Llanes y dormir ya allí.
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¡Comida casera!
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Vista de la Playa de la Espasa
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| Panorámica de la Playa de la Espasa y acantilados |
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Playa de la Espasa
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Llegamos a LLanes. El parking de autocaravanas está en la entrada y al centro no se puede acceder con ella, así que allí aparcamos y nos acercamos paseando. Hay dos caminos, uno por la costa, el Paseo de San Pedro, por el que se va divisando el acantilado y otro callejeando por la ciudad. Fuimos por el primero, que es un camino verde, con unas vistas estupendas en un día muy soleado que nos permitía disfrutar del aire y del mar. Al final de esta senda se encuentra el “Banco Mas Bonito del Mundo”. Es un espacio alto con un gran banco de piedra desde el que se tienen 360º de perspectiva, pudiendo contemplar la espectacular ubicación de LLanes: el Cantábrico, la ciudad y el fondo montañoso verde que cierra el espectáculo. Quizá sea esto lo más atractivo de Llanes, el lugar sobre el que está situado.
La villa tiene su centro histórico, comercial y turístico alrededor del Puerto y de la playa del Sobrón, ambos muy conocidos y frecuentados por público; los alrededores del puerto están repletos de bares, restaurantes y terrazas donde sentarse a comer o tomar una cerveza. Al ser un lugar tan turístico, las calles y callejas estaban muy animadas, a pesar de ser ya septiembre. Cenamos en una de los lugares típicos del pueblo, pero comer al día siguiente fue algo más complicado, por lo que finalmente fue en la furgoneta. Esta espontaneidad es una de las cosas que adoro de esta forma de viajar, decidir sobre la marcha, según lo que nos vayamos encontrando.
El casco histórico es pequeño, con el recuerdo de una muralla y el Torreón que todavía se mantiene en pie. Cuenta también con palacios, casonas, una basílica y una plaza amplia, que muestran su historia remontándose al S. XIII y por lo que ha sido declarado Conjunto Histórico – Artístico. Un día en Llanes es un día de placeres sensoriales, siempre que elijas un mes no estival y un día laboral, pues somos muchos los viajeros que queremos disfrutar de estas villas.
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Paseo de San Pedro
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| Torreón de LLanes |
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| Bajo El Banco más Bonito del Mundo |
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| Vista de la Playa del sobrón |
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| Puerto de Llanes |
Nos esperaba ya
Colombres para finalizar nuestro viaje por Asturias y fuimos directos allí a pasar el resto de tarde – noche y a dormir.
Tras comprobar el lugar donde aparcar, paseamos por el pueblo buscando además sitio para cenar. Elegimos un restaurante mejicano que tenía muchas y buenas valoraciones. A pesar de encontrarnos pocos transeúntes por las calles, no nos dieron mesa hasta pasadas las 11:00. Lo de la comida mejicana en Colombres tuvo su gracia; tuvimos que pedir consejo para elegir entre fajitas, tacos, enchiladas, tamales, nachos, burritos, ceviche… En fin, que no conocíamos nada, nos asustaba el picante, así que nos dejamos asesorar y estuvo genial una cena mejicana en una villa indiana.
Digo lo de indiana porque es así como la anuncian en turismo asturiano. Y descubrimos a qué se referían cuando paseamos a la luz del día por el casco. Grandes casonas, mansiones, quintas o fincas se distribuyen en el pueblo, con jardines con palmeras, casas inmensas que nos sorprendieron al desconocer la historia de la zona. Muchos jóvenes emigraron a América en busca de fortuna y siempre con la nostalgia de su tierra, fueron enviando sus ahorros para construir sus casas y mejorar la vida de sus parientes y vecinos. Así transformaron la pequeña aldea rural en una villa moderna con una arquitectura exótica, llamativa y llena de color. Una de ellas, la Quinta de Guadalupe de 1906, aloja hoy el archivo de Indianos – Museo de Inmigración. Aunque la entrada nos pareció un poco cara, la visita tiene mucho interés tanto como historia de los inmigrantes asturianos como por la documentación que guarda. En cualquier caso, para nosotros el mayor interés lo tiene la propia construcción y sus jardines, ambos increíbles. En Colombres se celebra en julio la Feria de Indianos, en la que no me importaría participar otro año. Seguro que hay un ambiente curioso y muy agradable.
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Exterior de la Casa de los Indianos
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Casa colonial en Colambres
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Interior de la Casa de los Indianos
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| Interior de la Casa de los Indianos |
Preguntando en turismo nos recomendaron la playa de La Franca para darnos un baño, pero luego el recorrido nos llevó hasta la de Pechón, ya en Cantabria y allí disfrutamos tanto de la preciosidad de la playa como de un baño riquísimo.
El viaje terminó con una comida casera en un paraje precioso. Así nos despedimos de esta comunidad que tantas delicias nos ha ofrecido. Tendremos que volver porque son muchas las cosas que nos “quedan en el tintero” tanto de la costa como del interior, de montaña, que esta vez la borrasca no nos permitió acercarnos.
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Vistas del mar
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Fin del viaje
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Playa del Pechón
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Ainsa y Boltaña, sí que los conocía: me encantan. El resto del viaje es para jóvenes como vosotros: 1000 metros, 7 horas!!!Unos fieras😉😀😘😘
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