Aprovechando que el lunes 25 de octubre es fiesta local, pude pedir el viernes 23 y juntar cuatro días para alquilar una furgoVan e ir a conocer Matarrañas. La furgoneta era una FIAT DUCATO y la camperización es E-VAN K2
Lo primero fue conocer el funcionamiento de la furgoneta, cómo funcionan todas sus posibilidades, sus escondites, sus mecanismos de carga y descarga de aguas, calefacción, baterías, etc..... Todo ello, nuevo para nosotros. Cargada ya con nuestras cosas, emprendemos viaje a Matarrañas. Nuestra primera noche sería en Valderrobres. Llevábamos una aplicación de parkings para autocaravanas y ese destino nos pareció bien para nuestro recorrido.
Atravesar la provincia de Guadalajara fue una delicia, pues el campo estaba precioso, muy otoñado, con mucho colorido, así que buscamos un sitio donde poder comer con buenas vistas desde nuestro pequeño y nuevo hogar. Por la ventanita del "salón - comedor" disfrutamos de un robledal precioso en un lugar tranquilo.
El trayecto es largo, así que pronto continuamos. Paramos en Molina de Aragón y más adelante nos encontramos con un pueblo que se llama Martin del Río, lo que nos hizo gracia y allí paramos a hacer unas fotos al cartel de entrada del pueblo. Se iba haciendo de noche; era seguro que llegaríamos sin luz a nuestro destino. Con esta perspectiva, decidimos conocer Alcañiz, ya que, aunque de noche, era pronto y podíamos dar una vuelta por el pueblo, hacer una visita rápida. Nuestra primera búsqueda de aparcamiento para un vehículo grande. Entramos en la ciudad, tardamos un poco en callejear y encontrar un sitio adecuado; conseguido esto, nos dispusimos a dar un paseo. La plaza mayor es el primer lugar a visitar con la preciosa lonja gótica del S. XV, la Casa Consistorial renacentista y la Excolegiata de Santa María la Mayor. Dimos un paseo por los alrededores, rodeamos la excolegiata y callejeamos por el casco histórico, que es también muy agradable. Allí, en una terraza, puesto que con el coronavirus no queríamos entrar en interiores (Aragón tenía muchísimos casos en esos momentos), tomamos un chato en uno de sus bares abiertos.
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Plaza de Alcañiz
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Castillo de Alcañiz
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Ya de noche, pero no tarde, pues serían alrededor de las ocho llegamos a
Valderrobres. En el parking, muy céntrico, con vistas al río Matarrañas, había unas cuantas autocaravanas. También era el parking del pueblo. Encontramos un sitio y allí aparcamos dispuestos a pasar la noche, no sin antes dar un paseo por el pueblo. Pudimos tomar un chato en una terraza, caminar un ratito por las calles del pueblo, pero cenamos en nuestra furgoneta, ya que veníamos provistos de alimentos para estos cuatro días.
El día siguiente lo empleamos en hacer la ruta del Parrizal, para la que ya habíamos reservado entrada al parking, requisito previo obligatorio. Pertenece al término municipal de Beceite. Se llega al parking tras 6 km de camino rural asfaltado, estrechísimo. Tras los controles de verificación de ticket, se aparca y desde allí se empieza la ruta. Al comienzo se pueden intuir unas pinturas rupestres, conveniente señalizadas; después ya comenzamos el recorrido por el río Matarrañas. La ruta es de 6 km ida y vuelta y finaliza en un estrechamiento de la garganta que no es ya transitable porque el río lo impide. Sólo los más osados (como lo fue un muchacho al que vimos llegar al final) pueden hacer ese final, que es de escasos metros. Pero hasta ahí, el camino es una preciosidad. Se va remontando el río por senderos y pasarelas de madera que sortean el agua. Está muy bien preparado y es un cañón que merece la pena hacer por lo bonito del lugar. La vegetación es fundamentalmente mediterránea con pino y encina.
Tras el paseo, comimos ya tarde en la furgo y continuamos el día conociendo Beceite, que merece la pena.
Beceite es uno de los pueblos que hay que visitar y en eso ocupamos la tarde. La plaza de la Constitución, el Ayuntamiento, la Lonja, la antigua Cárcel todo ello con sillería, no se pueden dejar de ver. El puente de piedra de un solo ojo, del S. XV - XVI, los molinos de papel, la iglesia, la ermita, etc...muestran la importancia histórica de la zona. La villa bien merece una tarde para pasearla, sentirla y disfrutarla.
Terminamos la visita y fuimos al mismo aparcamiento de la noche anterior a dormir, desde donde se disfruta de Valderrobres iluminado y el reflejo de los edificios en el río.
Ya llega el domingo y antes de partir, decidimos dar un paseo por Valderrobres de día; todos los días lo habíamos hecho de noche. Esta villa figura entre los pueblos más bonitos de España. Tiene una larga historia y paseando por ella se percibe claramente que tuvo una larga época de esplendor que queda plasmada en toda la edificación.
En la parte alta está el castillo, todo él de piedra. En este momento no estaba abierto al público. Junto al castillo, la iglesia, dominando ambos todo el valle. Abajo, cruzando el río y pasando el arco de entrada, uno se encuentra con el Consistorio, edificio del S.XVI, de gran belleza. El casco urbano está muy bien cuidado y es un placer pasear por él. La entrada por el puente de piedra y el arco de entrada ya te dan una agradable y sólida bienvenida. Callejear a derecha o izquierda, hacia arriba y vuelta abajo, te da idea del poderío que debió de tener siglos atrás. Antes de irnos compramos aceite y vino de la comarca, que ha sido y es parte de su economía.
Esta misma sensación de esplendor se tiene al visitar los demás pueblos que recorrimos esa tarde. Primero La Fresneda y después Calaceite. Todos ellos tienen una construcción similar de piedra y no solo de grandes edificios, también de todas las casas y calles. Uno se queda sorprendido del estado de los pueblos en su conjunto al recorrer el trazado de los mismos.
La plaza mayor de la Fresneda es un conjunto muy armónico, de estilo gótico - renacentista. La calle mayor porticada desemboca en la plaza y es una maravilla sentarse en una terraza de la plaza como pudimos hacer nosotros. Allí, en un día precioso de otoño tomamos una cerveza con una ración de patatas bravas que pedimos y que nos invitó a pedir otra segunda ración, esta vez, de croquetas. El día era estupendo y después de subir hasta las ruinas de la ermita, esta comida nos supo a gloria.
Proseguimos a Calaceite, que es otro de los "grandes" que no se puede dejar de visitar. Calaceite nos sorprendió no solo por el tamaño del pueblo y de la cantidad de casas y patrimonio bien conservado, sino porque estaba solitario. Algún rastro había de que en el fin de semana había habido gente, pero en ese momento, domingo por la tarde, en plena pandemia de COVID, todo el mundo se había ido y el pueblo estaba absolutamente vacío. Paseamos solos, alguna otra pareja nos encontramos y solo una pequeña terraza estaba abierta al principio de la tarde. Parece que la zona de más vida de bares, está abajo, en la carretera y no en el casco histórico, pero aún así, no había apenas movimiento.
Como en los otros pueblos se ve la magnificencia de: el ayuntamiento, la plaza de España irregular y con soportales, la iglesia parroquial de gran tamaño o los portales de entrada al casco histórico. El casco histórico es el más sorprendente de los pueblos que hemos visitado. Las calles Maella o Mayor muestran casas, palacios, escudos, balcones, portales... todo ello con una uniformidad de construcción en piedra que hace una delicia el paseo por el entramado histórico.
Nos ha sorprendido muy gratamente la comarca de Matarrañas. Bien merecido tiene el sobrenombre de la Toscana Española. Muchos pueblos con mucha historia, que son conjunto histórico artístico, en un entorno muy mediterráneo, con gran influencia catalana y valenciana por su proximidad. Una economía que muestra su tradición en el olivo y, claro, en el aceite. Toda la comarca tiene mucho cultivo de olivos y algunos de sus pueblos monumentos relativos a la extracción del aceite. El nombre de algunos de sus pueblos dan también fe de ello.
Quedándonos una hora de luz y mucho recorrido por delante, emprendimos el regreso a Segovia, haciendo noche en el camino. Fue en Utrillas, donde había un parque temático de minería curioso, dedicado a su pasado. Después de desayunar y preparar la furgoneta para devolverla en las condiciones requeridas, emprendimos el regreso a Segovia, donde llegamos a las 6 de la tarde, resolvimos todo el papeleo, recogimos nuestro coche y llegamos a casa.
Dan ganas de volver.
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