viernes, 8 de abril de 2022

TENERIFE Y LA GOMERA. Marzo 2022

 La idea de pasar un mes en Tenerife se cambió por una semana en la isla añadiendo 4 días en La Gomera. El plan inicial se modificó y también los participantes en el viaje. Ahora vamos a ser varios y variados los intérpretes de esta entrada. 

Comenzamos como protagonistas, Luis y yo, aterrizando en Tenerife Sur, un miércoles de febrero y recogiendo el coche ya reservado. Con él, estábamos dispuestos a recorrer la isla. El hotel lo teníamos en Puerto de la Cruz, pero hicimos nuestra primera parada de camino, en Güimar.  Güimar es una población de interior, con su plaza central donde comimos, en la Tasca la Plaza. Y ya allí degustamos comida local, con unas papas con mojo, entre otras cosillas. Pasamos por delante de las Pirámides, que no nos parecieron de interés y tras un paseo, cogimos el coche y fuimos directos al Hotel Tropical, céntrico, donde pasaríamos las dos primeras noches. Tuvimos la suerte de aparcar allí mismo, en la plaza de entrada al hotel. Nos instalamos en la habitación y salimos con ganas a realizar el primer acercamiento a la ciudad: el puerto, la plaza de Europa, plaza del Charco, calles y callejuelas de la ciudad, tomando alguna foto, eligiendo finalmente una terraza donde cenar y tomar una cerveza. 

Contábamos con otro día en solitario y lo pasamos haciendo un recorrido por el Nor-Oeste de la isla, visitando Icod de los vinos y Garachico. La inquietud por conocer nos hace ir parando en algunos lugares inusuales y poco frecuentados, de los que no aparecen en las guías turísticas; este es un  aspecto de los que más disfrutamos cuando vamos de "exploradores". Así dimos con la Rambla del Castro, donde hicimos un pequeño recorrido hasta la Charca del viento, una pequeña balsa creada entre rocas. Lugar perfecto para tomar un baño privado, disfrutando del mar y el sol, aunque a nosotros el tiempo no nos lo permitió.  

Rambla del Castro

Charca del viento





Comenzamos bien con esta primera escena y contentos por ello, fuimos en busca del Drago Milenario de Icod de los Vinos, cambiando así de decorado. Este drago es lo más representativo de la villa; se puede entrar al parque o divisarlo desde la plaza principal del pueblo. Qué porte tiene el Drago, esbelto, recto, con una buena copa..... Nos sorprendió también la humedad del ambiente que permite tener pequeños jardines en los tejados; y es que allí, con ese clima, la vegetación se cuida con facilidad. Nos llegó la hora de comer y elegimos una casa de Comidas, La Parada, con cocina canaria y con muy buena crítica que pudimos comprobar.     

Drago Milenario

Icod de los Vinos (jardín en el tejado)







Seguimos nuestro rumbo. El siguiente plató sería Guarachico, pueblecito que resurgió de sus cenizas tras el volcán de 1706. Era, hasta entonces, un importante puerto pesquero y comercial. Queda de entonces, el arco de entrada de la "Puerta de la Tierra", que era el acceso al puerto del s. XVI. Otro escenario interesante de esta villa lo compone los restos del antiguo muelle de carga y el paseo marítimo cerca del mirador del Emigrante, desde donde hicimos algunas tomas. 

Garachico

Puerta de la Tierra

Seguimos carretera acercándonos más hacia el Teno, cuyo acceso final estaba cerrado por obras. Llegamos hasta Los Silos, donde ya, con poca  luz, decidimos dar por terminada la jornada. 

Se une a nosotros otro visitante, un tercer protagonista dispuesto a disfrutar de la isla; pasará cinco días en total en nuestra compañía. Se trata de Diego, nuestro hijo. Llegaba a Tenerife Sur con ganas de sol, playa y mar, pero también de conocer parte de la isla que en su anterior viaje con amigos, quedaron sin visitar. Con esta idea, dedicamos un día a las playas Los Cristianos y Las Américas, paseando por sus largas playas, llenas de turistas extranjeros. La zona de Adeje fue nuestro destino otro día, donde desarrollamos un momento de acción, un pequeño "trailer", del que no tenemos reportaje. ¡Qué lástima! Me invitó Diego a subir a una moto de agua y tener una nueva experiencia. Así derrochamos adrenalina, enfrentándonos a las olas y cerrando curvas a derecha e izquierda. Fue un deseo cumplido: siempre me había llamado la atención, pero nunca me había atrevido, así que disfruté muchísimo esos 15 o 20 minutos de práctica, a pesar de llegar helada a la playa. Suerte que la arena y el sol me hicieron reaccionar pronto. 
Uno estos dos días pasamos del calor y estiaje a la zona de la Masca, fresca, verde, montañosa..... Nada que ver la primera parte del día con la segunda. Esta última nos sorprendió por el cambio de temperatura. Pasamos del bañador al abrigo. De una zona árida a unas vistas de paisaje húmedo y montañoso. ¡Qué maravilla de vistas! Nos retratamos en varios de los miradores intentando captar el background en el que nos encontrábamos.  
La cena, ya en Puerto de la Cruz, la disfrutamos con una degustación de pinchos típicos de Canarias: queso asado, garbanzas, cabra guisada, almogrote y papas. Una sugerente variedad que saboreamos con placer. 





La visita al Palmetun de Santa Cruz fue sorprendente. Se trata de un jardín botánico con una increíble variedad de plantas de todo el mundo. Está muy bien cuidado y planteado, con lo que la mañana se nos pasó volando disfrutando de especies desconocidas y muy bien ambientado, con carteles informativos científicos y divulgativos de las distintas especies. Este día lo completamos con un paseo por la capital canaria mostrada por una amiga residente en la zona, Esperanza, y que nos llevó a comer a uno de sus barrancos preferidos, a ver la playa de las Teresitas, a conocer los paseos centrales, caminar por la zona portuaria o hacernos la foto típica en la plaza de Europa. 


Vista de Santa Cruz



Playa de las Teresitas









Parque Central 
Y es que los barrancos tienen su magia e historia en la isla. A lo largo de ellos se ha desarrollado mucha actividad agrícola antes, e inmobiliaria ahora. Son muchas la viviendas que se extienden a lo largo de ellos, siempre buscando vistas al barranco y/o a su salida al mar. En los barrancos se instalan también restaurantes, algunos son guachinches y otros no; en cualquier caso, hay que conocerlos para llegar a ellos. Esperanza nos llevó a al restaurante La Charca donde comimos de lujo,  pescado del día, papas (que  no pueden faltar) y Diego, que es carnicero, se tomó su filetón. Todo buenísimo y a muy buen precio. 

Otro decorado distinto nos lo proporcionó el Teide. A pesar de   haber nubes, una vez traspasadas, el día se presentó  luminoso, con   un bellísimo plató. Realmente parece de cine. Paseamos por las   cañadas, hicimos alguno de los itinerarios marcados, disfrutamos de esas formaciones volcánicas y   caprichosas que ofrece la zona y terminamos comiendo tarde en la terraza del parador allí enclavado. El atardecer se nos presentó en la Orotova paseando por el pueblo. 



Vistas del Teide desde La Orotava










Diego no quería perderse el Parque Natural de Anaga. No se imaginaba que en esta isla hubiera un parte "selvática", una abrupta coordillera que atrapa continuamente a las nubes, creando una atmósfera húmeda, verde y lluviosa. Es una imagen atractiva y singular con formaciones geológicas destacables como los Roques, escarpadísimos barrancos y acantilados. Con Diego paramos en los miradores de Jardina y del Carmen, pero la niebla y la fina lluvia no nos permitió realizar alguno de los senderos señalados en la zona. Callejeamos por La Laguna en un día frío y ventoso, que además celebraba una fiesta local por lo que todos los restaurantes estaban llenos. Acabamos comiendo en uno bastante lamentable, del que nos sorprendieron hasta unos huevos rotos; ¡qué malos estaban! Este día, dejamos a Diego en Tenerife Norte, volviendo a la Península a sus actividades diarias. 

Fueron sólo cinco días, pero suficientes para conocer la diversidad de la isla y disfrutar de los distintos ambientes que en ella hay. 

Mirador de Jardina

Mirador del Carmen










Cambiamos de personaje. Los nuevos compañeros de viaje son Begoña y César. El día de Anaga y La Laguna lo compartimos los cinco, hasta que a media tarde despedimos a Diego. Ahora ya, nos quedamos los mayores. Acabamos el día buscando el mirador de la Garañona. La suerte hizo que no lo encontráramos en un principio y diéramos con un estrecho pasillo de cara al acantilado. Abajo, el mar chocando con las rocas, el Teide asomando entre nubes y el sol escondiéndose en el horizonte produciendo un colorido cambiante que fue una delicia. Unos metros más allá, bajando 300 escalones, según nos indicaron y luego vimos, estaba el mirador que buscábamos, que compartía las mismas panorámicas que las nuestras. 

El día terminó cenando en Puerto, en una terraza, compartiendo unas raciones y un vino y yendo a un bar local, donde encontramos música guachinche en directo. Había varios locales de este tipo, llenos de alemanes mayoritariamente, que disfrutan del clima, del sol, de la cerveza y de la música "en vivo". Allí estuvimos cantando con los músicos; conocíamos bien muchas de las canciones, sobre todo Begoña; ¡se las sabía todas! 

Paseo por la Mesa
Pasamos el siguiente día con Esperanza nuevamente.
En seguida se prestó a enseñarnos alguna zona, llevarnos a lugares bonitos y probar restaurantes con encanto. De esta manera, recorrimos la costa de Tacoronte, viendo la casa del vino, las piscinas naturales de La Mesa y del Pris, paseando por el Camino del Sargo. A pesar de llevar en el coche el bañador, el mar estaba muy revuelto, las olas entraban fuertemente a inundar toda la zona y el baño tuvimos que desestimarlo. 
Paseo por la Mesa
Paseo por la Mesa









¡Vaya tres Misses!
Piscinas del Pris









Comimos en el Bar El Puerto, un restaurante de la zona que no parecía ser conocido más que por los lugareños. Esperanza eligió el pescado del día: unas viejitas, una sama, un cherne y, por supuesto, unas papas y un vino blanco seco canario. Qué grupo tan bien avenido: a Begoña y Esperanza les encanta la zona de la cabeza y espinas; los demás preferíamos alejarnos de las espinas. ¡Así que todos tan contentos, claro! Después de esta extraordinaria degustación seguimos
Punta del Hidalgo con los Roques

conociendo más rincones. Así vimos la zona de Bajamar y llegamos a la Punta del Hidalgo donde dos grandes roques, conocidos como los hermanos (o los gemelos, no recuerdo) apuntaban hacia el cielo. Allí contemplamos ya la puesta de sol. 
Barraquitos 




 Esperanza no quería despedirse sin invitarnos en una   cafetería con un mirador acristalado sobre el   acantilado. Conocía bien el sitio, pues el lugar ofrecía variedad de tartas.  Cada uno elegimos nuestra porción y lo acompañamos del típico barraquito (café con licor y nata). Todo estaba   riquísimo y el barraquito, nos encantó. 
Que día tan fantástico pasamos los cinco juntos, como nos alegramos de pasar con Esperanza este segundo día de marzo y qué lugares tan fantásticos nos mostró. Mil gracias.

Parque de Anaga
Parque de Anaga
         
Parque Anaga

Nos queda quitarnos la "espinita" del paseo por Anaga. El día
se presentaba más soleado, así que fuimos al centro de interpretación del parque y desde allí, dispuestos a realizar alguna de sus rutas. Hicimos una cortita, de un par de horas, circular, que nos permitió gozar de este paraje tan peculiar de laurisilva, en el que apenas penetra el sol y la lluvia y la humedad mantiene este ecosistema creando una "isla dentro de una isla". El recorrido nos mostró variedad de árboles, lianas, musgo, toda una riqueza vegetal en un terreno volcánico. 
Ahora Luis se convirtió en guía turística, investigó en las redes y descubrió un Guachinche -Bibi y Maná-  en Taganana; Solo el nombre del local y de la villa eran sugerentes. Llamó, reservó y allí estuvimos, en una zona nueva, en un barranco seducidos de nuevo por la cocina canaria. Después, un paseo por Taganana  por un camino amplio, que iba serpenteando la costa y cogiendo altura,  por el que llegamos hasta ver el pueblo de El Draguillo.  Ya de vuelta en coche, atravesamos el Parque de Anaga, llegamos a las Teresitas (y así lo conocían César y Begoña),  atravesamos Santa Cruz y cogimos la autovía hasta Puerto de la Cruz. 
Parque de Anaga

Guachinche








Costa de Taganana











Y como pasa en el teatro y en el cine, la obra termina similar a su comienzo. Desde mañana volvemos a ser los dos únicos protagonistas del principio. Luis y yo, de nuevo solos, cambiando de nuevo de escenario. Nos vamos a La Gomera. Contaré la Gomera en otra entrada, para no hacer ésta tan extensa.
Un saludo a todos los que me siguen. 

domingo, 27 de marzo de 2022

CABO DE GATA y estancia relámpago en MÁLAGA. febrero de 2022

 Tras una espera que se me hizo larga, por fin salimos buscando el buen tiempo. Había en principio otros planes, pero hay que acomodarse a las adversidades, así que cambiamos un mes en Tenerife por unos días (en principio) por Almería y Málaga.

Como vamos tranquilos hicimos noche en Guadix, población que ya conocíamos y que nos acogió con todo su encanto. Paseamos, tomamos algo y emprendimos a la mañana siguiente la salida hacia S. José, que sería el primer destino del Parque Natural del Cabo de Gata.  De camino nos encontramos con Calahorra y aprovechamos el momento para visitarlo.¡Menuda fortaleza tiene la villa, qué importancia debió de tener! Tiene el castillo un gran tamaño y, aunque no está abierto al público, desde sus pies se divisa la ciudad, las minas que se vislumbran en la parte baja y las montañas de Sierra Nevada a lo lejos. Como curiosidad, comentar la dificultad que tiene encontrar el camino de subida y el estado en que el empedrado y acceso se encuentra, dada la imponente presencia del castillo.

Castillo de Calahorra

Vistas del Castillo de Calahorra








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Llegados ya al parque natural vemos que, en teoría, hay tres campings, y tres áreas de autocaravanas. Digo en teoría, porque a pesar de los carteles, sólo estaba abierto un camping y el área de San José. Sin embargo imperaba el miedo a multas por pernoctar en muchas zonas entre las 24:00 y las 8:00. En fin,  una mala gestión y organización del parque, que deja un poco de mal sabor de boca al hacer dudar cada noche si estábamos en lugar permitido o no. 

Formaciones de la roca

Ese primer día fuimos a disfrutar ver y las calas y playas. Fuimos caminando por el monte desde el faro a la Playa de los Genoveses, viendo el acantilado hasta pisar la arena fina de la playa. La segunda visita fue la del Mónsul. ¡Y fue una gozada!  Paseamos por las rocas que cierran la playa y descubrimos esas formaciones que hace la roca y que parece pura geometría. 

Playa del Mónsul






Es una delicia ir a un lugar que gusta, un sitio al que vuelves y que vas reconociendo poco a poco. Es como volver a "casa" y disfrutar de ese reencuentro. Qué agradecimiento siento al volver a lugares así:  preciosos, tranquilos y ya primaverales. Aunque igual de placentero resulta descubrir lugares nuevos: rutas y caminos desconocidos, pequeños pueblos por hallar o modificaciones surgidas con el paso de los años. 

Hicimos varias rutas novedosas para nosotros; la Caldera de las Presillas, el Playazo de Rodalquilar, o el camino a la Cala de San Pedro desde Agua Amarga. 

La marcha de la Caldera estuvo bien por el paraje tan distinto a nuestro paisaje habitual. Llegamos hasta la Caldera, por un sendero que discurría por un barranco; el paisaje fue invariable, con escasísima vegetación, encontrándonos aljibes o pozos durante el recorrido. A pesar de ser febrero, el camino fue caluroso y  la llegada final a la Caldera se hizo desear. Nos acordamos de nuestros amigos del grupo de montaña que ese mismo día estaban de ruta con unas vistas completamente distintas a las que nosotros teníamos delante. 

La panorámica cambió al ir a Isla del Moro o a los Escullos y pasear por lo alto de los acantilados, entre esas rocas fósiles. El Playazo de Rodalquilar fue un nuevo descubrimiento; la playa es larga y bonita, pero además irse por esas dunas móviles, escarpando entre las distintas formaciones que se han ido creando fue una maravilla que no conocíamos. De vuelta, paramos en el Pozo de los Frailes, solo por el placer de reconocer la zona, el hostal en el que otras veces nos alojábamos, el pozo antiguo que está en su totalidad....... Un día estupendo. Este día dormimos en Rodalquilar, una vez encontrado un lugar apartado y tranquilo en el pueblo.

Ruta a la Caldera



Los Escullos


Playazo de Rodalquilar

Playazo de Rodalquilar










Amanecimos y fuimos hacia la Caleta, donde el camping estaba cerrado, en la Cala del Cuervo que estaba para nosotros solos. Allí desayunamos y disfrutamos de la playa, así como de la subida al monte que la cierra, gozando así de nuevas vistas y panorámicas que íbamos descubriendo. Seguimos con nuestra furgoneta, recorriendo el Parque. Llegamos a Las Negras, viendo la playa pedregosa y esa villa marinera. La sorpresa fue que había una gran concentración de jóvenes "progres - porretas", fumando y bebiendo, concentrados en dos pequeños bares al lado de la playa. Allí tomamos una cerveza, participamos del ambiente y de la vidilla del pueblo, aunque barato no fue, pues 3€ costaba la caña de cerveza. ¡Caray con los progres...!  Quisimos hacer la ruta hacia la Cala de San Pedro, la marcha más típica de la zona. Era sábado y parece que había mucha gente con la misma idea, así que no encontramos aparcamiento para la furgoneta y nos fuimos hacia Agua Amarga, no con pena, pues yo tenía interés en hacerla.

Por el camino paramos en distintos lugares que reconocíamos según iban apareciendo:  paisajes de campos con árboles en flor o algún aljibe inmenso todavía en uso. He recogido algunas fotos de arqueología que hay dispersas por la zona. Son característicos de la comarca y provincia.

Aljibe

Campos en flor





Agua Amarga era un hervidero de gente, en la zona central cerca de la plaza donde se concentraba la concurrencia alrededor de los bares y restaurantes que allí había. Era domingo y hacía un día estupendo. El pueblo es bastante grande, aunque con muchos edificios vacíos; se ve que la zona se llena en temporada alta. 

Cuevas en Agua Amarga 
 Yo no recordaba la playa tan larga que tiene,   contrastando con las calitas de la zona. Dimos un paseo   por la playa y subimos al monte que la cierra, donde hay   unas cuevas en las que antiguamente vivía gente. 

 Fuimos a conocer otras ensenadas y llegando al parking   de la cala del Plomo nos encontramos aparcadas varias   furgonetas y autocaravanas. Una pareja de jóvenes nos  comentaron que la policía les había dicho que podían quedarse 24 horas. Así que, siguiendo esta idea, decidimos quedarnos allí a pasar la noche. Por fin, a pie de playa, en un paraje precioso. Todavía el sol nos dejaba una tregua, así que aprovechamos para caminar hasta la Cala de Enmedio. ¡Qué acierto! ¡Qué bonita! Nuevo descubrimiento. 

Se trata de una playita coqueta, cerrada a ambos lados por esa roca tan peculiar de la zona: blanca, con forma de ola por la acción del viento y el agua. Disfrutamos paseando y trepando por ambos lados durante la tarde, junto con algún otro par de turistas que estaban haciendo fotos del territorio.Tanto la ida como la vuelta fue prácticamente en solitario, llegando a la furgoneta ya casi de noche. Habíamos encontrado un nuevo hallazgo que coronamos con una cerveza y unos frutos secos, sentados en las rocas de cala del Plomo de frente al mar. ¡Un ratito estupendo, de esos por los que merece la pena salir y viajar!. 

Agua Amarga

Cala de Enmedio

Cala de Enmedio





 Desde esta calita sale un sendero a la famosa cala de   San Pedro, aquélla a la que no pudimos llegar desde las   Negras. Fue un recorrido largo, con gran pendiente, de   subida continua, con un tramo llano en la parte alta, para   bajar en picado por un sendero estrecho hasta la cala.   Fue bonito, pues disfrutamos de buenas vistas continuamente, pero a la vez, bastante duro. Desde la parte alta, al final, se divisiba  la cala de San Pedro, restos de una antigua edificación de defensa y  con algunos pequeños asentamientos de tiendas de campaña que se refugiaban en el interior de la cala. Desde arriba, avistando la cala y su entorno, decidimos emprender el retorno, que era largo. En este retorno, nos desviamos un poco para acercarnos a ver Punta Javana e Isla de Mil Delfines, que señalaba un indicador. El nombre era sugerente. Tenía unas vistas impresionantes. Ya, sin más dilación, iniciamos el mismo camino de retorno; queríamos llegar a la Ciudad de Cabo de Gata esa misma tarde.

Vista de la Cal de S. Pedro

Ruta a la Cala de S. Pedro







Preparamos la comida en nuestra "Blanqui" y recorrimos todo el parque, puesto que nuestro destino estaba justo en el margen contrario. El recorrido no es largo, pero la carretera está muy transitada. Se pasan por poblaciones con muchísimo movimiento de peatones, trabajadores en bici y moto, camiones, etc.... que hicieron el trayecto muy lento. En cualquier caso, me sorprendió la actividad que tiene la zona. La impresión era de estar en Marruecos; tanto la gente, como los negocios, como los letreros.... el aspecto era de una ciudad del norte del país vecino. Hubiera merecido pasar un día allí, para observar y percibir la vida en todo el

Extensiones de viveros
 área de Níjar.  En este itinerario, fuera de las poblaciones es impresionante la cantidad de viveros, con plásticos,   unos bien instalados y estables; otros muchos con palos   y materiales desechables que  se extienden por todas   partes, incluso aterrazando zonas inaccesibles.   El   espectáculo, no diría bonito, pero sí conmovedor. Llegamos a Ciudad del Cabo ya tarde, quedaba poco de luz solar. La sorpresa fue inmensa cuando nos encontramos un mar bravo y revuelto, además de dos estacionamientos repletos de autocaravanas. Uno de ellos, al final de la playa, de cara al Mediterráneo, con gente disfrutando del mar y de la puesta de sol, incluso con sillas y mesas, saboreando un vino. Fue fascinante la llegada y, preciosa la playa, la vista y el ocaso. Una pena haber llegado tan tarde, pues solo disfrutaríamos la mañana del día siguiente antes de partir a Málaga donde teníamos que llegar a comer. Habíamos quedado con        Carla, una de mis sobrinas, mi ahijada, "mi niña". 
Cabo de Gata

Cabo de Gata






Necesitábamos agua y desaguar, así que fuimos a un área de pago que había en el interior de la ciudad, a un área de autocaravanas nuevo, limpio, amplio. Aprovechamos a tener corriente eléctrica para cargar algún aparato y que nos duraran para el resto de los días. 

La mañana fue espléndida. Recorrimos toda la zona  marítima, subimos hasta el faro y cercanías. Vimos el arrecife del Dedo, el de las Sirenas y contemplamos desde la lejanía las salinas de la zona. Nos quedamos con ganas de más, así que habrá que empezar por aquí la próxima vez. 

Arrecife del Dedo

Arrecife de las Sirenas





Emprendimos la marcha a Málaga. Los campos de plástico nos siguieron acompañando, incluso atravesando la provincia de Granada, aunque ya en menos cantidad. Llegamos a la hora de comer, no a tiempo de la reserva que había hecho Carla en su chiringuito preferido, pero pronto lo resolvió llevándonos a otro que no estuvo nada mal: con terraza, en la propia playa, donde tomamos pescaíto, ¡como no podía ser de otra manera! Pasamos la tarde ya juntas, paseamos, conocimos su casa pues yo tenía muchas ganas de verla en su ambiente, en su nuevo hogar, con su vida de R2.  La parte más fea fue la de buscar un parking para pasar la noche (estaba todo lleno) y encontramos uno, que en principio, me pareció alejadísimo, pero que a la luz del día, comprobamos que estaba en la costa, entre árboles, a pie de playa. Un sitio bonito, gratuito y .....  lleno; si uno se movía, podía ser que no hubiera sitio al anochecer.  Así que gracias a Borja que conocía el lugar nos recogió a los tres en el parking y fuimos los cuatro a cenar al centro de Málaga, a uno de los lugares más típicos. Lo pasamos bien y yo estaba contentísima de poder estar con Carla, allí, en su ciudad de acogida, viéndola feliz. Estaba guapísima! ¡Lástima no tener una foto de los cuatro juntos allí! 

Pasamos el día siguiente en Málaga, ya solos los dos, pues Carla tenía guardia todo el día. Lo dedicamos a pasear por la ciudad, a acercarnos al teatro romano y alrededores, a ir a la Malagueta y descansar un rato en la playa y a ir al Teatro del Soho, el de Antonio Banderas, donde veríamos su musical "Company". Fue un día completísimo que cerramos tomando una cerveza y unas raciones en La Fábrica, también un restaurante conocido en la ciudad. Al día siguiente, a media mañana nos despedimos de la pareja tomando un café en las cercanías de su casa y desde allí, emprendimos la vuelta, pasando por Mijas y Antequera a realizar una corta visita. 

Centro Pompidou

Teatro romano y Alcazaba


   



Borja y Carla nos habían hablado de Mijas, como pueblo bonito para visitar. Situado en la ladera,  su casco histórico (declarado Conjunto Histórico-Artistico) posee un trazado de origen árabe con calles encaladas.  En la parte alta, nada más subir desde el aparcamiento, uno se encuentra con el estacionamiento de sus típicos burro-taxis, todos ellos engalanados y que algunos turistas cogen para recorrer la ciudad. También ahí está la oficina de turismo donde nos dieron un plano con el   itinerario a seguir para ver la villa al completo. Y esto último es lo que hicimos. 

Mijas
 
Plano y recorrido por Mijas












La plaza de toros, de forma   ovalada, la Iglesia Parroquial o el santuario de la Virgen de Peña son sus monumentos emblemáticos. pero lo que más me gusto fue el recorrido que hicimos siguiendo su antigua muralla árabe, por donde discurren balcones y jardines que regalan al viajero una espléndida panorámica de la Costa del Sol. Fue un acierto acercarnos a Mijas disfrutando además de la temporada baja en la que no hay demasiado turismo. Bajamos a la costa tras una comida tardía y buscamos un área de autocaravanas por la zona, llegando con esta idea a Benalmádena. La sorpresa fue, que estaba lleno y habían prohibido justo la noche anterior  todo un área aledaño preparado para autocares y vehículos grandes. La prohibición abarcaba entre las las 24:00 y las 8:00. Al parecer había muchas autocaravanas extranjeras que habían quedado "atrapadas" en el sur peninsular al estar cerrada la frontera con Marruecos y permanecían instalados durante días, por lo que las autoridades habían decidido limitar aparcamientos. La misma razón que en Málaga había llevado a cerrar un área en el centro de la ciudad. Así que, tuvimos que buscar, en la ciudad, alguna zona de parking ordinaria, algo apartada y tranquila. 

 
Miradores de Mijas


Mijas

Mijas











Paseamos por toda la zona marítima y portuaria de Benalmádena, que es muy amplia, con complejos turísticos de alto nivel, rodeados de restaurantes, zonas de copas, puertos deportivos con sus yates anclados,.. Llegando al final, está la Playa de Fuente Salud donde tuvimos el placer de contemplar la salida de la luna, redonda, grande, amarilla, reflejándose en el mar, creando esa atmósfera romántica y novelera que a veces se muestran en los documentales. 

Ya con la luz del día dimos un paseo por el parque que hay en el centro del pueblo y del que nos sorprendió su tamaño la tarde anterior. Con las mismas ganas de conocer Mijas, ahora vamos hacia Antequera, primero a pasear por el Torcal y después, ya por la tarde, la ciudad. 

El Torcal, considerado parque natural, es una muestra importante e impresionante de paisaje kárstico de España y Europa. Tiene importancia geomorfológica, al estar formado por rocas calizas cuyo origen fue marino proporcionando un auténtico museo natural de esculturas rocosas. Hay tres itinerarios de distinta duración y dificultad. El más corto y sencillo es el más frecuentado. Nosotros hicimos uno de los otros dos, cuyo inicio y final coincide con el breve. Es un lugar al que hay que ir sin prisas, dispuestos a caminar tranquilamente, encontrando formaciones y recreándose en ellas, dejando a la imaginación libre en búsqueda de las formas que evocan las rocas. 

Torcal de Antequera

Torcal de Antequera  



Torcal de Antequera


Torcal de Antequera


Torcal de Antequera 




 















El parking del Torcal no es muy grande y, a pesar de ser temporada baja, había dificultades de aparcamiento, sobre todo para furgonetas y vehículos más largos. Por la mañana el parking estaba lleno; al irnos, después de comer allí, en el área recreativa, la ocupación era ya mucho menor. 

De ahí a Antequera. Los días en febrero son cortos y los horarios de visitas acaban temprano. Aún así, llegamos a tiempo de visitar la Real Colegiata.  del S. XVI, de estilo renancentista;  es junto con la alcazaba, lo más representativo de la ciudad. Una audioguía a través del móvil va guiándote en su recorrido. Duró lo justo,  hasta el cierre, momento en que fuimos a rodear la Alcazaba y disfrutar de las vistas. Acabamos la visita con un paseo corto por algún mirador y por el pueblo antes de que el sol nos dejara de acompañar. 

Alcazaba de Antequera


Puerta de Antequera con Colegiata de fondo

Vistas de Antequera












Al ser todavía pronto, aunque fuera de noche, adelantamos casi 200 kilómetros para que el día siguiente no fuera tan largo el viaje, por lo que fuimos hasta Andújar. Aquí había un buen parking de autocaravanas, en un parque muy céntrico. Dando una propina al guarda, nos dejó una de las puertas abiertas para que accediéramos por la noche, puesto que el parque se cerraba a las 22:00h.

Aquí finaliza esta escapada por esa zona mediterránea, cálida, de cielos azules y que adelanta la primavera frente a nuestro paisaje habitual del mes de febrero. 









martes, 30 de noviembre de 2021

Valle de Ambroz y Valle del Jerte. Noviembre 2021

Comenzamos el viaje el 10 de noviembre y esta vez lo que buscábamos era el colorido del otoño. Teníamos ganas de paisaje, senderismo, de disfrutar del paisaje otoñal. Para eso, elegimos el valle de Ambroz, repleto de castaños y robles, además de algunos chopos en la parte más baja.

Nuestra primera parada sería Béjar, pero al pasar por Puente del Congosto nos sorprendió el castillo, así que paramos a conocer el pueblo; de esta manera descubrimos el puente antiguo sobre el río Tormes y el castillo en su margen izquierdo. Paseando por los alrededores del cauce se ven muchos restos de molinos de la industria textil que tuvo en su pasado.


Béjar
Puente de Congosto  










En el recorrido que hicimos, descubrimos la ciudad de Béjar, y Montemayor del Río, visitado nuevamente Candelario y Hervás y finalmente Plasencia, donde cerraríamos la ruta por el valle para iniciarnos en la vuelta, ya de manera más rápida, por el valle del Jerte.  
Palacio de los Zúñiga. Béjar

Me sorprendió muy gratamente Béjar, por sus vestigios de la industria textil a lo largo del río Cuerpo de Hombre, y desde donde empezamos a disfrutar del colorido de los montes de los alrededores. Es un pueblo grande, alargado, situado entre dos ríos, con plazas, calles, iglesias, conventos;  recorrimos parte de su muralla y puertas de acceso a la ciudad. En la Plaza Mayor se encuentra el Palacio ducal de los Zúñiga con una cámara oscura visitable. Nos acercamos a ver la plaza de toros, que al parecer es la más antigua de España, pero estaba cerrada. Sí descubrimos la villa renacentista de El Bosque, que se encuentra a las afueras y que merece la pena visitar; está en pleno momento de rehabilitación y ha sido una desconocida hasta hace poco. Hoy es una de las pocas, sino la única villa que queda de la época en una situación semejante a su origen.
Béjar nos aportó además un buen parking de autocaravanas ; alejado de la villa, en una zona muy tranquila, desde la que se divisa toda la ciudad desde el otro lado del cañón.  Allí pasamos dos noches.

Hicimos una visita exprés a Candelario. Allí pasamos la tarde paseando por sus empinadas calles y recordando los empedrados y las canalizaciones abiertas de agua, su plaza, las fachadas forradas de tejas o sus puertas de madera que protegen las viviendas de la nieve. 

En la oficina de turismo de Béjar nos recomendaron visitar Montemayor del Río e ir, fue todo un acierto. La localidad tiene un trazado con encanto, varias muestras de arquitectura tradicional, un castillo espectacular en lo alto del pueblo y todo él colocado en la ladera de un monte. La llegada al pueblo es bonita, pues  tiene una panorámica preciosa  y adornado todo ello en noviembre con el color de densos castañares.

Montemayor del Río
 La siguiente parada fue en Hervás. Allí no hay área de   autocaravanas, fuimos al camping, donde pasamos la   primera noche. Sí le tiene Baños de   Montemayor (a 10   km) donde pasamos la segunda y, de nuevo en Hervás,   un área en la antigua estación donde paran y   estacionan   muchas furgonetas, fue el lugar elegido para   la tercera   noche.   Hervás ya lo conocíamos. Era   sábado y estaba   repleto   de turistas y gente en las   calles. “Pateamos” sus   calles   y  recorrimos el barrio   judío que es grande y se conserva bien. En información turística nos dieron folletos sobre distintas rutas de senderismo e hicimos unas cuantas. Esta es la razón por la que pasamos 3 noches en la zona. La primera rutilla fue desde el puente de hierro de la Vía Verde. Tomamos un sendero todo ello empinadísimo, pero desde el que disfrutamos de una panorámica de la villa preciosa y de una ruta de un par de horas llena de color. ¡Una preciosidad! 

Paseo por el río y puente medieval. Hervás



Vista panorámica de Hervás





       
Barrio judío. hervás













Al día siguiente intentamos hacer la ruta titulada   “Bosques del Ambroz”. No tuvimos más remedio que con la ayuda de algunas indicaciones, nuestra intuición, y google maps intentar ajustarnos al recorrido. Había bastannte gente haciendo senderismo y fue bonito pasear entre castaños. La tercera ruta que hicimos fue a la Chorrera, a la que se asciende desde la Plaza del Convento de Hervás por un sendero asfaltado, hasta un albergue, estando en las cercanías el parking para el coche . Fue una ruta también en ascenso continuo de 1 hora larga. Es una de las rutas más típicas de Hervás. La Chorrera es el final del sendero (aunque allí descubrimos que se podía continuar más arriba); la recompensa de la ruta es la visión de  una cascada en un entorno bonito. 
Por la tarde y antes de seguir hacia Plasencia, fuimos a ver los Castaños del Temblar. Un excelente conjunto de castaños milenarios, al que se llega desde Segura de Toro. Una maravilla estar bajo esos ejemplares; se respira una gran serenidad y paz bajo sus ramas. Una visita que no se debe pasar por alto. Aprovechamos a pasear por el pueblo a la vuelta y ver el toro vetón que está en la plaza principal del pueblo.

La zona ofrecía un programa que denominan Otoño en RE mayor, (a mí me encantó el título) con distintas actividades por los pueblos a lo largo de varios fines de semana. Nosotros participamos en la visita teatralizada en Baños de Montemayor, en la que nos contaron la historia y gestión de las aguas termales desde tiempos remotos. Como ya he dicho antes, ofrece además parking para autocaravanas; es pequeño, solo tiene 4 plazas, pero tiene todos los servicios de aguas y sobre todo, se ha acordado de este tipo de turismo. Así que fuimos a dormir allí, cenamos de lujo en el bar Carlos en la plaza del pueblo con raciones muy curiosas; allí pasamos la jornada. Nos quedamos con ganas de entrar al balneario y aprovechar sus aguas medicinales, pero no pudo ser; estaba todo ocupado y reservado, así que queda pendiente para otra ocasión. 

Llegamos ya a Plasencia. Hay un parking enorme en la parte baja de la ciudad, al lado de un gran y largo parque que discurre con el río Jerte. El parking es para todo tipo de
 
Plasencia
vehículos, sin servicios de ningún tipo   para   autocaravanas. Allí pasamos una noche.   Recorrimos la calle principal y llegamos hasta el centro   para tomar algo de cena. La ciudad, un lunes, estaba   inactiva, no había gente por las calles, se veía muy   vacía.  La ciudad revivió por la mañana, ya con el   comercio activo, con luz y sol; aprovechamos a visitar   la catedral (vieja y nueva), y a pasear por plazas y ver   los restos de muralla.


Plasencia
La siguiente noche la pasaríamos en Navaconcejo, ya en el valle del Jerte, donde hay un área de autocaravanas que resultó estar precintado y, por tanto, inactivo. Estaba  en un lugar tranquilo y cerca del centro del pueblo, al otro lado del río Jerte, donde hay un paseo fluvial. Tuvimos que buscar otro lugar donde parar. 

En Navaconcejo hicimos la Garganta de Las Nogaledas. Parecía en principio que iba a ser un recorrido corto, pero tras llegar a la primera cascada descubrimos que el sendero seguía y estaba preparado con escaleras rústicas, con piedras y maderas que iba ascendiendo, así que seguimos la ruta. Fue una enorme y agradable sorpresa porque hay muchas pequeñas cascadas, miradores y un paraje espectacular. Ascendimos hasta cruzarnos con un camino rural que serpenteando bajaba al pueblo. Ya estaba anocheciendo, la luz iba desapareciendo, por lo que no seguimos por encima de este cruce y decidimos volver por este camino. La vuelta por el sendero de ascenso era entre altos árboles, oscuro y duro como para volver con poca luz. Así que, la vuelta fue fácil, con gran desnivel, pero por camino cementado. Esta vez, cenamos ya en la furgoneta.

La mañana se presentó nuevamente con luz y sol, como todos los días y tras un breve paseo fuimos a Jerte. Ahí donde está el parking para iniciar la marcha de la Garganta de los Infiernos han dejado una zona para autocaravanas. Ésta no aparecía ni en google ni en la app.  No nos hacía falta puesto que ya volvíamos a casa, pero el lugar estaba muy bien a falta de que funcionaran las tomas de luz eléctrica y el cajero para el pago del consumo de este servicio. Por ello, yo lo añadí en maps. 

La Garganta de los Infiernos sigue siendo preciosa. Aunque se haya hecho más veces, el recorrido es bonito y la zona de los pilones muy atractiva. Una vez allí descubrimos que la ruta continúa hasta Puente Nuevo y, más allá, hasta el Puente de Carlos V. Aunque dudamos si continuar, tomamos la buena decisión de darnos la vuelta, pues no llevábamos ni agua ni comida, eran ya las 14:00, y nos quedaba una hora de vuelta hasta el coche, por lo que no debíamos incorporar por lo menos un par de horas más. Es otra de las cosas que quedan pendientes para la próxima vez.

En definitiva, el Valle de Ambroz es una maravilla, en otoño por su colorido, además de por los pueblos que hay en su recorrido. Para que podáis disfrutar de él, he dejado las fotos y vídeos que están expuestas. En el primer vídeo hay un error que espero descubráis. El segundo mostrando el conjunto centenario de castamos. Para finalizar veréis un nuevo vídeo, esta vez paisajístico con los parajes que hemos ido viendo en nuestros paseos y rutas, 

Nos han quedado rutas por hacer:

- La Pista Heide que rodea la sierra de Hervás, debe tener una impresionantes vistas del Valle de Ambroz, puesto que tiene un gran desnivel de ascenso, pero luego gran parte del recorrido es por la parte alta, y ya más llana. Después, claro, hay que descender nuevamente.

- La Garganta de La Nogaleda, para realizarla entera, de manera tranquila y con más luz.

- La Garganta de Marta y la Cascada del Caozo, también en el valle del Jerte, son posibles rutas a realizar que nos sugirieron en la oficina de turismo de Navaconcejo.





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