Esta ha sido una escapada corta, sencilla y lo mejor de todo, compartida. La familia onubense a la que tanto queremos nos propuso unos días en alguna zona, a mitad de recorrido entre ambos, y el destino se fijó en las Batuecas. Allá viajamos con nuestra furgo, nuestra "Blanqui" y nos encontramos con Toñi y Diego. El lugar de encuentro fue La Alberca; ellos en un hotel super fresquito (demasiado, quizá, el aire acondicionado era natural, natural) y nosotros en principio en el camping y después en el parking de autocaravanas que estaba enfrente del hotel.
Momento de descanso en el camping
Mapa de la zona
La zona de las Batuecas nos
sorprendió por el microclima que percibimos. Está localizada entre sierras y
pequeños ríos que originan valles verdes y frondosos. Abundan castaños enormes,
robles, encinas, madroños y muchos de gran tamaño; vimos castaños, encinas y
tejos centenarios. En cuanto nos movíamos un poco por esas carreteras pequeñas y
enredadas en curvas, permanecíamos en sombra. Así que, los veranos son llevaderos, allí se duerme, se descansa, y como toque alguna ola más fresca.... hay que
llevar manga larga y abrigo ligero. Así que un placer de paisaje y sensaciones. Humedad en el
ambiente, aire fresco, baños en piscinas naturales, silencio en las noches, bosques frondosos, embutidos de la zona que saborear..... No se puede pedir
mucho más, si encima se hace con buenos amigos. Bueno, sí se puede sí y lo
hacíamos, no nos faltó una buena botella de vino todas las noches, cerrando la
última cena con un Emilio Moro del que Luis se había antojado y ninguno de los
demás rechazó.
Castaños centenarios
Es la primera vez que hemos estado en un camping.
Lo hicimos en el Sierra de Francia; un lugar preparado para familias, con
muchas rulots que ampliaban su hogar con tiendas acopladas y que adornaban
incluso con macetas. Un lugar muy fresco, con parcelas amplias para poder instalar mesa y sillas con mucha holgura. Tenía también piscina que yo disfruté el
primer día. Sin embargo, nuestro tipo de vida no se adaptaba
bien a los horarios. Las 23:55 era la hora límite de entrada y por las mañanas
no había apenas ruido antes de las 9:00. Un lujo para quienes van a descansar. Lo entiendo y me parece lógico, pero para nosotros, tener horarios ya es un hándicap y esa fue la razón por la que
nos fuimos al parking de autocaravanas, que en este sentido es más libre. Nos
sorprendió la amplitud de este parquing y nuevamente con grandes y frondosos
árboles para que los vehículos queden bajo su abrigo, así que para nosotros, un
lugar estupendo y al ladito del hotel de nuestros familiares.
La Alberca es el pueblo central de la comarca de
las Batuecas y también el pueblo más bonito. Es una villa muy turística y la
tienen cuidada, limpia y adornada, llena de flores en los balcones. La plaza, lugar
céntrico, es también preciosa y donde se concentran varios restaurantes con sus
terrazas que hacen las delicias de los turistas, de los lugareños, supongo
durante todo el año, y del frescor de las noches. Allí cenamos casi todos los días,
en el restaurante El Soportal. La dueña es una mujer simpática, que se hace con
los clientes y con ella charlamos todas las noches. Dio la casualidad
de que su marido había estado muchos años trabajando en Huelva, con el
transporte de la fresa. En fin, nos alegramos de charlar con gente del lugar.
La Alberca es conjunto histórico artístico. Calles
y edificios de dos plantas, estrechas, con maderas cruzadas en el exterior y
los bajos dedicados a talleres, tiendas
y oficios abiertos al exterior. Todo ello, tan uidado y adornado, que
hace muy plancentero un paseo por las plazas y calles. Abundan los dinteles con
inscripciones del año de construcción o motivos cristianos propias de otras
épocas.
La Alberca
Plaza Mayor de La Alberca
Un día por las Batuecas resultó muy interesante y
agradable. La ruta fue la siguiente: la Alberca- Las Mestas – meandro de Melero,
Miranda del Castañar y Mogarraz. El día comenzó camino de las Mestas, para lo
que se baja un pequeño puerto, muy enredado con curvas y contracurvas,
que nos mostraba las laderas frondosas y verdes. Paramos a dar un paseo por un
sendero paralelo al río que lleva al monasterio de San Juan de las Batuecas.
Una vereda corta, bien preparada, muy fresca que llega hasta la entrada. A la izquierda, un verso de San Juan de la Cruz y en la espadaña, un pequeño pino que crecía curiosamente allá en lo más alto.
Piscina natural del río Ladrillar en Las Mestas
Monasterio de las Batuecas
Meadro Melero
Tras ese pequeño paseo, llegamos a las Mestas por
donde discurría el río Ladrillar y en el que disfruté tremendamente de un baño en la piscina
natural. Fue un momento delicioso, con agua dulce, fresca, natural y
discurriendo por el cauce del río. Tras un descanso en el chiringuito que había
en lo alto seguimos el itinerario propuesto y fuimos a ver el meandro Melero.
Hay un mirador alto y otro, escaleras abajo, desde el que se divisa el meandro
que produce el río Alagón. Las fotos del meandro en las diferentes estaciones
muestran diferentes paisajes; el de este momento, reflejaba una bonita mezcla de colorido: verde de
la zona que debió estar inundada algunas semanas anteriores y colores tierra que
van del blanco al terroso. Un espectáculo que uno no debe perderse. Este fue otro de los grandes momentos de la
escapada. A todos nos maravilló el paisaje tan caprichoso.
Miranda del Castañar
Ya continuamos hacia Miranda del Castañar, también
un pueblo muy pintoresco, aunque menos dedicado al turismo. Tiene un
casco histórico singular, medieval con casas de mampostería y madera. Cuenta con
castillo, iglesia y pequeña ermita, además de un camino - mirador que rodea el pueblo. Una señora ya mayor se dispuso voluntariamente a enseñarnos los escudos y rincones más bonitos para que no nos fuéramos sin contemplarlos.
Acabamos en Mogarraz, que según nos indicaron en
el camping, visitarlo al anochecer, con el sol caído, callejeando y viendo los
continuos retratos de antiguos habitantes del pueblo creaba un ambiente muy
especial. Eso hicimos. A mi no me creó
esa magia esperada, aunque curioso el pueblo sí es. Curioso por los retratos
que surgen continuamente en balcones, paredes, incluso en la iglesia; bonito
porque sigue la estructura de los pueblos de la zona.
Miranda del Castañar
Miranda del Castañar
Miranda del Castañar
Mogarraz
Mogarraz
Si tengo que añadir otra visita ineludible en las
Batuecas esa es subir a la Peña de Francia, a ser posible al anochecer y contemplar
desde allí la puesta de sol. Elegimos un jueves para subir y arriba soplaba
bien el aire. Una pandilla de jóvenes habían tenido la misma idea, pero el
lugar es muy amplio para que seamos muchos los que podamos disfrutar del
momento. Fue un momento precioso, el sol se metía por el oeste y enrojecía el cielo, mientras que una luna llena lucía ya por encima del horizonte, justo enfrente, en el este.
Peña de Francia
Peña de Francia
Peña de Francia (¿el fotógrafo?: uno de los jóvenes)
Aunque he contado los momentos que para mí fueron más gratos, no puedo dejar de hablar de San Martín del Castañar y Sequeros, dos de los pueblos históricos de la zona que no se pueden dejar de visitar. Tan bonitos como Miranda.
San Martín del Castañar
Sequeros
Sequeros
El último día lo dedicamos a recorrer las Urdes, con todas sus carreteras viradas, sus pueblos típicos de construcción tradicional y asomándonos a los miradores que nos íbamos encontrando; ninguno tuvo nada que envidiar al anterior.
Casares de las Hurdes
Mirador en las Hurdes
Riomalo de Arriba (construcción tradicional)
Aquí termina nuestro viaje de cuatro días por Salamanca y las Hurdes y me llevo un bonito y agradable recuerdo de la escapada. Pero me llevo además conversaciones interesantes y variadas, el haber aprendido a jugar a la canasta y nuevos cantantes y autores y musicales que van a tener su repercusión en nosotros. Toñi y Diego nos hablaron de Jorge Drexler y de Pedro Guerra y Ángel González. Así que, nombré a Toñi mi asesora y descubridora musical, y ella creo que encantada del nuevo cargo. Y es que además de un lujo de amistad, es una cantante magnífica. Aquí dejo una muestra, ya de hace año y medio, pero todo lo más es que ha mejorado. Cantar le encanta, pero es que el flamenco lo borda!
Esta es una entrada dedicada a ella, a la trotamundos; perdón, a la trota-batuecas, que pasó de no poder andar a caminar incluso sobre piedras en el cauce del río. Podría también tener el título de "nueva - andarina". Un abrazo muy fuerte.