miércoles, 19 de agosto de 2020

VALLE DE TENA - 5 - 9 AGOSTO

 Esta salida cambia de rumbo. Vamos a Pirineos. Hacía mucho que no íbamos y en esta ocasión compartimos viaje con Patricia y Dani. ¡Todo un placer!  Ya llevábamos reservado un apartamento en Tramacastilla de Tena. El alojamiento estaba muy bien, con doble altura el salón, aprovechado un altillo para poner una habitación y abajo estaba el resto. Muy de montaña, como el pueblecito, todo él arreglado, homogéneo, con pizarra, balcones con flores, cuestas, fuentes antiguas de piedra, muy coqueto, como muchos de la zona.

Hicimos varias excursiones:

*  El Portalet, fue la primera marcha que hicimos. Un día de mucho sol, sin una nube que nos protegiera de los rayos y del calor. La zona está libre de árboles, y toda la zona francesa está dedicada al pastoreo de ganado, tanto de vacas como de ovejas. El constante soniquete de los cencerros nos acompañó todo el recorrido. Desde lo alto teníamos concierto en estéreo. Las distancias en la montaña engañan y aunque parecía que todo estaba más cerca, hicimos un buen recorrido, un track que previamente llevábamos previsto, no muy exigente para empezar. Comimos cerca de un cortado, por donde un riachuelo pequeño bajaba. Allí tomamos nuestros bocadillos para luego descender e ir buscando un lugar fresco y agua para hidratarnos. Estábamos sedientos y con ganas de sombra. 

* Tramacastilla está al lado del embalse de Búbal, pero cogiendo un camino de tierra que sale del pueblo (previo pago de 7€ para poder pasar; se coge el ticket en una máquina que expende los pases y que está situada cerca del colegio), se hace un recorrido precioso, vuelta contra vuelta disfrutando de la panorámica que ofrecen los distintos picos y formas geológicas. El camino alcanza el Ibón de Tramacastilla, un lujazo! Con árboles, con un par de mesas de piedra para poder hacer picnic y con posibilidad de baño fresco y limpio en un día de mucho calor y sol. Desde allí hicimos un recorrido por una pista que estaba prohibido el acceso a vehículos, pero frecuentada por ciclistas con bicis eléctricas que les ayudaba a llegar a muchos lugares. El track que hicimos no mereció mucho la pena, descendimos hasta una pequeña construcción (posible vivienda de un vaquero), desde allí, con dudas y preguntando torcimos hacia la derecha, hacia el embalse de Escarra. Tras 1Km -1,5Km nos encontramos con una valla, que aunque la pudimos sortear e hicimos unos cuantos metros mas, el camino era estrecho, sin sombras, se divisaba ya el embalse y no parecía que la panorámica aportara mucho, así que decidimos dar la vuelta. No lo hicimos todos a la vez, yo me adentré un poco más hacia el embalse, aunque regresé tras otro kilómetro más o menos. La vuelta fue durilla, no por el recorrido, como por el sol que nos castigaba en el ascenso. Cogimos el Ibón con ganas y nos dimos un baño delicioso de agua dulce, fresca y natural. 

* El recorrido estrella era el del Ibón de Piedrafita con el reto posterior de llegar al Arco Geológico natural. El camino hasta el Ibón es ascendente continuamente, pero sencillo, unos 6 Km; sube mucha gente de todo tipo. Cuando se llega a él espera una de esas sorpresas que tienen los Pirineos tras los ascensos. Se abre un circo espectacular, precioso, con el Ibón abajo. Allí se queda la mayoría de los senderistas. Patricia y Dani tenían claro que ellos iban a subir hasta el arco; yo me quedaba con ganas, pero con miedo de que fuera dura; Luis optaba por verlo desde abajo. La pareja joven subió la primera, de manera ligera; nosotros parando en cada sombra que encontrábamos, más animada yo que Luis. A mitad del camino, cuando se empieza a poner difícil a mí me entra el arrepentimiento, pero ya no tiene solución, hay que seguir y así, poco a poco, conseguimos llegar al pie del arco y disfrutar,  a su sombra, de la panorámica que desde allí teníamos. Ya descansados, subimos encima de él, nos hicimos fotos, nos sentimos orgullosos de haberlo hecho y buscamos algo más arriba, entre los árboles del pinar, un lugar donde tomar nuestros bocadillos. El agua había que racionarlo, no subimos muchas y fue motivo, incluso de discusión!  ¡Qué día más bonito y que lujo poder estar allí!  El descenso prometía, por lo menos para mí que soy miedosa, pero con la ayuda de Luis que me va ofreciendo hombro y mano, lo hice sin gran sufrimiento. Pasado nuevamente el ibón, nos refrescamos en uno los riachuelos, mojándonos los pies en él. Y ya de vuelta, una merecida cerveza, fue otro lujazo.

* El Saldo de Escarrilla es una ruta propuesta en la zona, de dificultad media, de 5,6Km que llega a una cascada con una poza bastante grande. No miramos bien el perfil de la ruta; únicamente leímos que era muy apta para familias con niños. Así que decidimos hacerla antes de emprender el viaje de vuelta a Madrid y Segovia. Fue un error no mirar bien el trayecto. La subida fue entre bosque con mucho ramaje en gran parte, pero muy dura, con mucho desnivel (320m de desnivel luego vimos) y muy pocas vistas. Una vez arriba se atraviesa una puertezuela y el camino discurre plano, por lo alto hasta llegar a la cascada. Había bastante gente alrededor de la poza, pero sólo uno se atrevió a bañar; otros, como yo estábamos en duda, no estaba claro si estaba permitido el baño. Uno de los caminantes lo aclaró gritando y dijo que no se podía. Ante esto,  nos bajamos un poco deprimidos, ante la posibilidad de un chapuceo refrescante después de un sendero tan malo. La vuelta la hicimos por una pista forestal que daba más vuelta, claro, pero mucho más fácil y llevadera para nuestras rodillas. En el camino se desarrolló de forma rápida una tormenta, con truenos y relámpagos que en la montaña es un espectáculo que sobrecoge. Conseguimos llegar al coche sin estar calados, parando cuando arreciaba algo más fuerte. Fue tormenta eléctrica más que de agua. 

* Otros recorrido cortos sencillo y muy agradables son el Saldo de Sallent de Gállegos. El camino se coge desde las pistas del frontón del pueblo y llega hasta una cascada. Va por bosque casi todo el tiempo y se permite el baño al llegar. Para llegar a la cascada hay que continuar un poco más. 

También es bonito hacerlo desde una de las curvas de bajada desde Panticosa hacia Sallet. Se coge el camino y llega al mismo sitio. También entre árboles. 

* Subir a Panticosa en coche también es precioso. Desde ahí hay nuevas rutas, que esta vez no hicimos. Allí, en el Lago, coincidimos con un concierto de piano, trompeta y narración. Original: el piano estaba metido dentro del lago sobre una plataforma flotante, la pianista iba de largo y rojo, con lo cual era todo muy vistoso. Los espectadores estaban sentados en el suelo, enfrente de donde se había puesto el espectáculo. Había muchos campistas, gente hospedada en el hotel y otros visitantes como nosotros. Se debe hacer un ciclo de actividades culturales por la zona durante los veranos. 

* El tramo que va desde Lanuza a Sallent  de Gállegos es también muy bonito. Hay una carreterilla estrecha  que se puede hacer en coche, bici o andando. Lanuza es un pueblo pequeño, pirenaico, que está situado al pie del embalse de Lanuza. Allí, me di un baño genial nuevamente. También había gente haciendo piragüismo. El ambiente muy tranquilo y un placer bañarte entre montes. 

En Tramacastilla probamos las migas, que son famosas y estaban bien ricas. También compramos quesos de la zona en Escarrilla y turismo gastronómico no hicimos nada más que esto. Unos días fueron bocadillos, otros comida que llevábamos ya preparada y el resto comer o cenar por la zona lo que nos iba surgiendo. 

Portalet

Subiendo en el Portalet

Ibón de Tramacastilla

Concierto en Panticosa


Arco geológico
de Piedrafita

Panorámica desde el Arco geológico de Piedrafita

Saldo de Escarrilla


Posibles rutas




Vista por encima del Arco geológico de Piedrafita
















martes, 4 de agosto de 2020

Escapada en solitario - COSTA DE LA MORTE: Muxía

Esta vez, me voy sola. Bueno, sola es mucho decir. Fui a Muxía con mi hijo, que iba con otros tres amigos a casa de uno de ellos. Al quedar una plaza en el coche, decidí acoplarme y luego hacer allí mi vida. Y eso hice.

Muxía es una pequeña península unida por un istmo. A un lado está la playa y el puerto con el paseo marítimo y al otro, mar abierto. Yo reservé un hostal en la zona de la playa, el Hostal la Cruz. Está genial, con habitaciones al paseo marítimo y al interior, a mí me tocó una de estas últimas.  El hostal está muy bien, reformado, cómodo y muy equilibrado de precio. 40€ la habitación. 

 El primer día, tras comer genial, al lado del hotel, en Casa O Peixe, estuve paseando por el pueblo y recorriendo un lado y otro en busca de una playa donde darme un baño. La del pueblo, que está enfrente del hostal, se queda pequeñísima si la marea está alta. Finalmente acabé bañándome en la playa de Espiñeirido, a la que se accede por un paseo de tablas, cómodo y en el que estábamos literalmente 3 personas, una en una esquina alejada, una señora sentada en su hamaca leyendo y yo, que dejé la toalla y me metí al mar. Un baño estupendo en solitario. Luego, paseando al borde del mar, de un lado a otro, me sequé y ya tarde fui al hostal a ducharme y abrigarme para ir a ver la puesta de sol donde un secadero de congrio. No lo había visto nunca, ¡Qué curioso! ya con el sol caído, fui a cenar a una de las muchas terrazas que hay en el paseo, a A Marina, que me recomendaron. 

 En la mañana del viernes y acompañada de Marisol recorrimos el Monte Corpiño, que está al final de la península y en la que hay paseos circulares. Vimos la iglesia parroquial de Santa María, con unas vistas estupendas a la ría; también fuimos a disfrutar del santuario de Virgen de la Barca, y A Ferida, monumento homenaje del Prestige. Una mezcla fantástica de lo sacro y lo civil, de lo antiguo y lo moderno. El monumento deja una abertura longitudinal, por el que dicen pasa el rayo de sol, antes del ocaso. Yo no pude comprobarlo. Pero el paseo y las vistas fueron geniales.  Llegamos a su casa, don de me invitó a una cerveza. Comimos juntas. Después ella se fue a atender al técnico de las persianas (que no fue)  y yo, después de una infusión, fui caminando a la playa del Lourido.  Está al final del pueblo, tras terminar las últimas casas, siguiendo la acera, luego un arcén amplio y en 15 - 20 minutos se llega a la playa. Está al pie del parador, recién inaugurado.  en el camino vi a mujeres secando al sol algo, con un gran tenedor, esparciéndolo por el suelo. Les pregunté, eran algas que secaban para luego vender a fábricas que facturaban esas algas para alimentación, perfumes, etc... 

La playa es estupenda, amplia y larga, de arena fina. Sí había gente, no demasiada, estábamos bastante dispersos, pocos bañistas, pero yo no resistí y me dí un baño magnífico, casi en solitario, delicioso, con el regalo de secarme al sol paseando por la playa nuevamente, de un extremo a otro. Esta playa es más larga que la del día anterior. 

 Marisol es la madre del amigo de Diego, una mujer estupenda, tranquila, serena, independiente, viajera y sensata. Creo que después de estar dos buenos ratos juntas, compartimos muchas cosas y forma de pensar. Está contentísima con el piso que tiene y tiene motivos para ellos. Me la enseñó y es que está genial. Tiene 3 dormitorios, un salón, cocina y dos baños, así que es grandecito, pero lo mejor es que todo él es con vistas al mar. Desde los ventanales de su casa, disfruta de un panorama marítimo único, tranquilo, despejado......  Me lo enseñó todo, disfrutamos de dos comidas estupendas: una el viernes en Muxía y otra el sábado en la Praia del Lago. Calamares, pulpo flambeado, navajas, pimientos de padrón, revuelto de algas y erizos son las raciones que compartimos ambos días y ninguna de ellas desmejoró a las otras. Todas, exquisitas. 

 El sábado por la mañana lo pasé paseando por los espolones del puerto. Allí estuve viendo como los chicos montaban el pequeño velero y lograban sacarlo al mar. Estuve grabándoles un rato. Fue bonito verlo y lo contento que iba Diego, pues era uno de sus caprichos del viaje, poder navegar con sus amigos. Por la tarde, tras la comida en la Praia del Lago, Marisol me enseñó la ría entera. Vimos a los chicos con el barquito de vela, desde la lejanía, nos acercamos a Merexo a verlos, vimos restos de una iglesia románica que estaba muy escondida y el hórreo que formaba parte del convento un donde almacenaban grano. al parecer es uno de los hórreos más largos que hay. Ya después de comer, paseamos por Camariñas, tomamos café y llegamos a Cabo Vilán. Desde allí seguimos por el camino de los ingleses, un camino de tierra en estado "aceptable", largo, que recorre la costa hasta Arou, donde llegamos ya anocheciendo. Allí ya cogimos carretera de vuelta a Muxia, hasta el hotel donde me dejó y nos despedimos. 

 

La ría es muy bonita, muy paisajística, recorrimos toda la costa entre carreteras y caminos, vimos el cementerio de los ingleses sin acercarnos a él, alcanzamos alguna de las playas menos concurridas y más vírgenes, con muchas rocas de granito rosado, tanto en la playa como en el mar; es la razón del nombre de la Morte. Allí debieron naufragar miles de barcos, entre ellos, el de los ingleses, al que debe el nombre el cementerio y el camino. Las nubes fueron acechándonos toda la tarde y en la playa comenzaron a caer algunas gotas; como hacía fresco y sin sol, nada invitaba a bañarnos, a pesar de ir preparadas para ello.  La tarde fue magnífica. La noche tampoco la desperdicié; salí a picar algo y luego tomé un vino con los chicos que estaban ya preparándose para su cubata. 

 El domingo fue exclusivo para mí. Tenía ya en mente hacer uno de los camino que me habían indicado en turismo. Me sugirieron un recorrido de 9 Km, 3 horas, que iba por la costa y volvía por el interior. Yo, estando sola y sin conocer la zona, decidí comenzar e ir viendo hasta donde llegar. Durante el trayecto no me crucé con nadie, únicamente en la aldea de Chorente, pregunté a un paisano por el camino para continuar hacia la Praia Maior por la costa. El trayecto fue muy bonito, por un camino amplio, en el bosque y por tanto, con sombra la mayor parte del tiempo, cosa que se agradecía porque hacía bastante calor. Se iba divisando el perfil del acantilado, las playas y fue cuesta arriba hasta Chorente y de descenso desde allí hasta el parking de Os Muiños, donde la gente deja el coche para acercarse a la playa. 

 Desde luego el nombre de la playa hace honor al tamaño. Es la mayor de la zona, virgen, se alcanza tras caminos de tablas para vencer las pequeñas dunas de arena blanca. Es ancha, larga, en forma de bahía, con mar abierto, pero con marea tan baja, que se podía uno adentrar bastante y nadar si apenas oleaje. Esta vez no fui la única en el agua, pero tampoco abundaban los bañistas. El agua estaba buenísima y se podía estar dentro sin perder temperatura corporal. Me dí un buen baño, me sequé al sol, paseando como me gusta. Tras ello, decidí no seguir el circuito y volver por el mismo camino. Eran ya las 14:00 y quería comer tranquilamente, descansar y ducharme, antes de que me vinieran a buscar Diego y sus amigos para emprender la vuelta.  Eso hice. La vuelta fue algo más corta; iba ya más segura, aunque tampoco me crucé con nadie, ni siquiera vi a ningún paisano en el recorrido. Tardé unos 50 minutos en volver. Me costó una hora que me atendieran en el restaurante, pero llegó mi merluza en caldeirada que estaba buenísima. Ya el resto no tiene ningún glamur, lo que deseaba y estaba previsto: una buena ducha y un pequeño descanso.

Recomendaciones:

* En Lonxa dàlvaro tomar el pulpo flambeado.

* En la Praia del Laog, comer en Bar Restaurante O Paraíso. Exquisitos los calamares.

Plano de Muxía


Praia de Muxía. Al fondo el hotel

Monte Corpiño: Santuario y monumento al Prestige

Monte Corpiño. Piedra famosa

Muxía: mujeres secando algas

Praia de Lourido

Recorrido para caminar










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